dibujo de Barbara Anderson sonriendo
Editorial

La odisea de Guadalupe

Por Bárbara Anderson

Sentada en su casa, mirando la computadora, Guadalupe Rivera rompe en llanto. Le acaban de avisar su maestra de toda la vida en APAC y Sophie Anaya de la UVM que fue aceptada en la licenciatura en Educación. 

Lupita tiene 49 años y aprendió a leer y escribir recién a los 29. Con parálisis cerebral y usuaria de silla de ruedas, su acceso a la educación fue un rosario de ‘no’. Pero ella es una mujer que ha sabido domar sus sueños y sus ilusiones a fuerza de paciencia y de mucho esfuerzo. 

Guadalupe es parte de una estadística brutal: solo 3 de cada 10 personas con discapacidad (pcd) en edad escolar está inscripto en la SEP. El analfabetismo, algo que nos imaginariamos erradicado en la principal economía latinoamericana en pleno siglo XXI pega aquí más fuerte: 20% de los hombres y 24 % de las mujeres con discapacidad no saben leer ni escribir. 

Si miramos las cifras del Inegi de cerca, vemos cuántos mexicanos con alguna discapacidad se quedan desplazados del sistema educativo a medida que pasan de ciclo: de cada 100, solo 45 terminan primaria y apenas 7 terminan estudios superiores. 

Y dentro de la discapacidad hay otra discriminación, por género: son menos las mujeres que los hombres que logran algun grado de escolarización. 

Los qué sobran: tenemos una Constitución que declara en su artículo tercero el derecho a la educación. Incluso hace un año hubo una reforma en este sentido que sumó el adjetivo inclusiva a la palabra educación. 

Se lee bonito, pero es letra muerta. Porque siempre faltan los cómos: mecanismos de inclusión claros en el sistema educativo público y privado, educación magisterial que sume en su capacitación a la enseñanza a alumnos con discapacidad, infraestructura en las escuelas, presupuesto y sanciones a quienes se salgan del redil de lo que dicta la ley suprema de la nación. La UNAM (fundada en 1910), recién desde hace 10 años toma exámenes especiales para alumnos con discapacidad y apenas 10% logra pasar este filtro. Con los dedos de una sola mano cuentan los egresados puma que terminaron su carrera. 

Guadalupe me dijo algo que aún me pone la piel de gallina: “quisiera que el gobierno nos volteara a ver. Necesitamos sentirnos parte del país y de la sociedad. Que pongan más atención en todas las capacidades que sí tenemos, que nos ayuden a descubrir cuánto valemos”.

En dos meses decenas de personas, universidades y escuelas no voltearon a ver a Lupita. 

Gracias UVM por abrir una pequeña puerta que esperemos se vuelva portón para miles de mexicanos esperando ser vistos, valorados y respetados en su derecho a aprender.


*Las notas relacionadas en este texto, que están fuera del sitio yotambien.mx, no necesariamente contienen un lenguaje inclusivo, o cumplen con criterios de accesibilidad web, compatibles con el uso de tecnologías de apoyo para pcd. yotambién.mx no es responsable de lo que publican estos sitios de referencia.