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Delfina, tienes cero

Bárbara Anderson

Incendió presupuestos y expulsó con su falta de apoyo a 222 alumnos con discapacidad por día de las aulas. Para un gobierno que dice luchar contra la corrupción, hay que recordarle que el principal acto de corrupción es aceptar un cargo para el que no se está preparado.

En junio, antes del cierre de este ciclo escolar, la (aún) secretaria de Educación Delfina Gómez puso en el Diario Oficial de la Federación que “en todos los casos en que se asiente una calificación numérica en las libretas de estudiantes de primaria y secundaria, la misma no podrá ser inferior a 6”. Así, por decreto, la SEP liberó a los estudiantes de algo tan valioso como saber si saben. 

Amnistía educativa para todos. Nada más cruel para un modelo pedagógico que se cae a pedazos.

Esta semana se confirmó su salida de la SEP para cumplir con el mandato presidencial de ser la candidata por Morena al gobierno del Estado de México. 

Tal vez ella no quiso evaluar a los 35 millones de alumnos porque tampoco ella resiste una evaluación de su gestión.

En Yo También hemos registrado todo lo que no hizo (e incluso lo que destruyó) en el endeble y gris espacio que ocupan desde siempre los alumnos con discapacidad dentro del sistema educativo nacional. 

Estuvo en su cargo un año y cinco meses y bastaron para que quedaran en la historia como una de las peores gestiones de la que se tenga memoria. Y, nuevamente, los más castigados dentro de la mediocridad general fueron los alumnos con discapacidad. 

Aquí dejo constancia de por qué Delfina Gómez reprobó con cero su gestión en cuanto a educación de estudiantes con discapacidad en el país: 

  1. La mayor deserción hasta el 2021. Según los últimos reportes de la SEP, hubo una caída de 2.2 por ciento en la matrícula en todos los niveles (845 mil alumnos). Pero la deserción mayor fue en los alumnos con discapacidad (8 por ciento), que ya de por sí solo está escolarizada una cuarta parte del total de mexicanos en edad escolar. Si tenemos en cuenta que hubo 190 días de clases, cada día 222 alumnos con alguna condición abandonaron las aulas. Nunca hubo información de cuántos regresaron al ciclo que acaba de terminar.
  2. El mayor despojo presupuestal. Este año se había anunciado un presupuesto excepcional para la educación especial. Que en realidad estaba lejos de los últimos fondos del sexenio previo. Aún así, en el primer semestre de este año solo gastaron 0.5 por ciento de ese presupuesto para Fortalecimiento de los Servicios de Educación Especial,  es decir, para la atención de los Centros de Atención Múltiple (CAM) y de las Unidades de Servicios de Apoyo a la Educación Regular (USAER). A cada uno de los 6 mil 369 centros nacionales le tocó en todo lo que va del año solo 345 pesos. El 99.5 por ciento del presupuesto desapareció. 
  3. Los contenidos más pobres. Los libros adaptados que distribuyó la Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuitos (Conaliteg) solo fueron para estudiantes con discapacidad visual, nada adaptado para alumnos con otras condiciones. Únicamente 2.7 por ciento de los alumnos con discapacidad contaron con material adaptado durante la gestión Gómez. 
  4. Políticas inclusivas a la baja. El cacareado modelo Nueva Escuela Mexicana no incluye en ninguno de sus apartados (anunciados en junio pasado) cómo se aplicará el Nuevo Marco Curricular de la SEP en los Centros de Atención Múltiple (CAM), donde están la mayoría de los alumnos con discapacidad matriculados. 
  5. Responsables sin preparación. La Coordinación Nacional del Programa de Educación Especial (un puesto que por muchos años llevó Gabriela Tamez Hidalgo), ahora está a cargo de Nayeli Caldera López, una ex coordinadora del IMSS en Tamaulipas, sin ninguna experiencia previa en temas ni educativos, ni de inclusión ni de educación especial. 

Cuando publicamos en enero un reporte sobre la gran deserción escolar pusimos un dato muy triste recabado por la organización Mexicanos Primero: 7 de cada 10 estudiantes con discapacidad de entre 10 y 15 años no son capaces de comprender lo que leen y no pueden resolver operaciones matemáticas simples. 

A este tipo de resultados de evaluaciones (a las que es alérgica la presente administración) el Banco Mundial los ha bautizado como ‘pobreza de aprendizaje”. 

¿Será que el nuevo eslogan ya no será “primero los pobres” sino “primero los empobrecemos”?

Por Bárbara Anderson

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