dibujo de Barbara Anderson sonriendo
Editorial

Nada como la rutina

Por Bárbara Anderson

Sea como sea, los hogares con alguno de sus miembros con alguna discapacidad tenían su modo de operar: quién se encargaba de cada cosa, había cierto orden en las actividades (escolares o terapéuticas si fueran necesarias). 

Uno ya sabía cómo apañarse dentro de las complicaciones. 

Pero llegó la pandemia y ese tetris de horarios, tareas, medicinas, salidas, apoyos, responsables se derrumbó. El confinamiento trastocó la vida de todos (con y sin discapacidad): la mesa es aula, la cocina es oficina, la salita es una colchoneta para ejercicios, no hay que salir, se cae la conexión a internet, no llegan las medicinas, no tenemos quien nos ayude a cuidar a los niños (con y sin discapacidad) ni a los adultos mayores. Que nadie se enferme de nada porque el sistema de salud está reconvertido y no es fácil ubicar un hospital ‘no Covid19’.

Esta semana fue el regreso (sin regreso) a clases y eso sumó otra ficha al yenga familiar: aquellas familias donde los padres trabajan dejaron con sus abuelos -en el mejor de los casos- las aulas hogareñas con salones en la televisión, en una tableta o en un celular. 

La frustración fue general pero tuvo su acento en la población de alumnos con alguna discapacidad: si ya de por sí había sido una epopeya estar escolarizados, ahora la nueva normalidad los orilla otra vez a la invisibilidad. El Conaliteg anunció con éxito la producción y distribución de los libros para todos los niveles, ¿y los libros para Educación Especial? (donde solo contabilizan Braille y Macrotipo). No están en la página web y serán distribuidos desde las escuelas a los alumnos que lo requieren. No hay un plan, pero cuentan con la buena voluntad de directores y maestros para la lista de alumnos que requieran de este material. 

Hicimos una encuesta desde nuestra cuenta de Twitter para saber cómo fue este inicio escolar a distancia para aquellos que tienen un hijo con discapacidad: 41.4% nos dijo que fue más difícil, un 20.7% que fue más simple y solo 6.9% dijo que es igual que antes. Pero el dato más devastador fue que 31% de ellos decidieron no empezar este ciclo escolar. La organización Mexicanos Primero calcula que 600 mil alumnos de las modalidades especiales (CAM y USAER) dejaron de recibir educación por culpa de la pandemia. 

También invitamos a las madres a que nos cuenten su experiencia en tiempos de Covid-19 y traemos esta semana cuatro testimonios de frustración compartida. 

La rutina nunca es gratificante, pero ahora la extrañamos quienes vemos en esta coyuntura sanitaria una nueva punzada en uno de los derechos más básicos como es la educación.


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