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Perdona nuestras ofensas

Protagonistas de la película 'Perdona nuestras ofensas", una mujer hablando con un joven recostado en su cama.

Un cortometraje sobre el destino de las personas con discapacidad en la Alemania nazi.

Por Carlos Celis

En 1939, a las puertas de la Segunda Guerra Mundial, 300 mil personas con discapacidad fueron asesinadas en Alemania, y otras 400 mil esterilizadas sin su consentimiento, como parte del programa Aktion T4, que Adolf Hitler implementó en busca de imponer la eugenesia y la higiene racial. Muchas de las víctimas fueron niños.

“Si cuesta tanto dinero cuidar a esta gente, ¿qué hacemos?”, pregunta uno de los personajes del cortometraje Perdona nuestras ofensas. “Los matas”, le responden con indiferencia.

Un escalofrío recorre la piel del espectador al escuchar tal afirmación y sentir esta escena como algo vigente.

El gobierno de la Alemania nazi consideró factible deshacerse de todos aquellos individuos que no cumplieran con los estándares de la supremacía aria, aunque formaran parte de su propia raza, por lo que miles de personas con discapacidades intelectuales, trastornos de desarrollo y otras discapacidades físicas y problemas de salud mental, fueron utilizados como conejillos de indias para desarrollar tecnologías como la cámara de gas.

En el fondo había intenciones aún más oscuras, pues esta operación secreta y encubierta bajo el concepto de “eutanasia”, pretendía ahorrarle dinero al gobierno de Hitler que, de otra forma, debió ser encauzado a la atención de la salud de las personas con discapacidad. Incluso, los medios de comunicación de la época que difundían la propaganda nazi, se encargaron de normalizar estas medidas ante la opinión pública.

Perdona nuestras ofensas es un cortometraje de 13 minutos que se estrenó en la plataforma de Netflix este mes y que rápidamente se volvió parte de la conversación en temas de discapacidad alrededor del mundo. El caso del exterminio en Alemania a raíz del programa Aktion T4 es una historia muy olvidada que, sin embargo, dejó un precedente importante en lo que se refiere a políticas públicas en el sector de la salud.

Se trata de una producción estadounidense de la directora emergente Ashley Eakin, ganadora de la beca New York Women in Film: Loreen Arbus Disability Awareness Grant de la American Film Association, por su experiencia personal con la displasia esquelética y la promoción de temas relacionados con la discapacidad en sus anteriores trabajos.

El protagonista de este cortometraje es Knox Gibson, el niño australiano que antes ha participado en comerciales y videos musicales, y que se ha enfocado en el modelaje y la actuación tras un accidente donde perdió un brazo a la edad de 4 años. Además de aparecer frecuentemente en televisión, hace trabajo de activismo como defensor de las personas que viven con alguna discapacidad.
Perdona nuestras ofensas nos recuerda la importancia de no quedarnos callados, de hermanarnos con las minorías y defender la vida de todos y de todas.

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