Charla sin barrerasCultura

«En el México antiguo, el sol nació de un dios con discapacidad»

Fotografía doble. Del lado izquierdo está un hombre de edad madura, con saco gris, abierto, y camisa blanca. Tiene el brazo derecho doblado y con la mano se toca la barbilla. Usa lentes, tiene tez blanca y cabello oscuro peinado hacia atrás. A su lado hay un micrófono. Del lado derecho está una mujer, de cabello largo, café con rayos claros, y muy rizado, que peina de lado. Ella viste una prenda estampada, en color rojo y amarillo.

Dos académicos especializados en retórica de los pueblos indígenas, publican un libro en el que invitan al lector a voltear a ver a aquellas comunidades en México que han priorizado las capacidades colectivas.

Por Regina Moctezuma 

“Dificultoso es prever el porvenir; más seguro es echar una mirada al pasado”, es una frase que Pítaco de Lesbos, uno de los siete sabios griegos, pronunció hace 26 siglos, y que el doctor en Filosofía, Arturo Rocha Cortés, retoma para darnos un adelanto en exclusiva del libro “Percepciones sobre la discapacidad en México”, que escribió de la mano de la también doctora en la materia, Sandra Anchondo Pavón.

En las páginas de este libro, publicado por la Universidad Panamericana y Panorama, el lector encontrará una invitación a mirar hacia la propia cultura mexicana para atreverse a repensar, y quizá modificar, su propia percepción sobre la discapacidad. 

¿En qué momento ponen la primera piedra, la primera palabra, de esta obra?

AR: Sandra y yo nos hemos interesado desde siempre en la retórica de los pueblos indígenas. Ha sido una tierra común, franca y muy fértil donde hemos podido escribir. Nos interesó profundizar más en la construcción histórica de la persona con discapacidad (pcd) porque infortunadamente cuando se hace una declaración ética o técnica sobre las pcd, generalmente se les uniforma como si fuera lo mismo en una nación que en otra, en un contexto cultural, que en otro.
Por eso, con este libro buscamos centrar el análisis de las pcd en el horizonte de lo que ahora es nuestra nación mexicana: remontándonos al México antiguo, pasando por el México virreinal, llegando a temas más propios del México contemporáneo. 

SA: A mí personalmente me interesa mucho el tema de la discapacidad y de la vulnerabilidad humana en general. Me parece que está poco estudiado y tiene muy poco éxito este discurso en el mundo porque estamos enfocados en el de la competencia, del poder, de la productividad, incluso en esta idea de tener capacidades por encima de lo humano. Escribo pensando en todo esto y habiendo leído a Eva Kittay, una académica que expone que hace falta pensar la discapacidad sin los lentes de la tragedia, pero sobre todo hace falta volver a mirar a otras culturas para saber qué nos dicen sobre esto que nosotros hemos llamado discapacidad y sobre las diferencias funcionales, cognitivas y corporales, pese a que nuestra cultura antigua, la propia, tiene mucho que enseñarnos.

Me parece un enfoque muy interesante porque es cierto que acostumbramos mirar hacia otros lados, buscando las mejores prácticas en otros países cuando en nuestra propia cultura hay mucha sabiduría y experiencia. 

SA: Claro. Por eso en la portada, el mexicano antiguo está hablándole al contemporáneo. Se trata de un diálogo sobre cómo tendríamos que tomar distancia sobre lo que hoy consideramos como discapacidad para tener otras miradas distintas y darnos cuenta de que no necesariamente es un concepto fijo, sino que está en movimiento y tiene distintas formas.
Así que con este libro buscamos tener una foto panorámica para poder voltear hacia nuestra propia nación y ubicar qué es lo que hemos hecho, que es lo que arrastramos culturalmente como estigma, como prejuicio, y qué es lo que hemos construido.

Y esta foto panorámica, ¿incluye lo que podemos hacer mejor hacia adelante?

 AR: Buscamos hacer un reconocimiento de la discapacidad a lo largo de la historia de lo que ahora es México. Partimos del México antiguo donde la discapacidad no era vista como un castigo, ni como el resultado de alguna culpa, y donde la pcd no era relegada por no poder alimentar la estructura bélico-militar, como sí sucedida en la cultura griega o espartana, por ejemplo, donde si el individuo no nacía con suficiente salud y fuerza, había que llevarlo a la cumbre del Monte Taigeto y de ahí despeñarlo, incluso por la legislación que los regía. Y Platón nos habla de las Apóthetas, el lugar del abandono al que eran destinadas las pcd. Sin embargo, en el México antiguo, siendo una cultura igualmente militarista, sucedía lo contrario: la discapacidad representaba un vínculo con lo divino. Incluso, el mismo sol que alumbraría el mundo, tras una serie de creaciones sucesivas, era un numen (deidad dotada de un poder misterioso y fascinador) con una discapacidad motriz: Xólotl Nanahuatzin, quien tenía los miembros torcidos, fue el dios que se sacrificaría en Teotihuacán para convertirse en el sol del firmamento.
Es un hermoso simbolismo que, lejos de estar trillando un estereotipo de fuerza y potencia, nos anima a voltear a ver lo mucho que hay en nuestra propia historia.

¿Cómo influye la cosmovisión cristiana, que llega al México antiguo por medio de la Conquista, en esta positiva percepción sobre la discapacidad?

 AR: Cuando llegan los frailes evangelizadores se fortalece esta idea de que la discapacidad es una especie de castigo por una falta cometida, cuando esto no era así en el México antiguo. Incluso, el diminutivo en náhuatl se decía “-tzin” o “-tzintli” y no sólo era el diminutivo, sino el reverencial. Entonces podías llamar a un ciego “ixpopoyotzin”, es decir, “cieguito”, pero también “el venerable ciego”. Se decía exactamente igual en la retórica náhuatl lo pequeño y lo diminuto, que lo grande y lo venerable. Por eso una persona que estaba “disminuida en sus capacidades”, así entre comillas, no por eso era menos digno. Lo pequeño era lo reverente y lo reverente era también lo pequeño.

SA: En el libro sí abordamos cómo la percepción de la discapacidad pasa de esto que explica Arturo, a otra distinta por la interferencia de los frailes y luego hay claramente un paso a un modelo asistencial y caritativo donde la Iglesia se hace cargo de las personas huérfanas, de quienes tienen una diversidad funcional, de quienes no son acogidos por la sociedad. 

¿Existen hoy en día comunidades en donde prevalece esa percepción hacia la discapacidad?

SA: Sí, claro. Son comunidades con un modelo de interdependencia, de reciprocidad en donde se enfatizan las capacidades colectivas. Entonces una persona con o sin discapacidad es igualmente integrada a la comunidad porque todas las formas de vida son valiosas. Te digo esto pensando en una comunidad serrana de Oaxaca donde así son las cosas o en los tojolabales, en Chiapas, que hablan de una visión nóstrica, donde lo que cuenta es la comunidad, lo nuestro.

Me parece muy valiosa esta propuesta de no buscar estas buenas prácticas solamente afuera o en el pasado, sino en las comunidades donde siguen existiendo…

SA: Es la invitación que hacemos en el libro y el ir a las comunidades para ver cómo funcionan las cosas, es un trabajo que aún hay que hacer. 

¿Quiénes esperan que lean este libro?

SA: Antes que nada, me encantaría que haya muchas críticas, muchas preguntas. Yo lo veo como un buscapiés: a ver quién se enciende con esto. Quisiera que abogados, filósofos, historiadores se pongan las pilas y vean que es un tema donde hay un tesoro, que no se trata de pensar sólo en las pcd, sino en la humanidad. Yo querría que lo leyera todo el mundo. Me gustaría también que sea un detonador de otros trabajos que podamos hacer porque quedan muchos pendientes sobre este diálogo intercultural que nos puede arrojar mucha luz sobre quiénes somos como seres humanos. 

AR: Puede ser un libro para todos y para nadie, como lo dijo Federico Nietzsche sobre uno de sus libros, precisamente porque sabía que iba a abrir camino. ¿Por qué razón? Porque un libro dedicado a las percepciones sobre la discapacidad en México no es sólo para las pcd, sino un espejo de reconocimiento fraterno en el otro y muchas veces al contemplar a la persona con discapacidad, caemos en cuenta de nuestra propia discapacidad. Una discapacidad moral de no abrir los ojos, los oídos y el corazón a todas las personas de nuestra comunidad. 

¿Cuál consideran que es la principal aportación de este libro? 

SA: Creo que el plantear que la discapacidad se produce. Es decir, se trata de una producción que se da cuando una persona que tiene diversidad funcional o cognitiva interactúa con un medio que le pone barreras. La discapacidad se genera socialmente. Es algo que está latente pero queremos ser capaces de ver que no siempre ha sido así, que han habido y hay civilizaciones donde las pcd tienen una función social, que han sido vistas y reconocidas. No es un sueño utópico que no se puede conseguir porque ya ha sido. Es más bien invitar a los lectores a pensar que el futuro es el pasado. 

AR: La fórmula náhuatl para respeto, tlaca itta, quiere decir “mirar a la persona” y es lo que en muchas ocasiones no hacemos con las pcd. La palabra respeto es un verbo de visión. Por eso nuestro libro busca refrescar las vías de reconocimiento hacia las personas con discapacidad.
El libro contempla también una perspectiva internacional pues incluye un diálogo con académicas extranjeras cuyos planteamientos coinciden con la visión de los pueblos originarios, adelanta Anchondo. Se trata de teóricas que cuestionan el hecho de que la mayoría de las sociedades actuales consideren las capacidades, la competencia, la fuerza, la racionalidad como lo más valioso de los seres humanos, cuando es imposible ser racionales, capaces, productivos en todos los momentos de nuestra vida. En su lugar, explica, buscan un rasgo verdaderamente humano que todos compartimos: la vulnerabilidad, la fragilidad humana. “Este rasgo nos hace a todos los humanos dignos de ser cuidados y de cuidar, nos conecta con el amor, con la compasión. Todos somos vulnerables y por lo tanto interdependientes”, dice. 

Se prevé que esta obra esté disponible en librerías en diciembre de 2021

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