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“Se está cayendo en el error de cubrir la falta de entornos accesibles con tecnología y la tecnología no puede ser un comodín”: Belén Vaz Luis

Belén Vaz Luis

Al analizar la manera en la que el cerebro interactúa con el entorno, la arquitecta española Belén Vaz Luis desarrolla obras que impactan positivamente en las personas con discapacidad

A partir de la condición de su hermana, quien tenía síndrome de Aicardi, y la de su abuelo, quien tuvo alzheimer, Belén Vaz Luis analizó de qué forma la arquitectura influye en el cerebro y en el bienestar de las personas. Así, observó que hay diseños que dificultan la posibilidad de alguien para desplazarse o una distribución espacial que desorienta a los usuarios. Con esta información en mente, se especializó en la neuroarquitectura, una manera de hacer arquitectura que toma en cuenta el conocimiento del cuerpo humano a partir del sistema nervioso para generar un impacto positivo.

Belén Vaz Luis

Ahora, como parte del despacho SUArquitectura, nos comparte cómo desde esta disciplina es posible mejorar la calidad de vida de las personas con discapacidad (pcd).

¿De qué forma la neuroarquitectura ayuda a las personas con discapacidad?

Ayuda al 100 por ciento. La neuroarquitectura contempla las necesidades de las personas en situación de discapacidad porque se basa en la diversidad humana. No solo responde a «patrones» de causas de discapacidad, sino también a la «particularidad» de la propia persona y esto es aún más interesante puesto que, incluye a muchas enfermedades raras que, en el caso de la accesibilidad, se quedan fuera de esas pautas de diseño.

La neuroarquitectura analiza y da respuesta a la manera en la que el cerebro interactúa con el entorno conforme a diferentes daños, particularidades, etcétera, del individuo, no del grupo. Y, para mí, eso es lo más inclusivo que puede existir ya que no existen grupos, solo personas.

¿Tuviste alguna motivación personal para especializarte en esta área?

Sí, claro; fue la razón. Todo comenzó cuando me percaté de que el entorno no ayudaba a las necesidades que tenía mi hermana. Ella nació sin el cuerpo calloso debido a una enfermedad neurológica poco común llamada síndrome de Aicardi.

Al principio veía solo la accesibilidad física. Luego me fui percatando de factores que le generaban respuestas neurológicas negativas como ataques epilépticos. Ahí empecé a observar y estudiar, primero sobre su condición, y después lo fui extendiendo.

Cuando estaba en la universidad, a mi abuelo lo diagnosticaron con demencia tipo Alzheimer. Conforme evolucionaba la enfermedad, la relación con el entorno era menor hasta que desaparecía y, ante determinados estímulos su comportamiento mutaba.

Yo no podía permitir esto, y menos cuando me había prometido ayudar a todas aquellas personas que habían sido discriminadas del diseño, como mi hermana. Motivo por el que estudié Arquitectura. Así que continué mi formación en accesibilidad y neurología.

Mi hermana y mi abuelo han sido las personas a las que más he querido en mi vida y, gracias a ellos, sé todo lo que sé y puedo aportar mi granito de arena. Doy gracias a la vida por haberlos disfrutado tanto tiempo y por haberme dejado aprender tanto de ellos para, ahora, poder ayudar a otras personas a través de una arquitectura que evalúa su cerebro para saber cómo mejorar su bienestar.

Belén Vaz Luis con su hermana y su mamá.

Cuéntanos más sobre qué es la neuroarquitectura y cuál es su objetivo.

Es una manera de hacer arquitectura que tiene más en cuenta el conocimiento del cuerpo humano a partir del sistema nervioso

Quizá se podría definir como el punto medio entre la arquitectura y la ciencia que, empleando procedimientos científicos y sistemáticos, analiza cómo el entorno influye en nuestro cerebro y, por tanto, en nuestra salud física, emocional, psicocognitiva, sensorial, ambiental, etcétera. 

De todos modos, es difícil definir neuroarquitectura porque para eso hay que definir el cerebro y ¡es casi imposible definir el órgano más complejo y desconocido del cuerpo humano!

El objetivo es reconocer qué elementos, qué ambientes, tienen un impacto positivo o negativo para nuestro bienestar.

Si sabemos qué factores del entorno influyen positiva o negativamente en cada persona, entonces podremos potenciarlos o debilitarlos, respectivamente.

Con ello mejoraríamos nuestra calidad de vida, estado emocional y físico, productividad y reduciríamos algunos riesgos como posibles lesiones, desánimos o bloqueos. No es la cura de nada, pero mi experiencia me ha demostrado que la neuroarquitectura sí que se podría considerar una “manera de hacer” preventiva o paliativa, según el momento.

En un gesto que pretende alejarse de la soberbia, mi arquitectura es la que intenta hacer viviendas tanto para personas con demencia y familiares como para aquellas con altas capacidades e hipersensibilidad. 

Con respecto a la inclusión, ¿se consideran rampas, barandales o materiales especiales en pisos y muros? 

Cuando diseñas analizando cómo el entorno influye en el sistema nervioso de esa persona, tienes que considerar todos esos aspectos y más. Por ejemplo: un piso con moqueta (tela fuerte para alfombras y tapices) y un piso con pavimento de madera.

Si soy consciente del esfuerzo motor que requiere el deslizamiento de una silla de ruedas sobre la moqueta, descartaré este material y tendré en cuenta que es mucho mejor un pavimento sin tanta rugosidad para que el cerebro no «cortocircuite» demandando más energía para el movimiento.

Energía que, según que casos, puede aportarse causando fatiga (o no) o puede que, por las circunstancias de esa persona, ni siquiera pueda realizar ese esfuerzo. 

¿Cuál es la importancia de esta disciplina hoy en día y de qué forma beneficia a los usuarios?

Para mí es imprescindible: la arquitectura se diseña para las personas que la van a usar. Si proyectas sin tener en cuenta la diversidad humana que puede utilizarla con sus necesidades específicas (todas ellas parten de una manera en la que el cerebro decide funcionar y reaccionar), entonces no estás haciendo arquitectura para las personas.

Por tanto, el beneficio es su bienestar, el que el espacio sea capaz de reconocer cómo el motor de nuestro cuerpo emitirá respuestas más accesibles en las funciones física, psicocognitiva, sensorial, ambiental, orgánica… 

¿Qué significa el término neuroaccesibilidad universal?

La utilización de una “base nitrogenada” formada por accesibilidad física, psicocognitiva, sensorial, orgánica y ambiental que tiene en cuenta el sistema neurológico humano para alcanzar la condición que deben cumplir entornos, productos, servicios… para que puedan ser alcanzados y disfrutados por un número mayor de personas que lo que se alcanza con la definición de “accesibilidad universal”.

Para mí, es un paso más en la accesibilidad universal, que supera el espectro “neurotípico” humano, incluyendo las causas de discapacidad más comunes, para alcanzar un patrón humano “neurodiverso”. ¡Creo que voy a tener que patentar el término!

¿En México ya se hacen construcciones que respondan a la neuroarquitectura? ¿En España ya pueden apreciarse?

En líneas generales, hay intentos y, conforme avanza el tiempo, se mejoran porque la mentalidad y la importancia del bienestar de la persona es más relevante en campos que no solo son la medicina. Por tanto, se consideran en otras disciplinas.

En México destacaría la Cineteca Nacional por su configuración espacial, es muy neurocognitiva pero, sobre todo, que al final es el “germen” de que algo pueda responder a ese bienestar neurológico que demanda la persona, la transformación de la idea democrática y social de ese espacio, responde a un estereotipo amplio de personas usuarias y es satisfactorio, la verdad. No se trata de neuroarquitectura, pero establece un pequeño diálogo con ella.

Plano arquitectónico de la Cineteca Nacional.

En España me llama la atención que la mayor parte de las obras que tienen criterios neuroarquitectónicos pertenecen a mujeres. La obra de Ana Mombriedo es una joya y por obra me refiero a la divulgación científica que realiza pues pienso que la neuroarquitectura no solo se refleja en una construcción, sino en la transmisión de conocimientos y medios para que otros generen espacios. 

Precisamente, creo que es importante aclarar que la neuroarquitectura no solo se encuentra en construcciones edificatorias; también la podemos ver en esa “arquitectura escrita” o en el urbanismo. Y alguno de los mejores ejemplos no es actual. Por ejemplo, el entorno de Stonehenge.

¿Cuáles son los retos y oportunidades de diseñar obras basadas en neuroarquitectura?

Para mí, el mayor reto es llegar a conocer esas áreas del cerebro de las que aún se sabe poco para poder “conectar” más circuitos no solo neuronales, sino también para con la arquitectura. A mayor conocimiento, será más fácil llegar a satisfacer más el bienestar de las personas (la mayor oportunidad). 

Y esto también implica generar una serie de fórmulas que puedan dar una respuesta universal y global. Aunque, también creo que sería muy difícil ya que cada cerebro es un mundo y sería muy difícil establecer patrones.

¿La neuroarquitectura es el presente, el futuro o ambos de esta profesión?

Ojalá sea el futuro. Por ahora, el presente se me antoja complicado. En parte por la mala interpretación que se hace de la misma, aproximándola a aspectos más relacionados con lo comercial que con la salud de las personas. Hasta que la sociedad se dé cuenta de que se trata de una sinergia entre disciplinas, no se podrá decir que forma parte de la profesión.

También creo que, desde las ciencias de la salud, se debería hacer más presión y tomar más conciencia sobre la relación entorno-salud. Sólo así puede que sea algo “futurible”. 

¿De qué forma la tecnología enriquece a la neuroarquitectura? 

No sabría decirte. Llevo tiempo inmersa en un debate interno sobre si la tecnología enriquece o no el bienestar neurológico de las personas. Creo que si se gestionase bien, sí podría ser un apoyo. 

Opino que aún hay que investigar mucho sobre el impacto de la tecnología en el desarrollo neurológico (y orgánico) para poder responder a esta pregunta.

Lo que sí puedo decirte es: se está cayendo en el error de cubrir las faltas de entornos accesibles con tecnología y la tecnología no puede ser un comodín (que, en ese caso, reduce algunas funciones perceptivas y telencefálicas), sino un elemento que trabaja en sinergia con el entorno y la comunicación social. 

¿Sabías que?

Los beneficios de la neuroarquitectura en los hospitales se han estudiado desde hace tiempo. En la década de los 80, el arquitecto sueco Roger Ulrich llevó a cabo una investigación durante ocho años que terminó demostrando que una hermosa vista en la habitación de una clínica puede acelerar la recuperación de un paciente y reducir su demanda de analgésicos después de una cirugía.

Por Karina González-Fauerman 

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