Charla sin barrerasSalud

«En México somos una sociedad sin empatía por el prójimo»

Fotografía del doctor Gregorio Katz, un hombre de edad adulta, cabello cano, barba cana, lentes cuyo armazón es de color negro, viste una camisa a cuadros de colores naranja con azul, mira fijamente la cámara con expresión seria, detrás de él hay un librero desenfocado.

Para el psiquiatra Gregorio Katz, la discapacidad en nuestro país está relegada y es invisible tanto por cuestiones de crianza como por temas culturales que nos hacen ponernos en primer lugar antes que los demás, algo que aplica incluso a los planes de gobierno.

Por Bárbara Anderson

Gregorio Katz Guss es un pionero en la psiquiatría infantil y de la adolescencia en México. Egresado de Medicina de la UNAM, decidió hacer su especialidad en esta materia, pero como no existía aún en 1967 un área como tal en el país, se mudó a la Universidad de Michigan en Estados Unidos. 

“Fue la mejor experiencia de mi vida, me encantaba ese lugar”, recuerda hoy desde su despacho a sus 80 años. “Incluso dediqué un año entero a la psiquiatría general con especialización en discapacidad intelectual. Pero entendí que lo que podía aportar de conocimiento en ese país era poquito versus todo lo que podía sumar en México”, recuerda. 

Y en 1973 armó maletas y regresó al país a impulsar un área de la psicología que era, todavía, embrionaria en el mundo académico: la psiquiatría infantil. Ese verano solo tuvo tres pacientes, dos niños y un adolescente. “Pensé que me iba a morir de hambre pero ya en septiembre de ese año comenzaron boca a boca a llegar más casos a su consultorio. La mayoría eran niños con discapacidad intelectual. 

Y tuvo una epifanía: acercarse a las escuelas Montessori a brindar su asesoramiento. 

“No sé si sabías, pero María Montessori fue la primera italiana en recibirse de médico, psicóloga y psiquiatra en Italia y su método educativo, tan famoso ahora, lo creó a partir de empezar a estudiar y a trabajar con niños con discapacidad”, me explica. La primera escuela con su modelo (Casa dei Bambini) se inauguró en Roma en 1907. 

Cuando Gregorio Katz trataba de sumar la importancia de la salud mental en los sistemas educativos, justo se encontraba en México Cato Hanrath, una pedagoga originaria de Holanda que era la directora de la Asociación Montessori Internacional (AMI) y quien avaló todos los primeros colegios con este método en el país. “Me ofrecí a trabajar gratis y dar clases a sus guías en el área del desarrollo infantil no normal y patológico y a ella le encantó la idea. Pasé los siguientes 25 años apoyando en la AMI”, afirma quien sigue dando cátedra aún en la UNAM, dando conferencias y publicando libros. 

Por aquellos años las escuelas Montessori comenzaron a recibir con su asesoramiento a alumnos con discapacidad sobre todo intelectual. 

Pero muchos niños no conseguían seguir sus estudios ni su independencia, y decidió crear un pequeño centro de atención multidisciplinaria, mismo que dirige desde hace 38 años: Capacitación y Desarrollo Integral A.C. (CADI) en Cuautitlán Izcalli, y luego el Centro Terapéutico Interdisciplinario (CETI) en Naucalpan. También fundó la Asociación Mexicana de Psiquiatría Infantil.

“Para llevar adelante este proyecto y buscando buenos terapeutas tuve la fortuna que llegara Mina a trabajar conmigo. Hoy es mi esposa y con ella llegaron dos hijos, Gina y Joaquín”, cuenta Katz. Joaquín, (hoy de 52 años), como un invisible hilo rojo del destino, tenía discapacidad intelectual. Días atrás publicamos su historia y la odisea por la que pasó para poder recibir su vacuna contra el COVID-19.

Si bien su especialidad era la psiquiatría infantil y en particular para niños con discapacidad intelectual, me imagino que Joaquín fue su inspiración para la creación de estos dos centros.

Definitivamente lo fue y lo sigue siendo en muchísimos aspectos. En aquel momento, en 1984 fundamos con Mina un programa que iniciamos con 19 chicos con discapacidad intelectual, todos ellos adolescentes. Al personal que teníamos en ese primer centro lo mandé yo de mi bolsillo a diferentes programas en Estados Unidos a especializarse en áreas específicas de trabajo educativo y de rehabilitación de personas con discapacidad intelectual. 

Fotografía del doctor Gregorio Katz, un hombre de edad adulta, cabello cano, barba cana que viste un saco de color azul menta y una camisa a cuadros rojos con líneas azules.

Usted ahora está dirigiendo CETI, ¿qué ofrece este centro? 

Es un centro terapéutico interdisciplinario donde todo está integrado: aquí tengo un terapeuta motor, un terapeuta del habla, un terapeuta de lenguaje, un terapeuta de áreas de aprendizaje, otro de manejo conductual. Aquí reciben toda la atención completa que necesitan durante cinco horas al día.

¿Recibe a alumnos con cualquier tipo de discapacidad? 

No, porque nuestra especialidad es la discapacidad intelectual. Y si las discapacidades son las cenicientas de la sociedad, la discapacidad intelectual es la cenicienta de las cenicientas.

Impresionante este concepto de ‘invisibles dentro de los invisibles’…

Los papás de niños con discapacidad intelectual no hablan de ellos, porque se avergüenzan de ellos, porque viven en una terrible frustración. Son niños estigmatizados y al no tener nada en su fisonomía que los identifique con alguna condición, es decir se ven normales, van creciendo como normales y hay una serie de expectativas en relación a la normalidad que ellos no pueden cubrir, entonces viene la desilusión, la desesperación, la agresión y el rechazo.

…como si fueran las fases del duelo

Son las fases del duelo. De hecho yo digo y lo he publicado, que cuando nace un niño con discapacidad los padres lo tienen que enterrar y vivir un duelo, para luego aceptar a este nuevo ser que no tiene nada que ver con el ser que durante nueve meses se imaginaron que iban a tener. En términos de psicología lo llamamos “la herida narcisista”: todos queremos tener al hijo perfecto. 

Ha sido pionero en la inclusión de niños con discapacidad intelectual, ¿cuánto ha cambiado el país en estos 38 años? 

La verdad es que no ha cambiado mucho. Si hablamos de salud mental, donde podemos incluir ya a pacientes con autismo, o a pacientes con problemas de aprendizaje ahí sí ha habido avances importantes en México. Y esto es gracias a que varios actores famosos que tienen hijos con autismo, se han animado a contar de ellos. 

¿Qué ha faltado en todo este tiempo para que exista inclusión educativa, por ejemplo?

En primer lugar, capacitación a maestros. No puedes integrar a nadie si los maestros no están preparados. Si bien se creó un grupo de maestros que se llama USAER (Unidad de Servicios de Apoyo a la Educación Regular) ya prácticamente están desapareciendo y además ellos tampoco  están capacitados. Esta es la primera razón por la cual no se ha podido llevar adelante ni una  inclusión ni una integración educativa. 

¿La inclusión social empieza en la escuela?

Así es y si bien ha habido intentos a nivel de escuelas particulares donde algunas de ellas han hecho programas, pero en general es excluyéndolos y no integrándolos. 

¿Por qué no importan de verdad las personas con discapacidad para los gobiernos en nuestro país, sin importar el partido que gobierne?

Yo creo que hay mucho miedo a tocar el tema y ante todo hay mucha ignorancia. No somos una sociedad empática hacia la discapacidad

¿Por qué?

Esto es 100% cultural. Porque la gran mayoría de los padres tienen la fantasía de que sus hijos deben ser su segunda versión corregida y aumentada, y esperan el hijo perfecto, el hijo que vaya a Harvard, el hijo futbolista o la bailarina del Ballet de Londres. Y predomina el sentimiento de excelencia, donde a pesar de que todos dicen que aprendemos más de los errores que de los aciertos, no hay niño que no madreen porque se equivoca, salvo algunas excepciones. En lugar de entender que el niño está aprendiendo y por ende se debe de equivocar.

Hay una repetición de la crianza: cuando nacemos todos los seres humanos nacemos con una serie de necesidades, tanto fisiológicas como afectivas, y hay muchos libros que hablan de cuáles son las necesidades del primer año de vida de los niños, lo que sea, los padres anteponen sus expectativas a las necesidades de los hijos. Y en esta dinámica, donde prevalece la expectativa sobre la necesidad, es donde vamos creando los trastornos de personalidad en la población y México es un país que tiene un nivel de trastorno de personalidad elevadísimo. Sino no tendríamos los problemas que estamos viviendo a nivel político, a nivel de seguridad, a nivel de lo que sea. Somos una sociedad que no tenemos empatía por el prójimo porque anteponemos mi necesidad, o mi expectativa, o mi deseo a los del resto de la sociedad

El famoso “me vale”…

O el famoso “más vale pedir perdón que pedir permiso”, o el famoso “prometer no empobrece”. La gente piensa en ella misma primero y eso tiene que ver con la crianza a nivel de fenómeno sociológico, más que psicológico individual. Y esto no va a cambiar, y no ha cambiado. Para que la educación cambie y sea inclusiva se requiere de toda una generación. 

¿Cómo debería de ser la educación en México para lograr real inclusión? 

Yo decía, en una de mis mafufadas, que si me ofrecieran ser presidente de la República no lo aceptaría, si me ofrecieran ser Secretario de Salud no lo aceptaría, pero si me ofrecieran ser Secretario de Educación sí aceptaría. Sin embargo, no lo podría aceptar porque el sindicato nunca me lo permitiría, y ese es uno de los gravísimos problemas de la educación: el poder que tienen los sindicatos -que ahora son dos- sobre maestros más que sobre todo lo demás. 

¿Por dónde se empieza?

En primer lugar, la capacitación de los maestros. Y no puedes cambiar las cosas si los maestros no tienen una mejor formación, y con formación hablo de todo: incluir materias que tienen que ver con el desarrollo infantil, lo que recibían las guías Montessori. Hay que formarlos para que puedan entender quién es el niño, y cómo identificar cuando hay alguna situación que no le está permitiendo estar bien, funcionar bien, cómo intervenir en estos casos. Y esto  nunca ha existido en México. Una vez presenté un proyecto de inclusión educativa para alumnos con discapacidad intelectual a un gobierno estatal que lo terminó archivando. Cuando yo les pregunté porqué no lo iban a aplicar, me dijeron en corto: ‘lo que usted propone, doctor, costaría una cantidad de dinero que nosotros no estamos dispuestos a invertir en estas personas que no sirven para nada’.

¿Cuál es su balance de estas casi cinco décadas en que decidió regresar a México? 

Mi aporte en primer lugar, fundé la Asociación Mexicana de Psiquiatría Infantil. Con CADI hice un modelo que requería ser replicado en muchos lugares para poder trascender aunque no lo logré. Formé personal para trabajar con alumnos con discapacidad, creé un programa para ayudar a los papás con todos sus problemas emocionales. 

¿Cuántos psiquiatras infantiles hay en el país? 

Hay muy pocos, verdad, todavía, somos alrededor de 205, que para un país como México es una ridiculez.

¿De qué tamaño es la población de niños que necesitan atención a su salud mental?

Muy grande. Puedes calcular que el 10% de la población requiere de atención psicológica o psiquiátrica y yo creo que en México podemos hablar hasta de un 15%.

¿Cuál es el mejor consejo que le da a los padres del niño con discapacidad intelectual?

Para los padres de cualquier ser humano con y sin discapacidad hay tres condiciones fundamentales que deben cumplir para que puedan tener hijos felices: ser aceptados, tener un grupo de pertenencia y ser productivos. Eso aplica a ti, a mí y a cualquier persona. 

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