Opinión

Mujeres con discapacidad: Liderazgo «salvaje»

Marialú Castro

Una mexicana, entre las invitadas por la organización Mobility International USA a su 10° edición sobre liderazgo y discapacidad.

Por Marialú Castro*

Estoy a unos días de comenzar una gran aventura. Hace unos meses fui seleccionada junto con otras mujeres con discapacidad de todo el mundo para participar en la 10º Edición del Instituto de Mujeres sobre Liderazgo y Discapacidad (WILD) de Mobility International USA (MIUSA), un programa que hoy por hoy representa una ventana de oportunidad enorme, no solo para mí, sino para las mujeres con discapacidad en México.

Esto porque, a mi regreso al país dentro de unas semanas, deberé implementar un programa dirigido a mujeres en el que tendré que aplicar todo lo aprendido.

Hoy en día, la mayoría de las organizaciones de ayuda internacional reconoce la importancia de incluir la discapacidad en sus esfuerzos y poner en práctica estas políticas es un desafío que requiere capacitación e información, tanto para los profesionales del desarrollo como para las mujeres con discapacidad

Las mujeres con discapacidad somos las más calificadas para abogar por los problemas que afectan nuestras vidas, nuestras experiencias deben ser una parte integral del diseño, implementación, monitoreo y evaluación de los esfuerzos de desarrollo en todo el mundo.

WILD es un programa de capacitación altamente selectiva e intensiva de tres semanas en las que compartiremos experiencias y estrategias, para desarrollar habilidades y fortalecer las redes de apoyo. En octubre pasado, por primera ocasión, gracias a la pandemia iniciamos la capacitación a distancia, con husos horarios distintos, ya que estamos representantes de prácticamente todos los rincones del planeta.

Tengo compañeras de Afganistán, Bangladesh, Botswana, Brasil, Burundi, Camerún, China, Colombia, Costa Rica, República Dominicana, Egipto, El Salvador, Etiopía, Guatemala, India, Indonesia, Irak, Kenia, Lesotho, Malawi, Mauricio, Mongolia, Mozambique, Nepal, Nigeria, Pakistán, Perú, Filipinas, Polonia, Ruanda, Sierra Leona, Uganda y Vietnam, y estamos colaborando y apoyándonos una a una y en conjunto.

Y ahora, en junio, todas las hermanas «salvajes» seguiremos colaborando, trabajando y compartiendo  juntas, en la ciudad de Eugene, en Oregón, Estados Unidos.

Ese encuentro no es solo una reunión de 35 mujeres con discapacidad, sino que congrega a activistas agentes de cambio, que representamos diversas discapacidades: mujeres ciegas, mujeres que usan sillas de ruedas, mujeres sordas, mujeres con discapacidades motrices, psicosociales, discapacidades de aprendizaje, entre otras, todas con experiencia en campos como leyes, políticas, negocios, derechos humanos, salud reproductiva, alfabetización, empoderamiento de la juventud, educación, salud, medios, VIH/SIDA y prevención de la violencia. 

Y sí, me siento muy emocionada, estoy feliz por casi abrazar a mis hermanas y compartir los retos y oportunidades que la misma discapacidad nos da.

Compartimos muchas cosas pero también nuestras diferencias de movilidad, la forma de percibir el mundo, cultura y retos en la comunicación como el idioma y la lengua serán nuestra mayor riqueza. 

Sin duda, no soy la misma que hace unos años, y seguramente no seré la misma al regresar. ¡Que comience la aventura, porque las mujeres líderes con discapacidad somos «ruidosas, orgullosas y apasionadas»!

*Marialú Castro es directora de la Fundación para la Inclusión y Desarrollo de las Personas con Discapacidad FINDEDIS, y miembro de Yo Cuido México y de Voceros por la Inclusión, entre otras organizaciones. Es autora de “Crónicas de una fibromiálgica”.

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