Fotografía en blanco y negro de Katia D'Artigues.
Editorial

Cuidadores y cuidadoras: prepárense

Por Katia D’Artigues

Este próximo lunes los y las estudiantes del país regresan a clases, también los que tienen una discapacidad. 

A cinco meses del cierre de las escuelas y de la improvisación de un sistema de clases a distancia por televisión que no cumplía con las necesidades de, sobre todo, niños, niñas y adolescentes que necesitan una educación más personalizada, ¿qué propone ahora la SEP?

La respuesta es que se ha avanzado, sin duda, pero aún hace falta mucho.

Esta semana entrevisté a Gabriela Tamez Hidalgo, directora de Fomento Curricular, una funcionaria pública que lleva muchos años en la SEP tratando el tema de educación especial/ educación inclusiva. 

Si bien ya todos los programas -esperamos- tendrán un intérprete en Lengua de Señas Mexicana para la comunidad sorda, y el portal de Aprende en Casa -Educación Inclusiva ha ido creciendo con más materiales, aún no queda muy claro cómo se atenderán las necesidades de ciertos alumnos, sobre todo los que tengan discapacidad intelectual, trastorno del espectro autista o incluso que tengan, por su condición más necesidades de apoyo tecnológico (como comunicadores) o de personas para su movilidad.

Tamez fue muy sincera: nos tocará a los cuidadores y cuidadoras de personas con discapacidad la mayor chamba. 

Somos nosotras (porque la mayoría somos mujeres) las que tendremos que analizar la parrilla de programación, ver a nuestro hijo o hija, determinar si el programa le sirve, o no; si lo atrae, o no… e incluso proponer al maestro -si lo localizamos, espero que sí- que mejor vea otro programa y luchar porque la evaluación sea a ese nivel o con base a otros criterios como su proyecto de vida, lo que le sirve.

“Van a poder dosificar la educación”, me dice Tamez al hablar de la posibilidad de ver los programas en varios horarios e incluso de tomar estas determinaciones: que mi hijo Alan, digamos, vea contenidos no de Sexto de Primaria y sí de primero, por ejemplo.

Y suena bien… si tuviéramos algo más de formación pedagógica y solo nos dedicáramos a eso, casi casi. 

Pero también pienso en la cantidad de mamás y papás que regresan a trabajar (o no han dejado de hacerlo, como yo entenderé) y el malabarismo cotidiano que representa trabajar-hacer la comida-limpiar la casa-lavar la ropa y que ahora se tendrán que volver también auxiliares de educación y estudiar la parrilla de programación para ver con qué programa su hijo o hija aprende más. 

Me preocupa porque será agotador para muchas personas. Para las madres, para los padres y también para las familias que depositan, por necesidad, esto en otros hermanos, abuelos, abuelas o en la vecina. Y también por las familias que no tienen posibilidad alguna -las más- de teletrabajar, necesitan salir a buscar un sustento y ahora además, tendrían que hacer estos ajustes. ¿Podrán? Yo cada día escucho a más padres y madres que de plano ni lo intentarán y darán a sus hijos -que necesitan educación- un sabático forzoso.

Me preocupa la deserción escolar de un grupo que de por sí tiene ya un rezago educativo importante y que con esto podría retrasarse aún más lo que repercutirá, necesariamente en su futuro. Pero tampoco sé de alguna otra buena práctica internacional en el tema. ¿Ustedes sí?

Si es así cuéntenos y también cuéntenle a la SEP, que para eso ha abierto un correo para recibir dudas y sugerencias:

dudas.educacionespecial@nube.sep.gob.mx 


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