Fotografía a blanco y negro, formada por líneas del rostro de Katia D’Artigues, una mujer de mediana edad que utiliza anteojos y aparece de frente, sonriendo a la cámara.
Editorial

Gracias, Simone (cuando no estar bien… ¡está bien!)

A partir de Tokio 2020, el mundo recordará a Simone Biles no solo por ser la mejor gimnasta, sino por lo que ha sido capaz de hacer desde el punto de vista integral, de la salud mental, del abuso sexual, de todas las otras barreras.

Por Katia D’Artigues

No puedo imaginarme la presión. Quizá ustedes tampoco. Representan a su país. Hay millones de personas que los siguen y admiran y por sus redes sociales, los ven como personas perfectas. Las marcas, empresas -y su propia trayectoria exitosa- los ha posicionado como un ‘role model’ o alguien a quien seguir, aspirar. Quizá de pronto, pese a toda la fuerza que cada ser humano tiene, es demasiado… y también irreal.

Eso, con lo que todos podemos empatizar, es lo que le sucedió al gimnasta Simone Biles esta semana. La favorita para todo; la patrocinada por todos decidió que, personalmente, la presión era demasiado y por el bien de su salud mental, se retiró de la competencia.

El mundo se puso en shock. 

Pero yo pensé: “Chapó. Se necesita valentía para enfrentar eso”. Me refiero a la presión que seguro sentía Simone de parte de todo el mundo. No sólo que tuviera una medalla, sino que fuera per-fec-ta. ¿Alguien lo es? No, pero sí buscamos eso en el mundo de los deportes, ahora que estamos en Tokyo 2020, eso lo premiamos.

Tengo que concentrarme en mi salud mental”, dijo el martes la estrella olímpica estadounidense Simone Biles y dejó la final por equipos de la gimnasia femenina en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020.

El miércoles tampoco se presentó para el All-Around individual y reiteró:

“Creo que la salud mental es más importante en los deportes en este momento. Tenemos que proteger nuestras mentes y nuestros cuerpos, y no solo salir y hacer lo que el mundo quiere que hagamos”.

Wow y guau y cualquier otra onomatopeya.

“Está bien no estar bien”, fue un meme que surgió pronto. Muchos otros atletas de pronto hablaron sobre salud mental: sobre la enorme presión que tienen, también la que se autoimponen para ser el o la número uno. Para, además ‘seducir’ a anunciantes como sus protagonistas impecables. ¡Qué pesado! ¡Qué difícil! Y además, yo diría, que poco humano.

Ah, la salud mental. Es un tema del que necesitamos hablar más, mucho más. Y desestigmatizar. A Simone Biles le pasó. A ti y a mí nos pasa (aunque vivamos vidas mucho menos públicas). Todos estamos expuestos a ello y más durante la pandemia donde, según la OMS, los niveles de ansiedad se han duplicado. Du-pli-ca-do.

“La gente va a recordar a Simone Biles no solo como la G.O.A.T. (La mejor de todos los tiempos) desde la perspectiva de la gimnasia, sino por lo que ha sido capaz de hacer desde el punto de vista integral, de la salud mental, del abuso sexual, de todas las otras barreras por las que ha tenido que atravesar”, dijo la medallista de plata olímpica Samantha Peszek.

“Creo que ha obligado a mucha gente a analizar bien lo que hace y a empujar a todos a ser mejores”

, cito a Samantha Peskek en Los Angeles Times.

Gracias a Simone Biles por poner esto sobre la mesa. Con tanto estigma hay tanto qué decir. La salud mental de todas las personas, incluyendo, claro las que compiten hoy -y competirán en los Paraolímpicos- y que comentaremos aquí como parte de la experiencia humana de la competencia con y sin discapacidad.

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