Editorial

De salmones y cenicientas

Fotografía de Bárbara Anderson.

Sigue sin haber un plan, una iniciativa concreta y realista de la SEP para regresarles a los niños y niñas con discapacidad el derecho a la educación.

Por Bárbara Anderson

Este lunes fue el Día Internacional de la Educación y decidimos publicar un informe sobre la mayor deserción escolar de la que se tenga registro en el Sistema Educativo Nacional: casi 900 mil mexicanos en los diferentes niveles abandonaron sus estudios en el ciclo pasado. No hay datos de porqué. No hay seguimiento. Y dentro de este éxodo, la mayor deserción fue entre los alumnos con discapacidad: 8% menos versus un promedio nacional de 1.6%. 

Y en contexto esta cifra es más dolorosa cuando sabemos que estos alumnos habían logrado escolarizarse eran unos salmones: habían roto la estadística y eran parte de ese 25% de mexicanos con discapacidad en edad escolar que sí pudieron llegar a las aulas. Sí, solo 1 de cada 4, un dato que debería avergonzar a todo el gobierno.

“Los niños y adolescentes con discapacidad son como la Cenicienta del mundo de las princesas”, me decía el gran psiquiatra infantil Gregorio Katz hace unos días. 

No solo son relegados en la educación, sino que sigue sin haber un plan, una iniciativa concreta y realista de la SEP para recuperarlos y regresarlos a disfrutar de un derecho tan olvidado como es el de acceder a la educación.

Y mientras rumiamos esta realidad, desde Palacio Nacional, nos enteramos de que el Sistema Nacional de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes (Sipinna) se desintegra para pasar sus funciones a un ente enorme y con otros fines como es el DIF. 

Aún se considera, sin un análisis de fondo, que todas las oficinas de ‘cosas relacionadas con niñez y jóvenes’ son lo mismo y sin ahorro de por medio se decide unificar funciones. 

Sipinna y el DIF fueron creadas para distintas funciones, con reglamentos diferentes y responsabilidades muy dispares. Parte del diseño del Sipinna -a nivel municipal, estatal y nacional- fue que organizaciones de la sociedad civil participaran y enriquecieran el trabajo de los gobiernos. Y eso ya no estará en el nuevo espacio a donde se muda.

Pero no importa, porque es ‘para niños’. Y lo dirigirá una periodista de ‘las mañaneras’ de un medio poco relevante pero con un enorme corazón. Su experiencia en temas de políticas públicas sobre derechos humanos e infancia no la encontré en ningún lado. 

Pero Sipinna molestaba. Ahí “hay organizaciones como la de Claudio X. González que nunca atienden a nadie”, dijo otra reportera de fijo en Palacio Nacional, para poner un poco de sabor al anuncio del fin de este Sistema.

Siempre hemos estado cerca de Sipinna, como activistas con Katia D’Artigues y como parte de la sociedad civil, y fuimos parte de discusiones sobre algunas políticas y reformas. Una de ellas fue la Estrategia Nacional de Educación Inclusiva. Justo esa que tan poco importa, la de los salmones que nadie ve, la de las cenicientas de las princesas.

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