La discapacidad y yoTestimonios

Mujeres con discapacidad, ¿una interseccionalidad olvidada?

Usuaria en silla de ruedas con una computadora en su regazo.

«Cuando vivimos con una discapacidad, muchas veces, nos empujamos a aceptar salarios no dignos, incluso trabajos no dignos. Y esto tiene que cambiar», Diana Velarde es directora de Deals en PwC México.

Soy originaria de Monclova, Coahuila. Estudié Ingeniería en Sistemas Electrónicos en el Tecnológico de Monterrey. También tengo un MBA por la Universidad de Newcastle en Inglaterra. Próximamente cumpliré nueve años trabajando para la firma PwC, en la que actualmente ocupo la posición de Directora de Consulting Solutions. Igualmente cuento con una doble discapacidad, tanto visual como auditiva, derivada del Síndrome de Usher.

Cuando empecé mi vida laboral me enfoqué en actividades de consultoría y tecnología. Después decidí hacer un cambio de giro, por lo que estudié la Maestría en Negocios. Esto me abrió otras oportunidades, entre ellas, trabajar para la firma de consultoría.

Mi primera posición en PwC fue en el área de Deals que, en ese entonces, la líder del área tenía gran interés en desarrollar, pero con un enfoque tecnológico. Esto para mí fue una gran oportunidad, pues pude contribuir de una manera muy importante a formar un servicio nuevo. Poco a poco fui escalando de posición; me ascendieron a manager; luego a senior manager y hace poco más de un año soy directora en el área de Delivering Deal Value.

¿Y mi doble discapacidad? Recuerdo que cuando ingresé a mi primer trabajo escondí mi condición. El que tuviera una discapacidad visual y auditiva me permitió más o menos “esconder” lo que tenía al ser discapacidades no visibles.

Los exámenes que hice para ingresar tuvieron buenos resultados. Sin embargo, recuerdo que por ser mujer me pagaban menos que a mis pares masculinos. Pero como yo tenía una discapacidad, y no lo sabían, yo sentía que no estaba mal. Claro que esto no me encantaba, pero sentía que el hecho de poder estar ahí, lo compensaba todo.

Cuando vivimos con una discapacidad, muchas veces, nos empujamos a aceptar salarios no dignos, incluso trabajos no dignos. Tratamos de esconder nuestra condición, como si fuera algo de qué avergonzarse. Y esto tiene que cambiar. Las personas con esta condición nos enfrentamos a un mundo que constantemente nos está diciendo que no somos suficientes. Muchas veces esto lo creemos las mujeres por el simple hecho de serlo. Y si a esta realidad le agregamos una dimensión de la diversidad más, como es la discapacidad, pues sí que nuestro panorama es aún más complejo.

Cuando se vive con una discapacidad es muy fácil –conforme se va madurando– creer que los sueños se tienen que adaptar, que los tienes que minimizar; lo mismo que las ambiciones y las metas. Solemos creer que tenemos que estar dentro de ciertos límites.

Sin embargo, esto no es cierto. Yo descubrí que las limitaciones me las ponía yo misma. Claro que en el mundo hay prejuicios, discriminación, violencia y otros factores que nos hacen tropezar, pero también hay gente buena, gente que ha aprendido, trabajado y luchado por nosotros; gente que está rompiendo las reglas. Por supuesto, que habrá muchas empresas que nos cierren las puertas, pero habrá otras que las abran. Además, yo creo que finalmente el mundo está evolucionando.

¿Cómo rompemos el techo de cemento? 

No es fácil, hablamos de roles y estereotipos de género, como los prejuicios autoimpuestos en el tema de discapacidad. Esto no lo juzgo porque hemos tenido muchas experiencias que nos generan miedos internos.

Ante este panorama, las empresas, primero, para crear sus estrategias de inclusión y diversidad, es fundamental que comprendan la interseccionalidad de ser mujer con discapacidad –aspectos que no deben considerarse por separado– y la necesidad de establecer una forma de pensar única ante este hecho. En un segundo momento, y como parte de esa interseccionalidad, se requiere detectar y diagnosticar a las mujeres que, a pesar, de tener la oportunidad de crecer dentro de la compañía no lo están haciendo.

Y es que las que se enfrentan al techo de cemento son las que han trabajado por un periodo considerable y han crecido hasta cierto punto porque demostraron habilidades y capacidades. Y a pesar de esto, ante la oportunidad de crecer, no lo hacen.

Entonces, es crucial que las empresas tengan claro cuáles son esos aspectos que las mujeres están observando en su entorno que las hace no tomar las oportunidades de crecimiento.

Una vez que las empresas logran este cometido, es más fácil ofrecer ciertas herramientas para balancear la vida y el trabajo. Lo mismo que reforzar ciertas habilidades y capacidades, que contribuyan a que las mujeres con discapacidad lleguen a un siguiente nivel.

Hoy sabemos que las empresas diversas fomentan la innovación y promueven la agilidad. Las hace más competitivas en los mercados y les permite adaptarse a los ritmos de hoy. Además, según un dato de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), las compañías registran 20 por ciento más ingresos cuando emplean a mujeres en posiciones de liderazgo.

Así, las empresas que logran llevar a la práctica sus estrategias de inclusión y diversidad –y no solo las dejan en el papel–, son las que realmente tendrán mejores resultados y reflejarán congruencia. Asimismo, cada vez mayor número de clientes y proveedores eligen trabajar con empresas que tienen políticas claras de inclusión. Por ejemplo, en el caso de algunas licitaciones tienen preferencia este tipo de empresas.

Ahora, para evitar que la estrategia se quede solo en el papel, cierto es que las empresas deberán dedicar recursos en tener un área enfocada a la diversidad, equidad e inclusión, y no únicamente solicitar que el área de Recursos Humanos se haga cargo.

También se deberá promover que haya más colaboradores con discapacidad, fomentar el uso correcto de términos –utilizar términos como inválidos o con “capacidades diferentes”, promueve los prejuicios, los estigmas y los estereotipos– y generar campañas de sensibilización con el resto de los colaboradores de la empresa. Otro de los aspectos más importantes es tener accesibilidad para personas con discapacidad, y no solo en las instalaciones físicas –según datos del INEGI, 41 por ciento de las personas con alguna discapacidad en México tienen problemas para caminar, subir o bajar–, sino también en los sistemas.

Me parece importante recordar que todos en la vida podemos tener una discapacidad. Incluso en edad avanzada es probable que la padezcamos. Hoy, por ejemplo, 10 por ciento de los mexicanos vive con alguna discapacidad (1), y es un nicho que no se está aprovechando. Entonces, tenemos un compromiso como sociedad, como seres humanos de incluir en la vida laboral a personas con discapacidad y ofrecerles oportunidades de desarrollo. Esto reportará ganancias y beneficios en varios sentidos.

Sin duda, las empresas podrían incrementar sus ingresos, las personas mejorarán su calidad de vida y los diversos mercados percibirán a la compañía como una organización más humana, sensible y empática. Además, el resto de los colaboradores entenderá que, si en algún momento llegan a padecer alguna discapacidad, su empresa los apoyará.

Recomendamos: Interseccionalidad, el factor que las empresas olvidan para la inclusión

Me gusta compartir mi historia. Para mí es muy importante que otras compañías y las mujeres puedan conocerla y saber que sí se puede alcanzar un pleno desarrollo profesional. Todavía, a diario, me topo con historias que generan mucha impotencia y frustración, pero esto también me impulsa. Recientemente me nombraron por segundo año consecutivo como una de las 100 mujeres futuras líderes de la lista global de HERoes, lista que reconoce las acciones relacionadas a la inclusión de género.

Esto me hace sentir aún más comprometida para seguir trabajando y continuar involucrándome en otras acciones –también estamos por iniciar un sitio web que se llama Trazando lo Invisible y soy embajadora en México de la organización Usher Syndrome Coalition–. También formo parte de Mexicanas con Discapacidad.

Mi trabajo tiene la intención de que no se nos olvide la existencia de mujeres con discapacidad, que no olvidemos esa interseccionalidad y que nos convirtamos en hermanas olvidadas, incluso dentro de la lucha del feminismo. Seguiré trabajando y apostando por éste, que es también un tema de género, y asegurándome de que nuestra sociedad no pierda de vista la relevancia de los 4 millones de mujeres en México que sufren alguna discapacidad y que tienen muchos sueños por cumplir.

Por Diana Velarde*

*Diana Velarde es directora de Deals en PwC México. Este artículo fue originalmente publicado en Dalia Empower y, por su relevancia e interés, lo compartimos en Yo También con autorización de su equipo editorial.

Nota de la redacción: Datos de Censo 2020 del INEGI indican que en México hay poco más de 21 millones con alguna discapacidad, lo que se traduce en 16.5 por ciento de la población. Este porcentaje es mayor en las regiones indígenas como publicamos en La discapacidad aumenta un 20% en las comunidades indígenas en México, a partir de un estudio del Banco Mundial.

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