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¿Quién dice cómo se dice?

Fotografía de Ágata Székely

En la comunidad de personas con discapacidad, la decisión de cómo nombrar y cómo nombrarse está en constante evolución.

Por Ágata Székely 

En la lucha por los derechos de cualquier colectivo vulnerable, se ha establecido desde siempre pero recientemente un poco más, que forma también es fondo. Esto es: cómo se nombran las cosas, las personas y los desafíos, tiene una carga especial de significado, de ideología, de posición política, de perspectiva positiva o negativa de una situación.

Por esto, por ejemplo, ya existe cierto consenso y ya no nos referimos a alguien como “inválido” (porque es peyorativo y el valor de alguien no se mide por si puede o no caminar), o no decimos que fulanito “padece” tal condición sino que “vive con” esa tal condición. Se busca no estigmatizar y no reducir a una persona a una etiqueta y se avanza con el objetivo de incluir todas las aristas de la diversidad. Hemos dado cuenta de esta búsqueda minuciosa en nuestro diccionario descargable

Sin embargo, a pesar de los avances, no está dicha la última palabra sobre qué palabras deberíamos usar. Esta semana, a propósito del Día de la Concienciación sobre el Autismo, exploramos justo un ejemplo de las diferencias de puntos de vista entre las personas que viven con el espectro.

Algunas organizaciones siguen prefiriendo “personas con autismo” pero otros señalan que no hay nada de malo en decir simplemente “autistas”, que es obvio que son personas y que el “con” está de más porque la condición no es un accesorio del que alguien puede desprenderse.

Ciertos activistas, además, afirman que esa manera de nombrar “fue impuesta” de manera verticalista por entidades de intenciones cuestionables (que buscan por ejemplo “curar” el trastorno cuando este no es una enfermedad sino una manera de ser). Entre los miembros de la comunidad hay diferencias también.

En una entrevista, una mujer autista (así se nombra ella) me comentó que decir “discapacitado” no está en desuso y que las personas que evitan el término, “son capacitistas con ellas mismas, niegan su discapacidad”. En acotaciones en redes hemos recibido sugerencias tal vez sutiles (¿o no?) como una invitación a cambiar “movilidad limitada” por “movilidad reducida”.

¿Cómo incluir todas las opiniones, el crisol de subjetividades, respetando a todas y cada una de las perspectivas sobre discapacidad? y ¿Cómo evitar que estas discusiones necesarias no se vuelvan letra hueca, corrección política sin sustancia? La respuesta está en construcción. Para abordar el tema es importante, creo, ser flexibles, aceptar que no hay nada escrito en piedra, que podemos acordar estar en desacuerdo si siempre la búsqueda de derechos va por delante.

También habría que considerar la horizontalidad, que no haya un mainstream encargado de poner los nombres sino que los nombrados decidan sus denominaciones a gusto, según sus percepciones y vivencias y estas sean consideradas en esta conversación en constante evolución.

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