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Hay 2,500 millones de personas sin tecnología de asistencia revelan la OMS y Unicef

Joven con parálisis cerebral con una pantalla y un control remoto para comunicarse.

Debido a factores como el envejecimiento de la población a nivel mundial, 3 mil 500 millones de personas requerirían de estos productos en 2050.

Por Carlos Tomasini

Más de 2 mil 500 millones de personas necesitan uno o más productos de asistencia, como sillas de ruedas, audífonos o aplicaciones que apoyan la comunicación y la cognición; sin embargo, a casi mil millones de ellas se les niega el acceso, particularmente en países de ingresos bajos y medianos.

Estos datos surgen del Informe Global sobre Tecnología de Asistencia, presentado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef).

“La tecnología de asistencia cambia la vida: abre la puerta a la educación para niños con discapacidades, el empleo y la interacción social para adultos que viven con discapacidades, y una vida independiente y digna para las personas mayores”,

declaró  Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la OMS, durante la presentación del estudio.

“Negar a las personas el acceso a estas herramientas que cambian la vida no solo es una violación de los derechos humanos, es una falta de visión económica. Hacemos un llamado a todos los países para que financien y prioricen el acceso a la tecnología de asistencia y brinden a todos la oportunidad de alcanzar su potencial”, recalcó.

De acuerdo con el informe, la cantidad de personas a nivel global que necesitan uno o más productos de asistencia aumentaría a 3 mil 500 millones en 2050 debido al envejecimiento de la población y al aumento de la prevalencia de enfermedades no transmisibles.

La directora ejecutiva de Unicef, Catherine Russell, advirtió que en todo el mundo viven alrededor de 240 millones de menores que tienen alguna discapacidad, por lo que negarles el acceso a los dispositivos que necesitan para prosperar los priva -a ellos, a sus familias y a sus comunidades- de todo lo que podrían aportar.

“Sin acceso a la tecnología de asistencia, los niños con discapacidades seguirán perdiendo su educación, seguirán expuestos a un mayor riesgo de trabajo infantil y seguirán estando sujetos al estigma y la discriminación, lo que socavará su confianza y bienestar”, subrayó.

El informe también indica que existe una importante brecha, ya que, entre 35 países analizados, el acceso a estas tecnologías varía de 3 por ciento en las naciones más pobres a 90 por ciento en los países ricos.

Asimismo, alrededor de dos tercios de las personas que tienen productos de asistencia aseguraron que ellas mismas los pagaron, mientras que otros informaron que dependían de familiares y amigos para apoyar financieramente sus necesidades.

Joven con discapacidad motriz comunicándose a través de un teclado interactivo.
Los tableros para comunicación aumentativa son una herramienta necesaria para estudiar y trabajar.

Una encuesta entre 70 países, también incluida en el informe, encontró grandes brechas en la prestación de servicios y la fuerza laboral capacitada para la tecnología de asistencia, especialmente en los dominios de la cognición, la comunicación y el autocuidado.

Encuestas anteriores publicadas por la OMS apuntan que se necesita mayor conciencia y precios asequibles de estos productos, además de que existen barreras como la falta de calidad y desafíos de las cadenas de suministro para hacerlos llegar a quien los necesita.

“El acceso a la tecnología de asistencia para los niños con discapacidades suele ser el primer paso para el desarrollo infantil, el acceso a la educación, la participación en los deportes y la vida cívica, y la preparación para el empleo como sus compañeros. Los niños con discapacidades tienen desafíos adicionales debido a su crecimiento, que requiere ajustes o reemplazos frecuentes de sus productos de asistencia”, explica el informe.

Entre las recomendaciones concretas que se hacen se encuentran incluir tecnología de asistencia en las respuestas humanitarias, invertir en políticas basadas en datos y evidencia, así como apostar por investigación, innovación y un ecosistema propicio.

“Las personas que necesitan tecnología de asistencia incluyen personas con discapacidad, personas mayores, personas con enfermedades transmisibles y no transmisibles, incluidas las enfermedades tropicales desatendidas, personas con problemas de salud mental, personas con deterioro funcional gradual o pérdida de la capacidad intrínseca y muchas personas afectadas por crisis humanitarias”, aclara el reporte.

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