Fotografía de Jean Maggi, un hombre de edad adulta, cabello castaño oscuro con algunas canas, barba de tipo candado con vello facial de color blanco, viste un overol azul de cuerpo completo y se encuentra suspendido en el aire con ambos brazos abiertos de par en par, su rostro queda frente a la cámara como si estuviera volando, detrás de él hay una especie de búnker metalico de color blanco con seis asientos acolchonados de color azul marino.
Charla sin barreras

“Disfruto de las nuevas sensaciones de un cuerpo que estuvo preso en mi mente”: Jean Maggi

Acaba de graduarse como astronauta civil en el Nastar Center. Nada frena a este argentino que ahora es embajador de AstroAccess, la organización que quiere volver accesible los viajes estelares.

Por Bárbara Anderson

No es la primera vez que entrevistamos a Jean Maggi (58 años), porque es una persona que siempre está a kilómetros o, ahora, a miles de pies encima de todos los demás con sus proyectos. 

Si no conocen su historia, vale mucho la pena el documental de Netflix “El límite infinito”, donde la sensibilidad de Juan José Campanella pone en la pantalla su vida de una manera deliciosa e inspiradora. 

Jean se contagió de poliomielitis cuando tenía un año en Córdoba (Argentina) y su crisis de la mediana edad, a los 37 años, lo sorprendió con un infarto que lo dejó al borde de la muerte, pero al filo de una nueva y aventurera vida. 

La nueva chance del destino, ese freno cardíaco, lo volvió una persona diametralmente diferente: se volvió un deportista de alto rendimiento, corrió maratones con una bicicleta adaptada y comenzó a ponerse metas muy altas. La primera tan alta como el pico del Khardung, el más alto de los Himalayas al que se puede acceder en bicicleta.

Pero sus ojos estaban puestos mucho más arriba: en el espacio. 

Fotografía de Jean Maggi, un hombre de edad adulta, cabello castaño oscuro con algunas canas, viste un overol azul de cuerpo completo y se encuentra suspendido en el aire con dos bastones de color negro, igualmente suspendidos en el aire, detrás de él aparece un grupo de personas vestidas con overol azul marino, un poco difuminadas en segundo plano, todos están dentro de una especie de búnker metálico de color blanco.

Después de un intenso entrenamiento, acaba de graduarse como astronauta en el  National Aerospace Training and Research (NASTAR) Center, el primer paso ‘sin gravedad’ rumbo a su meta de ser el primer astronauta con discapacidad en estos tiempos donde los viajes espaciales han vuelto a estar en el candelero sobre todo de empresas privadas. 

Y además logró convertirse en embajador de AstroAccess una iniciativa de la asociación SciAccess lanzada en 2018 para “inspirar, desarrollar y promover enfoques innovadores para el acceso equitativo a la ciencia”. Este grupo de científicos se alió con Zero Gravity Corporation (ZERO-G) para diseñar un plan conocido como Mission: AstroAccess, para que pcd puedan entrenarse en Gravedad Cero, y ser elegibles para misiones espaciales científicas o en los nuevos viajes comerciales al espacio que prometen los empresarios Richard Branson con Virgin Galactic, Jeff Bezos con Blue Origin y Elon Musk con SpaceX.

Capacitación técnica y física mediante, el 23 de agosto pasado en Filadelfia (Estados Unidos) pudo por primera vez volar ingrávido en la panza de un avión 727 a 37 mil pies de altura. Allí pudo en lapsos de 30 segundos flotar. “Pasaron 50 años para pararme y 9 años más para poder saltar. No pierdas la paciencia, todo llega tarde o temprano”, puso en su cuenta de Instagram (@jeanmaggiok) cuando aterrizó. Y su sueño está más cerca que cuando veía en 1969 llegar a Apollo 11 a la Luna.

Fotografía de Jean Maggi, un hombre de edad adulta, cabello castaño oscuro con algunas canas, barba de tipo candado con vello facial de color blanco, la fotografía está posicionada en contrapicada y solo se alcanza a apreciar su torso y rostro, viste un overol azul encima de una playera negra que dice “El límite infinito”, él se encuentra abriendo el overol para dejar ver el mensaje en su playera, detrás, en segundo plano se encuentra la cola de un avión de color negro con una G de color azul estampada en el.

¿Cómo nació tu idea de ir al espacio? ¿Hubo alguna ‘epifanía’ que puso esa meta en tu cabeza?  

A mis 7 años el hombre pisaba la Luna y todos los niños fantaseaban con ser astronautas. Luego vino Steve Austin, el Hombre Nuclear, que también era astronauta y tras un accidente le ponen una pierna biónica… yo quería sus piernas. Pero el sueño toma fuerza cuando en 2012 Virgin Galactic anuncia que llevará a civiles al espacio. Eso fue mucho antes de mi viaje a los Himalayas. Y recién me paraba yo con mis piernas biónicas. Ya estaba haciendo mucho deporte y comencé a seguir de cerca este proyecto. 

¿Cómo empezaste la búsqueda de ‘cómo sí’ conseguir esa meta?

Mandé cientos de e-mail pero la discapacidad era un obstáculo. No solo a Virgin Galactic, después aparecieron SpaceX y Blue Origin. Pero el tema recurrente era la discapacidad. Finalmente el año pasado mandé una copia del documental “El límite infinito” y ese fue el pasaporte a que las tres compañías me abrieron sus puertas. Algunas más entusiasmadas que otras. 

¿Cuánto tiempo de entrenamiento le dedicaste a este proyecto? 

Mi cuerpo está entrenado desde el 2003, cuando corrí mi primera maratón en Nueva York y desde ahí siempre estuve en alto rendimiento. Lo que hago es adaptar los entrenamientos de acuerdo al desafío, pero lo grueso viene de antes. En este caso hay mucho entrenamiento que tiene que ver con la respiración y con mantener tu cabeza en calma ya que te vas a subir a una nave que va a 4,500 km/h. Entrené en Nastar Center las fuerzas G. Vale un Jet L39 y recientemente la Gravedad Cero con un vuelo parabólico

Fotografía de Jean Maggi, un hombre de edad adulta, cabello castaño oscuro con algunas canas, barba de tipo candado con vello facial de color blanco, que viste un overol de cuerpo completo de color negro con el logotipo de la NASA bordado de lado izquierdo a la altura del corazón. Jean se encuentra sonriente frente a la cámara mientras toma con ambas manos un folder de color amarillo con un certificado dentro, a su izquierda se encuentra un señor aparentemente más alto que él, pues la fotografía solo capta de la cintura al rostro de Jean y su acompañante, el otro hombre viste una camisa de color gris claro y pantalón de vestir de color negro, tiene tez morena, cabello castaño oscuro con algunas canas, y señala el reconocimiento de Jean.

Ahora serás parte de un proyecto incluso mayor que es el formar parte de AstroAccess, ¿de qué se trata esta iniciativa?

AstroAcces es una organización que busca que el espacio sea accesible. Tal vez esto que no logramos en la Tierra lo podamos hacer allá. Hoy está focalizada en seleccionar futuros astronautas con distintas discapacidades. 

¿Cuál es tu rol en esta organización? 

Seré un embajador y me sumaré a los entrenamientos como asesor ya que vengo un poco adelante en esto de ir al espacio, porque mucho de lo que van a hacer los seleccionados yo ya lo hice.

Te vimos volar a 37 mil pies de altura en el interior un avión que logra la gravedad cero, ¿cuál fue el primer pensamiento que tuviste en ese momento?

Cada vez que hago cosas disruptivas -porque la gente no está acostumbrada a ver pcd en ese escenario- disfruto mucho el después. El momento lo vivo con mucho disfrute,  por las nuevas sensaciones que experimenta este cuerpo libre que en algún momento estuvo preso en mi mente.

Fotografía de Jean Maggi, un hombre de edad adulta, cabello castaño oscuro con algunas canas, viste un overol azul de cuerpo completo y se encuentra suspendido en el aire, saltado, con dos bastones de color negro en ambas manos, detrás de él aparece un grupo de personas vestidas con overol azul marino, un poco difuminadas en segundo plano, todos están dentro de una especie de búnker metálico de color blanco.

Lejos del cielo pero cerca del piso, estás es una cruzada por entregar 1,000 bicicletas adaptadas este año en Argentina a través de tu Fundación, ¿cómo viene esa campaña? ¿cómo lograste no solo darle ruedas a pdc sino también un trabajo? ¿Tienes apoyos oficiales o solo donativos particulares? 

Ya durante el año entregamos muchas bicicletas: no recuerdo exacto el número pero más de 150 seguro. Lo que buscamos es entregar 1,000 más. No es un número aleatorio: son todas las solicitudes que la Fundación tenía al momento de decidir largar la campaña. Un día saludé a la mamá de Daii, una joven que había perdido la vida, y fue una de las primeras bicis que entregamos. La respuesta de la madre a mi saludo fue “cracias por darle alas a Daii y sacarla de la silla de ruedas” en referencia a la bici. No dudé un instante y me dije “no sé como pero voy a entregar todas las bicis”.

También esto es muy bueno porque activa la fábrica exponencialmente. Algo que no logro yo sino que lo que hacemos es despertar el potencial del otro: ya no escucha que es un pobrecito, ahora escucha ‘vamos a fabricar 1,000 bicis’. 

Tenemos apoyo de toda la sociedad porque somos serios y la gente ve las bicicletas adaptadas y cómo transformamos vidas en la calle.

¿Tienes pensado escalar la fundación a otros países?

¡Claro! Y al espacio, ¿por qué no? Jaja. 

Ya estamos en Estados Unidos y, si tenemos en cuenta que la piedra fundamental de la fundación fue el Himalaya que es la piedra más grande del planeta, ¿Por qué no vamos a hacer la Fundación más grande del planeta?

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