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¿Por qué estudié Psicología Educativa?

Fotografía a blanco y negro de Juventino Jiménez, un hombre de edad media, rostro ancho, ojos grandes, cabello corto y lacio, lleva puesta una chamarra abierta con una playera debajo.

Gracias a esta maravillosa profesión, hoy puedo trabajar un sin fin de temas y acciones para sembrar esperanzas y cultivar proyectos colectivos al lado de grandes aliadas y aliados de la vida.

Por Juventino Jiménez Martínez

Definir la profesión que vas a estudiar no es tarea fácil, pero todavía más complicado es quedarte en la licenciatura y universidad de tu preferencia. 

En mi caso, deseaba con toda el alma ser músico o abogado; lo primero, para poder ser director de una gran banda filarmónica de mi pueblo, lo segundo para hacer justicia en una sociedad inequitativa. El final de ese sueño fue no ser ninguna de las dos cosas, ni músico, ni abogado.

Transcurría el último año del noveno decenio del siglo XX, estaba por concluir el bachillerato en el Colegio de bachilleres Plantel 17, era el momento de realizar los exámenes de admisión a la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), con la esperanza de quedarme en la facultad de derecho, sin embargo, me admitieron  hasta el quinto examen, pero esa es otra historia. También intenté ingresar a la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), a la licenciatura en Política y Gestión Social, por supuesto tampoco me quedé.

La tercera opción fue estudiar ciencias políticas en el Centro de Investigaciones y Docencias Económicas, (CIDE), un sistema educativo bueno, pero rígido. Por supuesto, no aprobé sus pruebas de admisión. 

Está claro que no estaba en mis planes estudiar Psicología, sin embargo un amigo me habló de la Universidad Pedagógica Nacional (UPN), y sobre la relevancia de la educación para transformar el contexto en el que habitamos. Decidí explorar la oferta de dicha institución, entre sus carreras estaba la licenciatura en Psicología Educativa y después de debatir conmigo mismo entre estudiar esta profesión o la de Pedagogía, opté por la primera el mero día del registro para  el examen de admisión. Así  se empezaba a escribir parte de mi historia profesional.

La Psicología educativa no era la carrera de mis sueños, ni me veía ejerciendo esa profesión. Los primeros dos años fueron una tortura porque no encontraba sentido a las materias ni a los textos que me dejaban leer, solo estudiaba para aprobar el semestre. 

Fue hasta el tercer año cuando logré asimilar la relevancia de esta disciplina para mi proyecto de vida.

Entendí que no existe la casualidad, sino la causalidad. La psicología educativa y un servidor nos hacíamos fieles aliados para emprender el vuelo hacia nuevos horizontes y hacer justicia al compás de los sueños y anhelos.

Gracias a esta maravillosa profesión, hoy puedo trabajar un sin fin de temas y acciones para sembrar esperanzas y cultivar proyectos colectivos al lado de grandes aliadas y aliados de la vida.

A su vez, agradezco a esas instituciones de educación superior la oportunidad de vivir la experiencia de realizar sus exámenes de admisión, porque así pude conocer lo inaccesibles que son para las personas con discapacidad, hay mucho trabajo pendiente en esa área.

Finalmente, invito a los jóvenes con y sin discapacidad, a que luchen por sus sueños profesionales, atrévanse a explorar todas las carreras disponibles en las Universidades Públicas de nuestro país. 

¡Miren hacia el desierto árido, donde los demás no quieren sembrar, ahí con su esfuerzo y tenacidad, lograrán cosechar grandes éxitos!

Recuerden que: #EstáChidoSerIncluyente

*Juventino Jiménez Martínez, psicólogo educativo, indígena Ayuujk con discapacidad visual.

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