Fotografía en blanco y negro de Katia D'Artigues.
Editorial

¡Adiós, 2020 y gracias por los aprendizajes!

Por Katia D’Artigues

Hoy es nuestro último boletín de este año. Este 2020 sui generis trajo mucho dolor pero también aprendizajes y reflexiones.

Tras que el mundo se puso de cabeza por la pandemia de la Covid-19, se puso una suerte de lupa en las desigualdades preexistentes.

En nuestro tema, las personas con discapacidad fueron de las últimas en ser tomadas en cuenta para informarles de lo que estaba pasando, por ejemplo. Pese a que desde inicios de la pandemia se hizo énfasis en que no todas las personas -digamos alguien que necesita cuidados intensos y frecuentes- podría quedarse solo en el hospital al ser contagiado, sigue pasando. De ahí la importancia de movimientos como #NoSomosVisitas y #SíAlCoauxiliarDeSalud. También vimos pasar una reforma constitucional sobre derecho al Cuidado que se ha buscado durante años.

Vimos una explosión de información sobre salud mental -esa que ya nos afectaba a muchas personas-, pero que otras comenzaron a sentir como consecuencia del aislamiento, la falta de contacto y el miedo, entre otras causas. Aunque será un reto una atención clara, eficaz, accesible al menos dio visibilidad a un reto que era grande y ahora es enorme.

Pese a estar a distancia, el activismo siguió. Creo que un buen ejemplo fue parar la llamada #LeyBañuelos en el Senado y aunque surgió otra iniciativa sobre Salud Mental en la Cámara de diputados, logramos hacer -vía foros, expresiones en redes sociales- que las pcd psicosocial y expertos sean escuchados en el tema. (Gracias a la diputada Martha Tagle en particular por todo el apoyo al colectivo #SaludMentalConDerechos).

Nos quedó claro que hay una brecha enorme entre la educación de personas con y sin discapacidad. Si los niños sin discapacidad tuvieron enormes retos para seguir en la escuela, los y las estudiantes con discapacidad mucho más. No queda claro aún el porcentaje de deserción escolar que vivimos; lo sabremos en algún momento.

Aunque ha sido, para decirlo en buen español, un año muy cabrón algo he aprendido en lo personal (y quizá algunas personas se reflejarán en ello): en volver a valorar lo básico. La salud, la convivencia con las personas que amas, el agradecimiento de las cosas cotidianas.

Aunque yo he sentido que no he parado en lo absoluto y ha sido un año lleno de retos -de trabajo y emocionales, de verdaderas montañas rusas- también llevo 152 días seguidos de meditar. Aunque no puedo decir que es algo que ya he logrado (la meditación es una práctica, no una habilidad adquirida para siempre) algo que sí reflexiono todos los días es que hay cosas que sólo puedes ver y valorar si te detienes. Aunque sea literalmente unos segundos, una respiración.

Les mando un abrazo con mucho cariño especialmente para todas las personas, familias que este año despidieron a una persona amada que será especialmente extrañada en esta temporada. 

Los y las esperamos en el 2021. ¡Es un año para el que tenemos muchos planes! Ya les iremos contando. ¡Ojalá que todos lleguen a buen puerto!


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