Editorial

Un termómetro necesario

Bárbara Anderson

México ya tiene un Inclusómetro y es un test rodeado de juegos al que todos debemos asomarnos.

“Todos los aprendizajes más importantes de la vida se hacen jugando”, dice el gran psicopedagogo italiano Francesco Tonucci. 

Y tiene la boca llena de verdad. 

Esta semana se lanzó en México el Inclusómetro, una especie de test para descubrir cuánto sí y cuánto no somos no solo incluyentes sino empáticos ante la diversidad. 

Esta es una iniciativa de una organización que con un enfoque 100 por ciento lúdico, que va dejando en las aulas las semillas de la importancia del respeto al otro, de la creación de comunidad, de la comprensión de las necesidades de nuestros compañeros, amigos y familiares y de los valores de quienes comparten su entorno. 

La organización se llama Educación para Compartir y tiene presencia en nuestro país, en Argentina, Guatemala, Estados Unidos y Nueva Zelanda. 

Investigaciones científicas realizadas en los últimos 30 años, y publicadas recientemente por Unicef, indican que el período más importante del desarrollo humano es el que va desde el nacimiento hasta los ocho años. Durante este período es donde se ponen los cimientos de una persona adulta con buena salud física y mental porque es cuando se incorporan desde el desarrollo de las competencias cognitivas, el bienestar emocional y el rol de cada uno en una familia, en una escuela y en una comunidad.  

Si bien nunca dejamos de aprender, es en este lapso donde se aprende más rápido. 

Y me encanta que esta asociación haya tomado en cuenta esta ‘fase esponja’ en todos los niños para crear valores, para jugar a ‘ser siendo’, a inyectarles el concepto de que ‘lo diverso es lo normal’ y ‘el respeto es innegociable’. 

Además de este test muy veloz para saber cuán incluyente es cada uno, lanzaron 15 juegos donde justo el último tiene que ver con la discapacidad. Se llama “Los retos de la empatía” y trae para los maestros una frase increíble de otro gran maestro, Eduardo Galeano: “Lo mejor que el mundo tiene está en los muchos mundos que el mundo contiene”.

Algunos de los ‘retos’ del juego son desde ‘Abrir una botella utilizando solo una mano’, ‘ponerse la playera sin ver’ o ‘correr con un solo pie’. 

Luego hay una etapa de reflexión sobre lo que fue más difícil de hacer y cómo ayudarías a una persona con alguna discapacidad para que pueda hacerlo de una manera más sencilla. 

No solo abre los ojos ante la variedad de ‘modelos de niños’ que existen sino que les suma un componente de creatividad y valor. Bienvenidas estas iniciativas que desde un espacio sin almidones ni dictámenes, en un espacio de juegos pone en la mente de los niños algo que tanto nos ha costado asimilar a muchos: todos somos diferentes, todos tenemos valor, todos compartimos los mismo derechos y somos más poderosos si sabemos estar juntos y sin etiquetas.

Por Bárbara Anderson

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