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No todas las violencias hacia las mujeres importan en igual medida

Fotografía Mariana Diaz Figueroa

Es urgente ver el tema de la violencia de género desde una perspectiva de discapacidad.

Por Mariana Díaz Figueroa*

Verdaderamente no todas las violencias hacia las mujeres importan en igual medida, algunas son naturalizadas e incluso justificadas cuando hablamos de mujeres con discapacidad. Se acepta, por ejemplo, que se les infantilice, que alguien más decida sobre sus bienes y sus cuerpos, que sean esterilizadas, que su palabra se ponga en duda cuando enfrentan una situación de violencia sexual, (cuestiones que serían impensables en muchos casos de mujeres sin discapacidad).

Esto sucede porque hace falta ver el tema de la violencia de género desde una perspectiva de discapacidad, mientras esto no suceda, se seguirán permitiendo conductas profundamente violentas pero que no pueden ser perseguidas ni sancionadas.

Por otro lado, es importante reconocer que, en muchas ocasiones, las mujeres con discapacidad requieren de apoyo para realizar actividades en su vida cotidiana (como bañarse o comer). Precisamente, el problema radica en que los propios familiares o las personas que realizan estos apoyos son quienes violentan a las mujeres y lo más preocupante de todo es que están condenadas a seguir conviviendo con sus agresores, no tienen escapatoria.

Lo anterior, se debe a que los refugios y los centros de atención para mujeres sobrevivientes de violencia no son aptos para atender a las mujeres con discapacidad, no son accesibles físicamente (los espacios tienen escaleras, los baños están en otros pisos sin manera de llegar a ellos), comunicacionalmente (no se cuenta con intérpretes de Lengua de Señas Mexicana), el personal de estos centros tampoco está debidamente capacitado en la intersección del género y la discapacidad desde una perspectiva de derechos humanos, lo que ocasiona que no se acepte a mujeres con discapacidad o se les diga que es mejor opción institucionalizarlas en centros de salud mental.

Que quede claro, las mujeres con discapacidad también enfrentamos violencia y tenemos el derecho de vivir vidas libres de violencia, queremos mecanismos e instituciones que contemplen nuestras necesidades y eliminen las barreras que enfrentamos para que esto pueda ser una realidad.

Sabemos que nuestras vidas importan tanto como la de cualquier otra mujer, pero necesitamos que las instituciones nos lo demuestren.

*Abogada especializada en Derechos Humanos

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