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¿Qué hacer cuando la discapacidad origina depresión?

Fotografía de la espalda desnuda de una mujer delgada, joven, que se encuentra recargada sobre una pared con ambas manos en la cabeza, se alcanza a apreciar los primeros seis discos de su columna vertebral y tiene el cabello de color castaño oscuro recogido en un chongo.

Hoy 13 de enero se conmemora el Día Mundial de la Lucha contra la Depresión.

Por Teresa Peón y Nava

Cuando María Luisa Ortega recibió la noticia de que no volvería a caminar a causa de una lesión ocasionada por un accidente vial, no vislumbraba qué tanto cambiaría su vida.

Hoy, a cinco meses del evento, la joven de 29 años no solo no recupera la alegría por vivir que la caracterizaba, sino que insiste en que habría sido mejor no sobrevivir.

“La depresión en la que cayó desde el accidente le ha impedido rehabilitarse o conservar parte de su vida”,

dice Olga, su madre, quien admite que no sabe cómo manejar la situación, pese a que cuenta con asesoría profesional.

En una breve charla por videollamada, una concesión que sorprendió en su entorno familiar, María Luisa dice que no está lista para enfrentar a un mundo que no se parece nada al que recuerda, aun con la pandemia.

Incluso en el confinamiento, ella mantenía la comunicación con sus amigas y amigos a través de redes sociales, pero terminó esa práctica y apenas dejó el hospital cerró todas las cuentas que tenía y apagó su teléfono, reacia a recibir llamadas.

Tampoco quiere salir de su recámara y solo ve pasar los días porque, admite, no tiene ni el deseo ni la intención de activarse y empezar a realizar alguna de las actividades que le proponen sus padres y su hermano menor.
Los médicos y terapeutas a los que ha recurrido la familia coinciden en que, además del shock causado por el accidente, la joven administradora desarrolló un cuadro depresivo que no admite.

Una consecuencia “natural”

“La depresión no está ‘en la cabeza’ de quien la tiene. No es un signo de debilidad personal, y no es causada por la pereza o la falta de fuerza de voluntad. Es una enfermedad real con causas reales”, cita un estudio sobre el tema publicado en Depression and Disability.

El artículo sugiere que, cuando la persona con depresión no encuentra una salida ni acepta tratamientos, sería conveniente que le facilitaran el contacto con otras personas que hayan vivido una experiencia similar porque podría sentirse mejor entendida.
“Un grupo de autoayuda suele ser una muy buena opción”, afirma el estudio.

En el caso de personas que han vivido una experiencia como la de María Luisa, la depresión se explica por la sensación de que se pierde la capacidad de participar en actividades importantes de la vida como el trabajo o realizar tareas cotidianas, como salir de compras o ir a visitar a los amigos. 

“Al no tener la fuerza, la resistencia, u otras habilidades necesarias para hacer lo que quieren hacer, cuándo y cómo desean hacerlo, puede hacer que las personas se sientan frustradas, enojadas o impotentes”.

No siempre es igual

La depresión es definida por el área de psiquiatría de la Organización Mundial de la Salud como “un trastorno del estado de ánimo, transitorio o permanente, caracterizado por sentimientos de infelicidad, abatimiento, culpabilidad y por la incapacidad que sienten de disfrutar de las cosas, también acompañados de ansiedad”.

Sin embargo, expertos establecen diferencias entre la llamada depresión clínica común y el  trastorno depresivo mayor.
“Mientras que la primera suele tener repercusiones menores y es transitoria, el trastorno depresivo mayor es una enfermedad mental que reduce de forma directa la esperanza de vida de una persona y que puede provocar incluso el suicidio”, cita la fundación Juan XXIII en un artículo publicado en su blog.
La depresión grave se caracteriza por la pérdida del placer en actividades que antes gustaban, un estado de ánimo invasivo y una autoestima muy baja.

Paso a paso: el proceso de asimilar una discapacidad adquirida

Una situación como la que vive María Luisa Ortega no resulta poco común entre personas que de forma súbita y por distintas maneras adquieren una discapacidad.
Sin embargo, sí debe dársele atención profesional porque una condición de salud mental como la depresión puede derivar en otra discapacidad, aunque ahora sería adicional, indica el Observatorio Estatal de la Discapacidad.

El proceso de asimilación de la discapacidad adquirida pasa por una serie de fases que bien podríamos relacionar con las fases del duelo. Como bien explica la Federación de Ataxias de España (FEDAES), la discapacidad adquirida tiene un impacto mayor cuando se está viviendo una fase evolutiva. 

  • Fase 1: Incertidumbre. La preocupación y la confusión son los síntomas más característicos, ya que no se sabe cómo evolucionará la discapacidad y cómo puede afectar en el futuro. En este punto es normal hacerse preguntas como ¿por qué a mí? o ¿qué me va a pasar?
  • Fase 2: Shock. La persona es capaz de ver que tiene una discapacidad adquirida que le ha cambiado la vida por completo. Esto le causa un aturdimiento que puede durar desde unos días hasta unas semanas. Es como si no se creyese lo que le está pasando.
  • Fase 3: Negación. Es una reacción normal que ayuda al individuo a protegerse. Esta fase se resolverá siempre y cuando no llegue a interferir con los diferentes tratamientos, como la rehabilitación. 
  • Fase 4: Pena. El paciente es consciente de lo que le sucede y del cambio que ha supuesto la discapacidad adquirida en su vida. Esto lo entristece y le puede provocar una bajada de autoestima. Incluso, puede que se niegue a salir de casa y que se aleje de sus seres queridos. 
  • Fase 5: Aceptación. Es cuando la persona reanuda y hace su vida, trabaja, queda con sus amigos, siendo consciente de sus nuevas condiciones y del cambio que le ha supuesto la discapacidad adquirida.

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