Editorial

El amor sin etiquetas

Fotografía de Bárbara Anderson.

Hoy, 14 de febrero quisimos rendir homenaje a todas las historias que
hemos compartido sobre amigos, hijos, padres, y esposos, para quienes la discapacidad no es más que un ingrediente extra en sus vidas.

Por Bárbara Anderson

Toda relación implica cuidado. Y esto no lleva un asterisco al pie que diga “aplican restricciones”. Aunque si las hay, siempre, solo se trata de adecuaciones. 

Estoy terminando de escribir un libro sobre perfiles de personas con discapacidad que logran cumplir sus sueños en México. Son 23 mexicanos que en la mitad de los casos nacieron con alguna discapacidad y la otra mitad la adquirieron a lo largo de su vida. 

No hay uno solo que no me haya hablado del amor: de a quienes aman y de quienes los aman. 

Ver a través de una discapacidad y apuntar a la esencia de persona es una tarea nada fácil, ni para quien vive con una discapacidad como para quien decide amar sin ningún ‘a pesar de’ o como en mi caso a quien llega a tu vida, como mi hijo Lucca. Él que es mucho más que el diagnóstico de un neurólogo: es una persona amada y que ama sin parar. 

En Yo También, desde que empezamos, sentimos la necesidad de hablar de la inclusión desde el corazón. 

Hay historias de amor maravillosas que hemos reporteado en estos casi tres años, como la de la mamá de Enrique Hernández Alcázar, una mujer que por una mala praxis en una cirugía de columna quedó paralizada de la cintura para abajo. Carmen ni siquiera estaba de novia con Roberto cuando él le propuso matrimonio a los pies de su cama del hospital. Ella dijo no, él insistió. Ella estaba en shock pero él solo veía a una mujer maravillosa que necesitaba redescubrirse en un cuerpo que cambió. Esta historia la recomiendo siempre leer con Kleenex a la mano.   

Porque, como dice la cineasta Sandra Jiménez, “la necesidad de amor y de aceptación son universales”. Ella, que vive con parálisis cerebral y dirige desde su silla de ruedas se emociona hasta las lágrimas cuando te explica las razones detrás de sus guiones (que nunca hablan de discapacidad). 

Uno por amor es capaz de cualquier cosa. Y la discapacidad ha sido un enorme motor para acercar a personas que necesitan comunicar su amor. Lo descubrimos haciendo un poster de inventos: desde la máquina de escribir que creó hace 400 años el italiano Pellegrino Turri para que su novia Carolina que era ciega le pudiera redactar sus cartas de amor y hasta el e-mail que creó Vinton Cerf (el padre de Internet) quién encontró la manera de comunicarse con su esposa Sigrid -que, como él, era sorda- a través de mensajes cifrados sobre su nueva red de redes en 1980. 

Otra pareja que nos conmovió fue la de Doña Imelda y Don Reyes, ellos ya pisan los 80 años, pero cada tarde él empuja su silla hasta una esquina donde los dos disfrutan la tibieza del sol. Su historia quedó pintada en un mural de Iztapalapa (y enchina la piel al verlos mecerse juntos).

El amor y la intimidad también son temas que no quisimos dejar fuera. Y tenemos siempre a la mano a Roxana Pacheco, una mujer que desde su discapacidad adquirida defiende el derecho a la sexualidad de quienes viven con alguna condición. Sin tabúes ella cuenta sobre la importancia y el valor del sexo hasta como una manera de conocer el propio cuerpo y cómo cuidarlo.  

Amor de padres

“La belleza de la persona no consiste en su inteligencia, en su manera de vivir o en su apariencia. La belleza de mi hijo se encuentra en su fortaleza, en sus ganas de vivir y en su entereza”, reza el poema Tesoro que Rosario Marín (sí, quien fuera después ni más ni menos que Tesorera de los Estados Unidos) le escribió a su hijo Erick que vive con síndrome de Down. 

Una discapacidad, cuando llega, es como un sismo: todo cambia de lugar, todo queda con alguna marca, pero son esas marcas las que nos vuelven únicos. Y lo contaba de una manera muy honesta y a la vez brutal Silvia Romero Adame en una carta para su hijo que vive dentro del espectro autista. 

Nos emocionamos cuando en plena pandemia y de cara a los Juegos Paralímpicos de Tokio 2020, Jorge Osnaya se hinchó de orgullo (y lo puso en letras) al ver partir a su hija Brenda, recién salida de una operación directamente a entrenar para convertirse en la primera mexicana en participar del paratriatlón. 

Como decía Goethe, “da más fuerzas saberse querido que saberse fuerte”. Y de cierta manera nos lo hizo ver el psiquiatra Gregorio Katz quien adoptó al hijo de su esposa con discapacidad intelectual. Toda su carrera cambió con la llegada de -hoy un adulto- Joaquín. 

“Hay tres condiciones que deben cumplir los padres para tener hijos felices: ser aceptados, tener un grupo de pertenencia y ser productivos.”

Y cada una de esas tres necesidades básicas deben ser regadas con mucho amor. 

Tengamos o no una discapacidad. 

Amar es saber que no te cambia el tiempo, ni las tempestades ni mis inviernos. Dar amor no agota el amor, por el contrario, lo aumenta. La manera de devolver tanto amor, es abrir el corazón y dejarse amar”, decía El principito desde las tripas románticas de Antoine de Saint-Exupéry. 

¡Feliz 14 de febrero para TODOS!

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