Tecnología

Diagnóstico de TEA en un mechón de pelo

Fotografía del rostro de una niña de tez morena clara, tiene el cabello recogido en una coleta con pequeños cabellos sobre su frente que vuelan al aire, sus ojos son de color café, nariz pequeña y ancha, sonríe ligeramente hacia la cámara.

La FDA avaló las pruebas de un dispositivo que serviría para identificar Trastorno del Espectro Autista (TEA) en etapas tempranas.

Por Carlos Tomasini

Un mechón de cabello podría ser lo único que se necesite para saber si un niño o niña vive con autismo. 

Hace unas semanas, la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés) otorgó el estado de “avance” al dispositivo StrandDx, que se utiliza para buscar biomarcadores moleculares en un mechón de cabello, con el fin de evaluar la probabilidad de que un niño esté en el espectro. 

Esto significa que la FDA se compromete a hacer una revisión acelerada del producto y a tener una comunicación más frecuente con sus desarrolladores, debido a que considera que se trata de un dispositivo que puede proporcionar un diagnóstico más efectivo de enfermedades o afecciones que amenazan la vida o debilitan a las personas de manera irreversible.

Actualmente, el diagnóstico del Trastorno del Espectro Autista (TEA) en niñas y niños se basa en la observación del comportamiento y, por lo general, un profesional experimentado lo diagnostica desde, aproximadamente, los 4 años; sin embargo, muchos menores reciben un diagnóstico final a una edad mucho más avanzada, sin los beneficios de una intervención temprana. 

“Por primera vez en la historia de la medicina, tenemos la posibilidad de que, mediante el estudio de un solo mechón de cabello, los médicos, pacientes, familias y científicos puedan obtener el equivalente fisiológico de un análisis de sangre para el autismo”, aseguró, mediante un comunicado, Neil Kurtz, asesor y director de Linus Biotechnology, empresa que está detrás de StrandDx.

De acuerdo con la FDA, este dispositivo entró a la etapa de pruebas y está destinado a usarse para evaluar la probabilidad de autismo en niños desde recién nacidos hasta los 18 meses, y como ayuda en el diagnóstico en personas de 18 meses a 21 años.

La tecnología fue desarrollada por investigadores de la Icahn School of Medicine at Mount Sinai, de Nueva York.

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