Fotografía con efecto blanco y negro y un patrón de líneas transparentes sobre el rostro de Jenny Bautista, una mujer de edad media, tez latina, cabello lacio que luce sonriente.
Opinión

Rumbo al #12S: Educación accesible e inclusiva, reclamo que las mujeres con discapacidad hacemos al gobierno

Lograrlo es el primer paso para garantizar el acceso que después puedan tener al mercado laboral y ejercer sus derechos a un empleo digno y remunerado.
 

Por Jenny Bautista*

Cuando iba a entrar a la primaria, ninguna escuela me quería aceptar, hasta que en una de ellas, una directora me dejó estudiar con la condición de que mi mamá estuviera conmigo en todo el horario escolar, ¡No creían que yo pudiera estudiar como cualquier niña!, responde Britanny a un tuit que lancé para saber cuáles son los retos que han vivido las mujeres con discapacidad. Algo similar vivieron Juana y Ody.

Las experiencias compartidas no tendrían que ocurrir si se cumplieran los derechos establecidos en la Constitución y que, en teoría, son tutelados por distintas instancias públicas, como la Comisión Nacional de los Derechos Humanos.  

Pero la realidad es otra. Las mujeres con discapacidad somos las más rezagadas en el tema de educación, lo que se traduce en menos oportunidades de aspirar a una equidad. En principio, el porcentaje de la población que es analfabeta de 15  años y más,  que vive en condición de discapacidad es del 22.7%, en comparación con las personas sin discapacidad, cuyo porcentaje es del 3.8% de analfabetismo, como lo comparte Martha

Conozco muchas mujeres con discapacidad, algunas de ellas muy preparadas en diferentes ámbitos, con licenciaturas, ingenierías, maestrías, entre otras; todas ellas tuvieron que superar diferentes obstáculos, como lo dice Norma. Las mujeres con discapacidad en muchas ocasiones (la mayoría) tenemos que estudiar en donde se puede y no donde se quiere o lo que se quiere estudiar, porque no hay las condiciones de accesibilidad o de movilidad que nos permitan lograrlo. 

Además como lo menciona Maryangel  en un tuit, las  niñas y mujeres con discapacidad tienen menores oportunidades de estudiar que los hombres, si bien es cierto que la educación de las mujeres en general se ha atendido más que en tiempos anteriores. Pero, ¿qué hay de las mujeres con discapacidad, que tenemos la necesidad de la accesibilidad, ajustes razonables, profesores capacitados y estrategias educativas inclusivas con perspectiva de género?, como dice Juana y confirma Maryangel.

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Hace días, leía la Ley General de Educación y en el inciso  VII del Artículo 16 dice que la educación será incluyente, al tomar en cuenta las diversas capacidades, circunstancias, necesidades, estilos y ritmos de aprendizaje de los educandos, y así eliminar las distintas barreras al aprendizaje y a la participación, para lo cual adoptará medidas en favor de la accesibilidad y los ajustes razonables. Después de revisarla, me dije: ¡Pues se lee excelente, pero no veo en dónde están aplicando este criterio en la actualidad! Pero se necesitan acciones que den sentido a tan importantes palabras.

En 2012 cuando viví en Ahuatitla, en la huasteca hidalguense, busqué opciones para estudiar en alguna universidad, además de la falta de accesibilidad en las instalaciones, las grandes distancias, la falta de transporte accesible y todo el gasto que representaba, opté por las clases en línea. La situación es que para ese entonces en la comunidad aún no había servicio de internet, la red de la comunicación de teléfono móvil era escasa, razón por la cual no pude estudiar, no había manera. ¿Qué más hacía? Mudarme a la Ciudad de México, pero hasta 2015. 

Que las mujeres con discapacidad severa o con múltiples discapacidades no contamos con los ajustes razonables para realizar las actividades que los docentes solicitan es una de las razones por las que no podemos concluir nuestros estudios, afirma Elizabeth. Ella tiene  secuelas de parálisis cerebral, razón por la cual fue muy complicado poder ingresar a una escuela, por lo que debió ser paciente; su hermano le enseñó a leer a los 10 años y después empezó a estudiar a los 24 años; ahora es educadora sexual y está por concluir la licenciatura en Psicología en la UNAM y trabaja en el DIF de Ecatepec. Ha tenido que superar muchas barreras y, lejos de romantizar la precariedad de las condiciones, lo menciono porque, si los responsables de que nuestro sistema educativo mejore, priorizan la inclusión, son millones las personas las que se verían beneficiadas con más oportunidades para lograr una vida digna.

Durante la pandemia actual se disparó la deserción escolar por la carencia absoluta de estrategias que nos permitan avanzar, si para las personas sin discapacidad ha sido todo un reto, imagina qué siente cada niña o mujer que tiene la necesidad de aprender como todas, pero que no pueden tomar clases porque no hay los medios accesibles incluyentes que garanticen ese derecho y, lo peor, esto no es debido a la pandemia como tal, sino que es el resultado de la falta de compromiso del Estado en la elaboración de estrategias inclusivas, hasta pareciera que nos prefieren ignorantes, ¿no les parece?

Hace tiempo, aquí en Yo También, compartí esta historia que puedes leer aquí sobre cómo las mujeres indígenas con discapacidad son violentadas e invisibilizadas. La historia es sobre Griselda una joven indígena con discapacidad motriz que, aunque vive al lado de una escuela primaria, no sabe leer ni escribir, no solo por las condiciones de falta de accesibilidad, si no también por los prejuicios que se siguen replicando socialmente, haciendo creer que una mujer con discapacidad está anclada a una vida de dependencia y cuidados, además que no son valiosas productivamente hablando. Imaginen ser triplemente vulnerable, por ser mujer, vivir con una discapacidad y ser indígena.  

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La accesibilidad en la educación es fundamental para poder emparejar el piso por el que intentamos avanzar, urge que la educación contemple la enseñanza de la Lengua de Señas Mexicana desde los niveles educativos básicos y la escritura en sistema braille, así como la redacción en lenguaje simple. 

Martha nos cuenta cómo es que tardó 20 años en retomar sus estudios, y reclama que la educación es nuestro derecho y no un privilegio. Por si fuera poco también hay que lidiar con las actitudes de algunos profesores, como lo comentan Andy y Juana: «En México necesitamos el apoyo de los profesores que estén abiertos a probar nuevas estrategias para buscar la manera de enseñar desde la empatía y así crear una verdadera Inclusión». La inclusión en la educación pública y privada debe incluir  una perspectiva de discapacidad y género que es indispensable.  

Las mujeres con discapacidad podemos hacer más de lo que dicen las etiquetas que nos han impuesto. Por ejemplo Ody comparte: «Mi mayor reto fue decidir que quería ser ingeniera, ¿quién iba a imaginar hace 10 años a una mujer en silla de ruedas en un laboratorio con máquinas? Aprendí junto con la escuela como SÍ se podía y que yo era igual que todos». Y así como ella sí tuvo esa oportunidad de que la universidad la incluyera está también la otra cara, la de la discriminación, como nos cuenta Marcela, quien no pudo cursar la especialidad de lo que había estudiado por falta de accesibilidad y, en caso de que ella decidiera tomarlo de manera exclusiva tendría un costo que casi se triplica. Indignante,  ¿cierto?

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La educación inclusiva, mal planeada, sin presupuesto ni herramientas ni preparación de los equipos de docentes y profesionales que se requieren, no es otra cosa que la precarización de la educación para las personas con discapacidad. ¡Es meterlos de nuevo a una aula a ser macetas! Reclama Roxana en su tuit.  

Algunas mujeres con discapacidad comparten espacios que sirven de contención, de apoyo y sororidad para aligerar la carga en la carrera de cada una, como nos cuenta Marialú, que menciona a un centro escolar y terapéutico dirigido a niños, jóvenes y adultos y familias con discapacidad y que experimentan alguna barrera en el aprendizaje y la participación, que se llama Educación Especial Más+. Por esto son tan importantes las fundaciones y asociaciones que, a pesar de los recortes realizados por el gobierno actual, no están dispuestas a solo esperar a que los responsables de la educación en México volteen a ver el problema y se hagan cargo. Sin embargo, no es suficiente para que todas las mujeres tengan el respaldo de una fundación.  

Para finalizar quiero hacer hincapié en que la educación que no es inclusiva y accesible es la causa principal del desempleo al que se enfrentan las mujeres con discapacidad; esto es una exigencia de atención al Estado, a evitar todo tipo de prácticas discriminatorias que sigan teniendo al sector más olvidado de la población como invisible. ¡Seguiremos levantando la voz: el silencio ya no va con nosotras!

#SoyMujerConDiscapacidad #SororidadParaTodas

*Jenny Bautista o Jenn Baumed es estudiante de Comunicación, activista por los derechos de las Personas con Discapacidad, y colaboradora de Yo También.

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