EditorialOpinión

Discapacidad: dos enfoques en conflicto

Fotografía de Ágata Székely

¿Ya ha abrazado México una perspectiva de derechos?

Por Ágata Székely

A principios de esta semana concluyó el examen que rindió México ante el Comité de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), que sigue la implementación de la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad en todos los países que firmaron este tratado. 

Fueron tres días en los que el Gobierno dio su versión de lo realizado al respecto (con datos bastantes cuestionables) y las organizaciones civiles llamaron la atención sobre lo mucho que aún queda por hacer. En el listado de pendientes fundamentales un co-relator de la ONU, el jamaiquino Floyd Morris, expresó que, en su perspectiva, aún existía un enfrentamiento entre “los viejos conceptos médicos y asistencialistas con los que la sociedad trata a las personas” y “el nuevo paradigma de la Convención”. 

Varios líderes de la comunidad y activistas coincidieron con este señalamiento que es clave para avanzar o quedarse estancados. 

Pero ¿tenemos claro todas, todos y todes cuáles son las visiones enfrentadas? Es probable que alguno de nuestros lectores expertos sepan muy bien cuáles son los problemas que esto implica, pero nunca está de más refrescarlas y lo mencionaré en no más de un par de párrafos. 

El antiguo enfoque médico de la discapacidad consideraba que las personas deberían “arreglarse” o “cambiarse” con tratamientos, incluso cuando su particularidad no se debía a una enfermedad ni causaba dolor. Es una visión que se enfoca en lo que está supuestamente “mal” en una persona y no en lo que ella necesita.

El enfoque social o de derechos de la Convención, en cambio, considera que lo que hay que cambiar es cómo está organizada la sociedad, se busca eliminar barreras y ajustar los entornos para equiparar las oportunidades. No es la persona con discapacidad el sujeto de cambio sino su entorno, vía leyes, actitudes, políticas públicas.

En el primer enfoque se espera “poco” de las personas con discapacidad y esto fomenta su dependencia. En el segundo, cuando las barreras son eliminadas, las personas con discapacidad tienen un mayor control sobre sus vidas. 

En la visión pre-Convención se les da a las personas dinero en efectivo para “apoyarlas” (aunque no se mida si eso tiene un verdadero impacto benéfico) porque se trata la discapacidad desde un modelo asistencialista. En el enfoque de la Convención, el dinero se invierte en adecuar infraestructuras físicas, programas educativos, capacitación para funcionarios, normas y estándares de diseño universal. 

Y esto último es lo que hoy no está ocurriendo en México. Las pensiones y las becas se agradecen pero no pueden reemplazar a las políticas públicas. Es un “y” no un “o” . 

Para que exista una transformación real es preciso entender y ayudar a enraizar en la psique colectiva que hay que abandonar la perspectiva del pasado y difundir e insistir en la del futuro, hasta que los derechos sean un hecho. 

Este lunes fue el Día Mundial del Síndrome de Down y nos sorprendió que, a pesar del fin de semana de puente, muchísimas personas se sumaron a nuestro #YoTambienRetoCalcetín y tuvimos una entrevista exclusiva con Pilar Mostalac, que se prepara para las bodas de oro de la Fundación John London Down. Por cierto ¡Felicidades a Bibi, gimnasta con síndrome de Down que acaba de ganar en los Juegos Deportivos Nacionales para Atletas con Discapacidad Intelectual que se celebraron en Tijuana!

“Todas las notas pueden ser notas de discapacidad” es uno de nuestros mantras, y está alineado a derecho como lo recomienda la Convención, al derecho humano de informarse y ser fuente de información, sin etiquetas ni conmiseración.

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