Salud

El lastre mental que deja el Covid-19: problemas psiquiátricos al alza

Mujer con ambas manos sobre su rostro y otro par de manos sobre su cabeza indicando problemas de salud mental.

Dos años después de un diagnóstico, aún es posible identificar brotes psicóticos, demencia, niebla mental y epilepsia relacionados con la infección por coronavirus.

Una reciente investigación de la Universidad de Oxford encontró que la infección por Covid-19 está relacionada con la aparición de algunos padecimientos psiquiátricos que permanecen al alza hasta dos años después del diagnóstico, de acuerdo con El País.

Aunque los brotes psicóticos, la demencia, la niebla mental o la epilepsia estarían relacionados con la infección, su aparición es poco probable, de acuerdo con Paul Harrison, profesor de la Universidad de Oxford y autor principal del estudio.

“Creo que la peor relación de probabilidades es de dos o tres: algunas cosas van a ser dos o tres veces más comunes después de hacer frente a la Covid que a otras infecciones (respiratorias). Pero aquellas cosas que son relativamente más comunes también tienden a ser cosas raras”, dijo en un encuentro con medios de comunicación.

El estudio tomó en cuenta información clínica en bases de datos de 1.28 millones de personas con Covid-19, mayoritariamente de Estados Unidos, aunque también de España, Australia, Bulgaria y Malasia, entre otros países; luego, los datos fueron cruzados con un grupo formado por otros tantos participantes con otras infecciones respiratorias.

El estudio arrojó que trastornos como ansiedad o depresión desaparecen antes de dos meses.

“Lo que eso significa es que dos años después de la infección, la cantidad de personas con Covid que tenían un diagnóstico de depresión o un trastorno de ansiedad era la misma que la de las personas que tenían otra infección del tracto respiratorio. Y eso es muy tranquilizador”, dijo Max Taquet, investigador en psiquiatría del Instituto Nacional para la Investigación de la Salud y coautor del estudio.

Sobre la niebla mental, la demencia, los trastornos psicóticos, la epilepsia y las convulsiones, su presencia seguía aumentando hasta dos años después del diagnóstico. 

“Desde los horizontes de riesgo, si no se ha diagnosticado ningún trastorno de ansiedad dentro de los dos meses posteriores al diagnóstico de Covid, a partir de ese momento, el paciente puede estar seguro de que su riesgo ya no es mayor que después de otra infección respiratoria. Si un paciente había desarrollado un accidente cerebrovascular isquémico dentro de los dos meses posteriores al diagnóstico de Covid, es plausible que el diagnóstico de Covid haya contribuido (ya sea directa o indirectamente) a su aparición, pero más allá de los dos meses, se deben considerar activamente otras causas”, abunda el estudio.

Aunque ello no significa que los trastornos vayan a aparecer de manera crónica, sino que se trata de episodios ocurridos en un momento concreto.

En cuanto a las afectaciones por edades, los investigadores encontraron que la aparición de padecimientos psiquiátricos es diferente de entre adultos mayores y entre niñas y niños.

“Por un lado, los adultos menores de 64 años tenían más riesgo de niebla mental o dolencias musculares en comparación con aquellos de su mismo rango de edad que sufrieron otras infecciones respiratorias. En cuanto a los niños, si bien el riesgo de diagnósticos neuropsiquiátricos era más bajo que en adultos, tenían más posibilidades de sufrir un trastorno psicótico o convulsiones en los dos años posteriores a la detección de la COVID”, asegura el reporte.

Aunque, de nuevo, la incidencia es “ínfima”, “de 0.18 por ciento tras dos años de la Covid frente al 0.063 por ciento en el grupo control con otras infecciones respiratorias”.

Ana Rodríguez, neuróloga del Hospital del Mar de Barcelona, dijo que los resultados del estudio deben ser tomados con prudencia.

“Una limitación (del estudio) es que se basan en historiales electrónicos de salud y la información puede ser más sesgada. Por ejemplo, con el deterioro cognitivo, los casos de demencia: la duda es si esa persona ya tenía un deterioro cognitivo incipiente de antes. Que una persona no esté diagnosticada no quiere decir que no esté enfermo”.

La neuróloga agregó que “no se puede decir que esté relacionado bien con la COVID (…) es una asociación, no una consecuencia. Los propios autores dicen que se deberían hacer más estudios”.

Por Redacción Yo También

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