Opinión

Medir para mejorar: ¿cómo hacer accesible la educación superior a las personas con discapacidad?

Silvia Romero Adame

La Benemérita Universidad Autónoma de Puebla se dio a la tarea de hacer una encuesta para saber en dónde está el país y, a partir de un diagnóstico correcto, impulsar adaptaciones y ajustes.

Hace unas semanas la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP) lanzó la Encuesta Nacional de Discapacidad, Discriminación y Diversidad Universitaria (ENDDDU), un instrumento que se gesta para obtener un diagnóstico sobre la situación real de las personas con discapacidad dentro de las Instituciones de Educación Superior.

En entrevista con la profesora Nicias Sejas García, impulsora de esta encuesta desde la Red de Inclusión BUAP (RiBUAP), nos comenta que, ante la falta de estadísticas concretas para este sector de la población, es imposible conocer sus necesidades, dónde están, quiénes son, si están llegando a la universidad y de no ser así, qué se requiere para hacer más accesible la educación superior.

“Si no tenemos información sobre la población, las estrategias de inclusión social carecen de contenido y orientación”, comenta Sejas García. Y agrega que es necesario conocer más sobre este sector para poder generar proyectos de capacitación docente, contar con materiales accesibles, intérpretes de Lengua de Señas o material didáctico sin intérprete. 

¿Con qué estadísticas contamos hoy?

A la fecha, contamos con la Encuesta Nacional de Discriminación (ENADIS), cuya última versión es del 2017 y nos dice que el 20.90 por ciento de las personas con discapacidad es analfabeta y si la discapacidad es intelectual, sube hasta 50.90 por ciento.

Asimismo, tenemos el último censo de población del INEGI 2020, el cual basándose en la Clasificación Internacional de Funcionamiento y Discapacidad (CIF), nos dice que en el país existen casi 21 millones de personas con discapacidad, de los cuales casi el 70 por ciento son mayores de 19 años.

México también cuenta con el Reporte de Medición de la Pobreza que realiza CONEVAL, que en el 2020 estimó que el 49.5 por ciento de las personas con discapacidad viven en algún tipo de pobreza y otro 45.90 por ciento en rezago educativo.

Sin embargo, entre la educación media básica, que es hasta donde alcanzan los programas de educación especial de la SEP, y la educación superior, no existen datos.

Y de ahí nos brincamos a las estadísticas de la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES). Las cuales, lamentablemente, tampoco nos dicen mucho.

Por eso, tiene sentido que en las Observaciones que el Comité de la Convención sobre los derechos de las personas con Discapacidad nos hizo llegar este año, se menciona que le preocupa la ENORME falta de información estadística sobre la situación de las personas con discapacidad. Y en el párrafo 67 recomienda que el Estado reúna exhaustivamente datos y estadísticas desagregadas.

Razón por la cual, la ENDDDU pretende y cito, “crear una base de datos de acceso abierto sobre los temas de discapacidad, discriminación y diversidad, así como su interseccionalidad” y con esta base, proponer programas, estrategias y capacitación para mejorar la vida universitaria.

¿Por qué necesitamos medir?

Porque lo que no se mide, difícilmente se puede mejorar. Y el derecho a la educación, al trabajo y a una vida de calidad, independiente y con diferentes niveles de apoyo, ya no puede quedar solo en el papel, son derechos que hay que ejercer.

La ENDDDU recabará datos sobre los retos a los que se enfrentan los alumnos y los maestros, así como las situaciones de discapacidad que el entorno genera, tanto arquitectónicas, de materiales y actitudinales. También reunirá información de nutrición y de discapacidad psicosocial, de la que casi no se tienen datos y en la que se espera un repunte debido a la pandemia. También buscará conocer las necesidades en cuanto a protocolos de seguridad en casos de desastres o siniestros para estudiantes con discapacidad.

Además, hay que irnos un paso atrás de la educación superior, porque si bien no existen datos de la educación media superior, tampoco existen alternativas. La Profesora Nicias comenta que muchos jóvenes que están en la universidad entran vía preparatoria abierta.

Por eso dice que hay preguntas que requieren respuesta. ¿Dónde están los jóvenes?, ¿cuántos jóvenes se quedan en el camino por no lograr brincar este vacío en la educación pública de nuestro país?, ¿influye la elección de carrera con la discapacidad que viven?, entre otras.

Debido a ese vacío en nuestro sistema educativo a partir de la secundaria, es que otra de las preocupaciones del comité de la Convención, es el alto nivel de abandono por parte de los niños con discapacidad después de los 15 años.

Y recomienda al Estado Mexicano legislar por un sistema educativo inclusivo en todos los niveles y, reitera, recopilar datos sobre educación desglosados.

Cuotas de discapacidad.

Otro dato que se espera conocer con la Encuesta es si será necesario implementar un sistema de cuotas para alumnos con discapacidad en las universidades. De entrada, soy de la opinión que sí. Las cuotas son muy controversiales, pero no dejan de ser el motor de arranque para ir abriendo espacios a grupos históricamente discriminados.

Por lo tanto, yo me inclino por establecer cuotas. Nos obligaría a promover modelos educativos abiertos a la diversidad, la comunidad universitaria sería más sensible al tema y las instituciones tendrían que establecer protocolos, adaptaciones y ajustes, no solo para “resolver” situaciones ocasionales o responder solo a casos aislados. De esta forma, más temprano que tarde, tendríamos un sistema educativo preparado para cubrir las necesidades específicas en el aprendizaje de cualquier alumno.

¿Quiénes pueden llenar esta encuesta?

La encuesta está abierta para todos los que estén interesados en participar. De hecho, se requiere de una gran participación, para que así la muestra poblacional sea representativa.

Por otro lado, el instrumento está diseñado para recoger la experiencia de la persona con discapacidad, su familia, maestros, directivos, diferentes colaboradores e incluso, compañeros de aula. La idea es recabar la mayor información posible que refleje la situación desde distintos ángulos y así llegar a un diagnóstico preciso para poder dar el siguiente paso.

La encuesta la puede encontrar en www.endddu.com estará abierta para recabar datos hasta finalizar el mes de agosto y podría extenderse uno o dos meses más de ser necesario.

Según Epicuro: “Solo los que se educan son libres”. Razón por la cual ya no es posible postergar el derecho a la educación para cuando estemos listos.

Solo si logramos identificar las barreras que impiden que los jóvenes ingresen y, posteriormente egresen de la universidad, estaremos en condiciones de derribarlas y garantizar su derecho a elegir cómo quieren vivir, a qué se quieren dedicar, qué hacer con su tiempo libre y a ser ciudadanos en pleno derecho.Y qué mejor lugar para hacerlo que las Universidades, que son ente formador de buenos ciudadanos. ¿Se anima a participar?

Por Silvia Romero

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