Fotografía a blanco y negro, formada por líneas del rostro de Katia D’Artigues, una mujer de mediana edad que utiliza anteojos y aparece de frente, sonriendo a la cámara.
Editorial

“El son de La Negra” y la secretaría de Salud

Aunque en el papel, las personas con discapacidad son parte de los grupos prioritarios para ser vacunados contra el COVID-19, en los hechos el estratega contra la pandemia demuestra que para el gobierno federal la relevancia en la materia está en otras fronteras.

Por Katia D’Artigues

Seguro recuerda la famosa canción de mariachi “El Son de La Negra”. Todos lo recordamos. Esta semana no me ha dejado de rondar la cabeza por la forma en que la secretaría de Salud está manejando la política de vacunación -supuestamente prioritaria y en esta Etapa 4- de las personas con discapacidad. 

Si bien es cierto que desde el 11 de mayo, de acuerdo a la Política Nacional de Vacunación versión 6.0 ya aparecían como grupo las personas con discapacidad en particular las personas con síndrome de Down como escribimos en esta nota de la semana pasada, nos aplicaron “El Son de la Negra”, que, en este caso diría más o menos así:

Ay, Gatell de mis pesares/ ojos de papel volando/ Gatell de mis pesares/ Ojos de papel volando

A todos diles que sí/ pero no les digas cuándo/ así me dijiste a mi/ por eso vivo penando.

Porque aunque desde el martes pasado, el 8 de junio, sí se anunció en la ahora desaparecida conferencia de Hugo López Gatell por la tarde, que se vacunaría a personas con discapacidad, que están calculadas para el grupo poblacional de 16 a 39 años en 4.4 millones de personas. no nos dijeron cómo ni cuándo.

¿Qué se necesita hacer para lograr que las personas con discapacidad se puedan vacunar? Pues muchas cosas que la secretaría de Salud -hubiera estado bien que antes de publicar en la Política Nacional de Vacunación- hubiera tomado en cuenta. De entrada, que según el Censo 2020 reconoce que son mucho más que hace tan solo unos meses, antes de febrero, cuando se calculaba la cifra en 8 millones de personas y no en más de 20 millones,  como ahora. 

Otro temita, nada menor, que uno hubiera pensado que estaba solucionado en gran parte dado que se comenzó a vacunar a personas mayores, muchas de ellas con discapacidad: que los centros de vacunación sean plenamente accesibles a todas las discapacidades. De manera física, de entrada.

Otra: que se aseguren que el portal mivacuna.salud.gob.mx sea también accesible. Para lograr que cualquier persona con cualquier tipo de discapacidad – con o sin apoyo- pueda registrarse.

Tres, que las personas a cargo de la vacunación en todos los centros tengan una mínima capacitación de cómo tratar, con dignidad y respeto a sus derechos humanos a personas con todo tipo de discapacidades. Incluso, por ejemplo, cómo superar barreras de lenguaje, si es que llega una persona sorda que sólo habla Lengua de Señas, una persona con discapacidad intelectual que tiene poco lenguaje, un joven con autismo que, por ejemplo, por hipersensibilidad a las texturas pueda tener mucho problema para portar un cubrebocas. 

Pero no, no se hizo nada de lo anterior. Ricardo Cortés Alcalá, director general de Promoción de la Salud, quien hizo el anuncio, convocó a un grupo de organizaciones de la sociedad civil para asesorarlos. En Yo También nos apuntamos a la lista coordinada por Teresa Scorzia. Trabajamos mucho, mandamos materiales… y esta semana, otra vez el martes, se nos dijo que ya nos dirían cómo y cuándo. Y muchos y muchas estábamos dispuestas a trabajar en la capacitación, en los materiales, en lo que fuera necesario. También a ver cómo identificábamos, en México, como escribió Bárbara Anderson la semana pasada, quiénes sí pueden ser consideradas personas con discapacidad con prioridad para vacunarse y quiénes no y los grandes problemas que tenemos en México, porque no se ha cumplido la ley que manda el Registro Nacional de personas con discapacidad, para saberlo. 

Pero de nuevo -Ay, Gatell de mis pesares- no se dijo nada este martes tampoco. Una pegada al televisor de la mañanera, aun cuando se nos había dicho que se diría… y Gatell anunció la vacunación prioritaria de personas en estados fronterizos con un lote donado por Estados Unidos (¿quizá un acuerdo al que llegaron con Kamala Harris durante su visita? Es, que conste, pregunta). Y el reconocimiento de la mayor vulnerabilidad de las personas con discapacidad, ya plasmado en el Plan Nacional de Vacunación desde el 11 de mayo quedó en letra muerta… o veremos.

Porque algo es cierto: el derecho a ser vacunados ya está publicado y reconocido. Hay argumentos científicos reconocidos para hacerlo. Es un documento oficial que la misma secretaría de Salud publicó. Y gracias a eso ahora vendrán una ola de amparos (que representa ya  el Instituto Federal de la Defensoría Pública a cargo de la licenciada Yasmín Rosales) que ya comenzaron de personas con discapacidad y sus familias.

Dado que esta semana también -al fin- Cofrepris autorizó el uso de emergencia de la vacuna Pfizer para mayores de 12 años (algo que hizo la FDA hace más de un mes en Estados Unidos) también se pedirá que se vacune a infancias con discapacidad dentro de este rubro de edad. 

¿Qué buscan estas familias con ello? ¡Pues proteger a sus hijos o familiares que son más vulnerables! ¡’Sólo que el gobierno cumpla lo que él mismo propuso! Y que en lugar de que nos traiga como “El Son de la Negra”, nos diga cómo y cuándo.

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