Fotografía en blanco y negro de Katia D'Artigues.
EditorialEspecial: Coronavirus, información accesible

Pandemia con pre-adolescente

Por Katia D’Artigues

Llevamos ya tres semanas en casa. Salvo algunas salidas mías y otras de los dos, acompañados con Susana Distancia como copiloto, para dejar comida a mi mamá y mi tía y mandarles besos desde lejos, creo que hace mucho tiempo no estaba tanto tiempo con mi hijo, Alan, sola… y mucho menos en esta etapa de pre-adolescencia donde él exige tener su propio espacio y quiere estar solo mucho tiempo.

Una de mis primeras medidas fue hacer un calendario visual para Alan: dividido por días y con imágenes de lo que yo pensé que podíamos hacer como rutina. Fui muy ambiciosa. Sí cumplimos la mitad, sobre todo por la demanda de mi trabajo, ya la hicimos.

Eso sí: ya hace su cama todos los días -y cada vez mejor- sin rechistar y asume como completa responsabilidad el alimento de nuestras dos perritas, apoya a enjuagar platos. Se queja muchísimo con el quehacer de la casa, pero cuando decide hacer algo, lo realiza con toda concentración. Creo que nunca habíamos tenido basureros de cocina tan bien limpios y desinfectados, por ejemplo. Y está aprendiendo a usar Zoom para hacer terapia de lenguaje a distancia y hablar con amigos.

Alan está de malas muchos ratos, lo veo y me duele. Sé que también es un reflejo mío y de mis preocupaciones que se han redoblado por estos días. Aunque también acepto, que por lo general, se le quita -y se me quita- si le propongo bailar (algo que ama) o jugar volleyball, incluso sobre el tendedero de ropa por estos días.

El otro día me sorprendió al llegar con su almohada a mi cuarto en la noche. Tenía miedo, me dijo, quería que durmiéramos juntos.

Trato de cuidarme a mí misma, me da miedo enfermarme estando sola con él. Hago las cosas con calma para no quemarme en la cocina, para no resbalar al trapear. Canto (o algo así) y meditar ha sido un aliviane para dormir (les recomiendo mucho Headspace, incluso para niños, tiene cosas en español y contenido abierto por la pandemia).

Me siento sola e hiperdemandada; me duele el cuerpo y sobre todo el cuello por la actividad física que no estaba acostumbrada a hacer. Ayuda mucho hablar con amigos y familia; compartimos muchas experiencias.

Será muy interesante, ya con algo de distancia, todo lo que aprenderemos de estos tiempos de pandemia.

Abril está siendo el mes más largo de mi vida. Es una paradoja que los días no alcanzan para nada, pero al mismo tiempo, son eternos. ¿Les pasa así? Mando abrazos. Cuenten ustedes también cómo viven estos días.


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