Fotografía del área para pcd en el corona capital donde podemos ver a una persona de cuerpo completo revisando la rampa
Notas

Rock a toda inclusión

Por Alejandro Ángeles

En la décima edición del festival Corona Capital del fin de semana pasada estuvieron de moda los jorongos, a los que los millennials llaman como en el Cono Sur: ponchos. Asimismo, como ya desde hace varios años, los drones que volaban a todo lo que dan sobre las cabezas de los asistentes. Pero algo que llamó mucho la atención fue lo súper bien ubicadas y atendidas que estuvieron las zonas para personas con discapacidad (pcd). 

Y es que las pcd también tienen su corazoncito rockero y uno de sus principales temores a la hora de asistir a un concierto o festival es la infraestructura dedicada para ellos, desde la llegada a las sedes, como la ubicación de las áreas especiales, si es que las hay.

Afortunadamente hay mejoras en ello y una muestra es lo visto en la décima edición del festival Corona Capital. Gracias al esfuerzo ya de varios años de fundación Ocesa, así como del empuje de grupos como Restart, este año hubo tres zonas para pcd que en realidad parecían zonas VIP por lo bien montadas que estaban y la atención de quienes las estaban a cargo.

Por ello, y por la promoción previa en redes y sitios de cultura popular, así como de las experiencias previas en otros festivales como el Vive Latino o el EMD, hubo una muy buena asistencia de pcd que lo mismo disfrutaron las zonas, a las que muchos llaman Zona Restart, o se desplazaron sin dificultad por los accesos a los cinco escenarios donde se presentaron las 58 bandas que tocaron este año en el Corona Capital.

Martha Escalante es una de las personas con discapacidad que disfrutó su visita al festival. Si bien señala que el acceso al Autódromo Hermanos Rodríguez sigue siendo difícil para pcd, reconoce que cada vez hay mejor infraestructura para quien llega en silla de ruedas.

Desde accesos especiales para estacionarse como rampas en donde es necesario, dice Martha, cada año se mejora la experiencia para las personas con discapacidad.

Si bien se autodefine como una “loquilla” que pide a sus amigos la lleven hasta bien adelante de los escenarios (“nada iguala a ver a Travis casi en primera fila”), acepta que las zonas especiales no están tan llenas porque es mejor andar circulando por los escenarios.

Eso sí, dice que es una buena base para quedarse de ver con amigos y que este año las tres zonas estuvieron perfectamente ubicadas para ver lo más posible. Además, destacó lo limpio de los baños que también estaban pensados para este segmento de la población.

Hay avances, pero siempre hay espacio para mejorar. No sería utópico pensar en que en próximos festivales hubiera carriles especiales para sillas de ruedas. O amplificar tremendas historias de éxito como la de Silencio AC, que ha llevado chalecos especiales para que personas sordas e hipoacúsicas también puedan disfrutar, mediante tecnología, de las vibraciones de los beats de sus artistas favoritos.