Editorial

La discapacidad no respeta a nadie

Bárbara Anderson

Los casos de personas famosas con alguna discapacidad llaman la atención de los medios, pero aún hay mucho por hacer por millones en condiciones similares.

Por Bárbara Anderson

Cuando el 21 de marzo México terminó su presentación de resultados sobre la implementación en el país de la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad ante el Comité de la ONU, uno de los co-relatores, el jamaiquino Floyd Morris dijo, “… aún sólo 39% de quienes viven con discapacidad son activos económicamente en el país y sabemos de la relación directa entre pobreza e inclusión laboral. Se deben hacer más acciones por la educación, por un verdadero sistema educativo incluyente y en una mayor promoción para comunicar a la sociedad mexicana que las personas con discapacidad son seres humanos con los mismos derechos de quienes no tienen una discapacidad. Porque la discapacidad no respeta a nadie: hoy puedes estar bien y mañana perderlo todo”. 

Esta semana vimos en la entrega de los Oscar a Liza Minnelli llegar en silla de ruedas al escenario del Kodak Theatre, mostrando los efectos que un virus provocó en su cerebro y afectó su movilidad. “Te tengo”, le dijo con respeto Lady Gaga, a lo que ella respondió “lo sé”. 

Fueron los Premios más inclusivos con “CODA” como la Película del Año, con el primer actor sordo ganando una estatuilla (Troy Kostur) y el mejor guión adaptado, tres galardones que pusieron a la comunidad sorda bajo el spotlight internacional. 

El miércoles nos enteramos de que Bruce Willis dejaba la actuación porque tiene afasia, un trastorno neurológico que afecta al habla y la memoria. 

La revista GQ tuvo la primicia de la primera entrevista con Juan Pablo Medina, el actor que perdió una pierna por un infarto silencioso y una trombosis. 

La discapacidad no respeta a nadie, diría Morris.

Pero los casos anteriores son famosos, ocupan espacio en los medios de comunicación, generan debates en redes sociales. 

Quedan fuera las millones de personas cuya discapacidad no da ‘nota’ sino que los aleja de sus derechos más básicos como son el acceso a la salud, a la educación, a la justicia, al trabajo y a tener una vida digna. 

De eso fueron las 95 recomendaciones que devolvió el Comité de Naciones Unidas a nuestro país después de tres días de examen. 

En su columna de Opinión, el abogado especialista en derechos humanos Agustín de Pavía nos recuerda que no solo nos fue mal en esta evaluación 2022, donde el gobierno hizo gala de sus planes políticos como 4T más que de sus méritos por la inclusión, sino que empeoró nuestra posición.

El equipo liderado por la Secretaría de Bienestar llegó con pocos resultados propios que mostrar, sin datos ni cifras desagregadas, con respuestas amplias y vagas a preguntas puntuales y concretas. 

En 2014, tras la evaluación anterior, llegó al gobierno mexicano un listado de 74 recomendaciones. Esta semana la lista fue de 95. Sí, 21 ‘te falta’ más, que se suman a los 28 que se repiten casi textualmente en las dos evaluaciones y en las que evidentemente no se hizo nada al respecto en ocho años. 

El Comité hizo hincapié en la necesidad de un mayor presupuesto para lograr avanzar en la inclusión, pero también de cifras para saber cómo y dónde aplicar políticas públicas que sean efectivas y (además, si se puede) homogéneas en todo el país. 

Las niñas y mujeres con discapacidad ocupan mucho espacio en el reporte: por la discriminación, la violencia, la falta de apoyos y los escasos recursos que les brinda el estado nacional para acceder a salud, a educación o hasta a un albergue en caso de necesitarlo que sea accesible, tanto físicamente como con el personal capacitado para recibirlas. 

No todo se soluciona con pensiones -un padrón aún poco transparente y sin medición de resultados- ni con alianzas con una sola organización de la sociedad civil “en la que hicimos una excepción”, dijo la secretaria Ariadna Montiel sin explicar el porqué de esa excepción, como es el caso de Teletón. 

Falta mucho para que esté arraigada en nuestra sociedad una Convención que comenzó a trazar desde México -ni más ni menos- Gilberto Rincón Gallardo a finales de los 90s.

Tanto, que incluso vamos de reversa.

Señoras y señores, autoridades, legisladores y funcionarios de turno: están a tiempo de trazar un camino, de diseñar un plan maestro, de aprovechar experiencias internacionales exitosas para armar un proyecto nacional y transexenal en favor de la discapacidad, esta condición que sabemos (gracias Morris por recordarlo) “que no respeta a nadie”.

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