Editorial

La ilusión de frecuencia

Bárbara Anderson

En Yo También usamos la ilusión de frecuencia a nuestro favor. A todos los temas que se generan en el país y en el exterior, a todas las noticias que vemos, leemos o escuchamos inmediatamente le vemos su lado de discapacidad.

Por Bárbara Anderson

¿No les ha pasado que cuando compran un par de tenis nuevos salen a la calle y se los ven puestos a todo el mundo? ¿O cuando tienen un bebé en la casa, de repente encuentran niños como nunca o productos infantiles hasta debajo de las piedras? 

Se llama Fenómeno Baader-Meinhof (o Ilusión de frecuencia) y es un mecanismo que activa el cerebro (que es flojo y le encanta ordenar todo por patrones para no andar etiquetando cada cosa desde cero) y que se activa cuando tenemos algo nuevo o aprendemos algo diferente: la mente busca lo que acaba de cargar en su disco duro y lo reconoce mucho más rápido que antes. 

No es que de repente hubo un baby boom cuando quedamos embarazadas, sino que antes -sin bebés cerca- simplemente no registramos con el mismo detalle a nuestro entorno. Lo mismo ocurre con la discapacidad. 

Hasta que vives con ella o tienes un hijo, tus padres o alguna persona cercana con alguna discapacidad no reparas en las rampas, en los intérpretes de Lengua de Señas de los programas de televisión o no tomas en cuenta los subtítulos en el mismo idioma durante una película. 

En Yo También usamos muchísimo el Fenómeno Baader-Meinhof a nuestro favor. A todos los temas que se generan en el país y en el exterior, a todas las noticias que vemos, leemos o escuchamos inmediatamente le vemos su lado de discapacidad. 

Y ese es uno de nuestros mayores valores porque tal vez quienes estamos trabajando cada día en esta plataforma de contenidos tenemos nuestro cerebro con ese archivero ansioso por sumar documentos. 

Si la Secretaría de Hacienda y Crédito Público publica el Presupuesto de Egresos de la Federación (el famoso PEF) somos las primeras en zambullirnos en sus cientos de páginas revisando como ratones de biblioteca cada uno de los ítems en todas las instancias de gobierno que tengan contacto directo con la  discapacidad. 

Si hay elecciones, somos las primeras en picar piedra dentro del Instituto Nacional Electoral para conocer los protocolos para incluir a personas con discapacidad en el proceso electoral, lograr el dato de qué candidatos viven con alguna condición y hasta pedir (como ningún otro medio) el número total de personas con discapacidad que votaron. 

¿Oscars? Ahí estamos todas viendo más allá de la alfombra roja y antes que nadie averiguando qué le pasó a Liza Minnelli que llegó al Kodak Theatre en sillas de ruedas y lo contamos con lujo de detalles, sin caer ni en el morbo, ni en los sesgos, sino informando. Porque solo así nos enteramos que por primera vez en los 94 años de esta gala, la Academia de Hollywood pidió que diseñaran un escenario accesible (una obligación que se mantiene de ahora en adelante), o que la empatía de Lady Gaga a la protagonista de Cabaret era muy genuina porque ha sido una de las mujeres más activas en sacar a la luz la necesidad de tomar con seriedad cuestiones sobre neurodiversidad. La película ganadora (CODA) nos dio hilo para tejer muchos reportajes que sorprendieron incluso a los colegas de la fuente de espectáculos. 

¿Deportes? Pues claro, nos armamos de café y paciencia y tuvimos una cobertura única (con más de 65 reportajes) sobre los atletas en los Juegos Paralímpicos de Tokio. Débora Montesinos, Ivett Rangel, Diana Sánchez y Lalo Vega -el pequeño equipo detrás de esta enorme cobertura- se aprendieron todas las estadísticas, disciplinas, categorías especiales por deporte y le dieron mucha humanidad a las notas contando quiénes eran esos atletas que superaron el récord de 300 medallas para México. 

¿Pandemia? Hemos estado desde el lado editorial y desde el lado de sociedad civil empujando la iniciativa de vacunas contra la Covid-19 (donde fracasamos todos) y en la búsqueda de datos estadísticos (donde también nos quedaron a deber las autoridades). 

Si bien al Fenómeno Baader-Meinhof muchos lo relacionan con la casualidad o la ‘sincronicidad’, en realidad se trata simplemente de estadística. 

Si en México viven 20.6 millones de personas con alguna discapacidad y su círculo cercano es de cuatro familiares directos (bajita la mano) estamos hablando de que dos de cada tres hogares mexicanos vivimos a un nivel de distancia de la discapacidad. 

Es por eso que insistimos como merolicas de feria que nuestra meta es ‘sacar a la discapacidad del closet’, cuanto más se cubra al 100% de los mexicanos, cuanto más nos fijemos que detrás de cualquier evento, programa, tragedia, proyecto, plan, anuncio, hay personas que seguramente tienen una discapacidad o la vivan de cerca, menos tabúes habrá y comenzaremos a normalizar -y valorar- a la enorme diversidad que nos rodea. 

Por eso una de las mayores satisfacciones de este tercer año de Yo También fue pensar, diseñar, reportear y armar de manera simple -y atractiva, gracias a la magia de nuestra diseñadora Cynthia Monterrosa- el diccionario ¿Cómo se dice?, porque ahí les damos las herramientas y los tips más sencillos a nuestros colegas reporteros, editores y comunicadores sobre cómo cubrir estos temas, cómo ser correctos e inclusivos en el uso de las palabras y les ponemos en la mano la llave a la puerta de un mundo inmenso lleno de grandes historias si sabes mirarlas con estos nuevos ojos. 

Basta que escriban una sola nota, que lean un par de artículos sobre discapacidad, inclusión o accesibilidad y verán cómo ‘la ilusión de frecuencia’ no falla y comenzarán a brotar ideas de reportajes y de personas a reportear a su paso. 

El Fenómeno Baader-Meinhof nunca falla.

*Las notas relacionadas en este texto, que están fuera del sitio  yotambien.mx, no necesariamente contienen un lenguaje inclusivo, o cumplen con criterios de accesibilidad web, compatibles con el uso de tecnologías de apoyo para pcd.  yotambién.mx no es responsable de lo que publican estos sitios de referencia.