Fotografía con efecto blanco y negro y un patrón de líneas transparentes sobre el rostro Cynthia Karina Figueroa Cazarez, una mujer de edad adulta que está utilizando lentes y una diadema gruesa con detalles de perla sobre su cabello.
Opinión

¡Échale ganas!… detrás de vivir con bipolaridad

Al vivir con una discapacidad psicosocial, la gente que está a nuestro alrededor quiere que actuemos como si no la tuviéramos.

Por  Cynthia Karina Figueroa Cazarez*

“¡Échale ganas!” es una frase que he escuchado más de un millón de veces. ¿Quién no la ha dicho? Todas las mañanas me despierto con la incertidumbre de no saber qué va a pasar en el día. Llegamos a pensar que el vernos felices está bien, pero, ¿a qué grado de “felicidad” puede estar uno en un episodio de manía? La energía es demasiada que, tan solo con 2 o 3 horas de sueño bastan para seguir adelante, para comerme el mundo. La gente te mira y expresa: “¡Woou realmente esta mujer es increíble, hace un millón de cosas!”.  En esta etapa ni siquiera puedes disfrutar de una comida porque ya estás pensando en que harás en los siguientes minutos; una vez un compañero me dijo: “Tú pareces una ardilla pues al igual que ella eres activa, rápida y ágil”. Creo que fue la mejor descripción para un episodio de manía.

Recuerdo que en una ocasión me subí al techo de mi casa, sentía que nadie me podía parar, tenía delirios de grandeza, pensando que era el Apóstol Pablo. Ahí fue cuando estuve internada en el hospital psiquiátrico y, al enterarse de ello, la escuela donde estaba estudiando decidió expulsarme. ¿Realmente representaba un peligro para mis compañeros y maestros? ¿Tan mal estaba cuidar de mi salud mental?  

Pasan los días, meses y aparece un enemigo más con el que tengo que luchar, su nombre:  “depresión”. La energía se va apagando al grado de estar en la cama y pasar días, incluso meses, siendo incapaz de concentrarme, solo quieres dormir todo el tiempo a pesar del dolor de piernas, de uñas, y hasta de cabello. Es como si un elefante estuviera arriba de ti con un millón de pensamientos negativos como: “Eres fea, no vales nada, nadie te quiere, jamás podrás hacer nada”. Las personas de tu alrededor te dicen: “¡Pero… si hace un par de semanas estabas genial…!”. 

Te sientes realmente vacía.

Sé que algo está mal, solo quisiera sentirme triste cuando realmente me pasan cosas tristes y sentirme contenta cuando tengo un motivo. 

Los medicamentos son de gran ayuda, pero tengo que lidiar con los efectos secundarios, y si dejas de tomarlos es peor que al principio.

Es una batalla que cada uno de nosotros lucha constantemente. No se ve, pero siempre está presente. 

Tengo 28 años, termine una carrera universitaria en Mercadotecnia y Publicidad, además de varios diplomados, incluyendo uno de Lengua de Señas Mexicana; este último lo he tomado para ayudar gratuitamente a personas sordas a comunicarse. Los últimos 3 años de mi vida los he dedicado a seguir aprendiendo, y a veces me pregunto:  ¿Cómo es que he logrado todo esto? 

Quizás la respuesta está en que, si bien es cierto que tengo un diagnóstico de bipolaridad, eso no me define del todo: soy Cynthia, la mujer que tiene sueños, la que desea superarse y la que quiere ayudar a las personas. Y recuerdo que tiene que ser Cynthia la que lleve de la mano a la bipolaridad y no que la bipolaridad lleve a Cynthia.

Sé que la mayoría de la gente quiere ayudar a sus seres queridos cuando los ven mal, con las mejores intenciones pueden decir: “¡Échale ganas!”, pero eso no va hacer que desaparezcan nuestros síntomas puesto que no es una cuestión de decisión. La bipolaridad no es llamar la atención, no es flojera, es un problema de salud grave que requiere atención profesional. 

Tenemos que vivir sin prejuicios, sin ser señalados.

Cuando nos duele la cabeza, el estómago, o alguna parte de nuestro cuerpo lo decimos con toda libertad. Entonces, ¿por qué no decir.: “¡Me siento mal, estoy en una crisis, ayúdame!”?  Porque al vivir con una discapacidad psicosocial, la gente que está a nuestro alrededor quiere que actuemos como si no la tuviéramos.

*Cynthia tiene 28 años. Estudió Mercadotecnia y Publicidad. Le gusta la literatura de Walter Riso, escuchar música y cuentos de reflexión de Jorge Bucay. Le puedes escribir a cynthia.salonfuentes@gmail.com o contactar en estas redes sociales Facebook: Cynthia Figueroa Instagram:  @cynthiafigueroa.1