Opinión

Hablemos sobre salud mental

Carlos Lieja

Ante las cifras y proyecciones sobre el tema, se hace cada vez más necesario que desde la familia se hable del tema de salud mental y haya un interés genuino en saber cómo se encuentra cada persona, sin estigmas ni juicios.

Platicando en familia, durante una comida tranquila de fin de semana, llegamos al punto de reflexionar sobre la salud mental. Tema constantemente evadido y lleno de tabús. Primero, quiero hacer hincapié en la importancia de soltarnos y confiar en los otros para traer esta clase de pláticas a la mesa. Asimismo, incluir a nuestros hijos en la charla, aunque sean pequeños, tienen mucho que compartir, sentimientos y opiniones que debemos escuchar y esforzarnos por comprender.

Justo en este mes, celebramos el Día Mundial de la Salud Mental. Reitero, aunque en todo momento del año es necesario hablar sobre ello, esta fecha es clave para concientizar sobre los trastornos mentales y su impacto en la calidad de vida de las personas.

Así como procuramos nuestra salud física, la mente requiere de atención y cuidados, un bienestar integral no puede excluirla del panorama; al contrario, urge dar visibilidad y posicionar el tema en la agenda.

Al buscar datos actuales me encontré con el más reciente Informe mundial sobre salud mental, desarrollado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), los hallazgos son sumamente valiosos e impactantes: aproximadamente 1 de cada 8 personas en el mundo vive con algún trastorno mental. Esta cifra es brutal, haz cuentas de tu número de amistades y familiares, y checa esta estadística.

Pensando en la infancia resulta aún más importante eliminar los estigmas y abrir la conversación para compartir sentimientos sin prejuicios. Motivar a los niños a hablar sobre cómo se sienten ayuda a un diagnóstico y tratamiento oportuno de condiciones. Por ejemplo, un estudio realizado por la Universidad de la Columbia Británica y el Instituto de Autismo AJ Drexel encontró que en el caso de los niños con autismo casi el 78 por ciento tienen al menos un trastorno mental y casi la mitad tiene dos o más; como ansiedad, déficit de atención e hiperactividad y problemas de conducta.

Estas condiciones tienen, desde luego, efectos inmediatos en el desarrollo y aprendizaje. Mientras más pronto se identifique, mejores alternativas podemos encontrar para integrarlos al entorno académico y profesional

De acuerdo con la OMS, los trastornos del espectro autista (TEA) son un grupo de afecciones diversas que se caracterizan por algún grado de dificultad en la interacción social y la comunicación; además de patrones atípicos de actividad y comportamiento. Aproximadamente 1 de cada 100 niños tiene autismo, esta condición suele influir en la educación y las oportunidades de empleo. Por consiguiente, requieren del apoyo de sus padres para recibir el tratamiento y herramientas adecuadas para su condición. 

Considerando este panorama sobre la relevancia de hablar sobre la salud mental y la necesidad de hacer algo para atenderla, ciertas metodologías pedagógicas, orientadas a aprendizajes específicos, pueden convertirse en un gran aliado para acompañar los procesos de conocimiento y autoconocimiento de los niños.

Hay disciplinas y cursos que ejercitan el pensamiento analítico y la agilidad mental, activan zonas cerebrales encargadas del análisis y conceptualización de la información para la resolución de problemas, por ejemplo, la programación y las matemáticas. De igual forma, fomentan la curiosidad y las habilidades para la investigación, despiertan el interés en los niños por conocer los procesos detrás del funcionamiento de los artículos que usan diariamente y les permiten comprender cómo los números están presentes por doquier.

Aunque no siempre es el caso, hay investigaciones que señalan que las personas con TEA muestran una tendencia a destacar en áreas artísticas y científicas. Características como ser muy meticulosas, atentas a los detalles y con una memoria destacable se vuelven fortalezas. Tenemos por ejemplo a la cantante Susan Boyle, el artista Stephen Wiltshire, la comediante Hannah Gadsby y la activista Greta Thunberg por mencionar algunos casos. Precisamente para canalizar estas habilidades y desarrollar su potencial en estas áreas, las matemáticas y la programación son una gran opción de acompañamiento.

Tener un hijo con un trastorno del espectro autista implica una serie de cuidados para motivar su desarrollo, educación e inclusión social. A través de clases personalizadas o en grupos reducidos, adaptadas a las necesidades de los estudiantes y a su ritmo de aprendizaje, los niños pueden aprender en un entorno seguro y amigable. Por lo tanto, se trata de una inversión en su bienestar y felicidad.

Les invito a motivar el diálogo, buscar ayuda, crear redes de apoyo… priorizar nuestra salud mental. Cada vez que le pregunten a alguien “¿Cómo estás?” que haya un interés genuino detrás y la iniciativa de brindar ayuda y consejo si es necesario. Voltear a ver a la niñez e incluirla siempre, nuestros niños necesitan espacios seguros para hablar, herramientas que les permitan reforzar sus habilidades y el apoyo de sus tutores para alcanzar su máximo potencial.

Por Carlos Lieja*

*Carlos Lieja es ingeniero industrial por la Universidad Iberoamericana y cuenta con un MBA por la UCLA Anderson School of Management. Desde febrero de 2021 es general manager BYJU’S México y Latinoamérica. Previo a ese nombramiento, desarrolló una larga trayectoria en compañías de sectores como la movilidad, publicidad y comercio electrónico, en las que destaca su constante relación con la tecnología.


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