Opinión

Los beneficios que aporta el yoga a las personas con discapacidad

María Elena Esparza

Más allá de las asanas estéticas y las historias que cada persona se cuenta sobre ella, esta práctica es una opción terapéutica si de discapacidad se trata.

Por María Elena Esparza Guevara

¿En qué piensas cuando alguien te habla sobre yoga? Tal vez viene a tu mente una de esas imágenes de Instagram donde un joven muy flexible hace torsiones que parecen imposibles o posturas invertidas que lucen más como acrobacia. Y es que en los años recientes se ha puesto de moda esa versión súper fotogénica de la práctica, que originalmente surgió como una disciplina para ser y estar saludables. 

En la India, de donde viene el yoga, hay una fuerte apuesta por la medicina preventiva, aquello que tiene el potencial de mantenernos lejos de una atención de urgencia, tanto que han perfeccionado ese sistema durante milenios: está en el Ayurveda con la alimentación y en el yoga con la movilidad del cuerpo.

Es decir: lo que importa en realidad sobre el tapete, la silla o la cama —porque ahora hay muchas adaptaciones para hacer accesibles las posturas a la mayor diversidad de personas— es que el cuerpo y la mente se conecten en una sintonía de bienestar. Por eso es que se ha convertido en una excelente opción terapéutica para personas con discapacidad.

Al actuar directamente sobre el sistema nervioso, los beneficios de esta práctica son amplios para aliviar la tensión y diversas manifestaciones de ansiedad que pueden presentarse cuando la movilidad de la persona está limitada.

Además, una de las principales virtudes del yoga es que permite tomar distancia de las situaciones que nos aquejan y mirarlas desde otro enfoque, lo cual ayuda a quienes viven una transición a la  discapacidad por algún accidente, por ejemplo, a cambiar su perspectiva y aliviar su salud mental en el proceso.

Niño con síndrome de Down realizando yoga con su instructora.

Si bien un componente importante de esta disciplina son las posturas físicas, su base es la respiración consciente; la variedad de técnicas es enorme y va desde solamente aprender a poner atención a la forma en que el aire entra y sale por la nariz hasta las maneras de colocar el aire nuevo —que en la anatomía energética se conoce como “prana”, energía vital— en distintas partes del cuerpo según lo que se quiera lograr. En personas con autismo o síndrome de Down esa oxigenación profunda ayuda a la concentración y a estabilizar la energía.

Para visibilizar el derecho de todas las personas al bienestar es indispensable romper mitos y alejarse de las narrativas dominantes en redes sociales: yoga es para todas y para todos.

Siempre es posible encontrar una adaptación que funcione bien a los objetivos de cada quien y no sobra decir que también es una gran aliada para la familia que cuida de alguien con discapacidad: centrarnos, confiar y equilibrar nuestro ser es una posibilidad real… ¡aunque no nos paremos de cabeza!

María Elena Esparza Guevara es Maestra en Desarrollo Humano por la Ibero, fundadora de Ola Violeta AC y activista por el derecho a la conciencia corporal. Twitter: @MaElenaEsparza

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