Naomi Osaka y el debate sobre la salud mental

Por Bárbara Anderson

Naomi Osaka es la atleta femenina mejor pagada del mundo. Solo el año pasado embolsó 60 millones de dólares. Es la tenista del momento por la que se pelean sponsors, marcas y eventos deportivos. Sus principales mecenas son Nike, Nissan, Mastercard y TAG Heuer.

Pero desde el Olimpo de su carrera -tenis, que es una de las más exigentes- decidió una semana antes de la final abandonar la cancha. ¿La razón? Ya no pudo controlar, con la misma destreza que lo hace con la raqueta, su depresión. En su cuenta de Instagram, la tenista dijo “sentirse vulnerable y ansiosa” y reveló con una brutal sinceridad que venía sufriendo largos episodios de depresión desde que derrotó a Serena Williams en el Abierto de Estados Unidos hace tres años. 

Antes que ella, el mayor campeón de natación de la historia, Michael Phelps, había declarado sus ataques de depresión y hasta sus intentos de suicidio, en un momento donde había soñado toda la vida estar: en la cúspide del exito de su carrera. 

Ya en 2014 la Organización Mundial de la Salud (OMS) afirmó que la depresión era la primera causa de discapacidad entre los preadolescentes y adolescentes, entre los 10 y 19 años. Hay muchos estudios que varían sus cifras respecto a la prevalencia del trastorno, pero que oscilan normalmente en un 2% de los niños y entre un 4 y un 10% de los adolescentes.

Hasta 2019 la depresión afectaba a 300 millones de personas a nivel global “además, contribuye significativamente a la carga mundial general de morbilidad», cita la OMS. 

Lo cierto es que -se calcula- que la pandemia vino a multiplicar geométricamente esa cifra. 

El encierro, la incertidumbre, la vulnerabilidad, el miedo y la presión excesiva han sido la gasolina que alimenta esta condición de salud mental. 

Es importante destacar dos situaciones especiales que se dieron en esta situación: muchos otros deportistas salieron a defender la decisión y a plantear incluso problemas similares y las marcas tomaron partido a favor de la tenista, algo impensable años atrás. 

“Nuestros pensamientos están con Naomi. La apoyamos y reconocemos su valentía al compartir su propia experiencia de salud mental ”, dijo en un comunicado oficial la marca Nike. «La decisión de Naomi Osaka nos recuerda a todos lo importante que es priorizar la salud y el bienestar personal», posteó Mastercard en su cuenta de Twitter, «la apoyamos y admiramos su valentía para abordar cuestiones importantes, tanto dentro como fuera de la cancha».

Dado que los patrocinadores pagan millones para que atletas como Osaka persigan activamente campeonatos, su reacción a la decisión del Abierto de Francia de Osaka marca la última evolución en la relación entre los atletas y las organizaciones deportivas, y los patrocinadores que los respaldan.

Las marcas saben que el nuevo ‘territorio’ de conversación con sus clientes es la honestidad. Lo demostró Nike con la comunidad afroamericana, cuando puso como cara de sus anuncios en 2018 a Colin Kaepernick, apoyando implícitamente la controvertida decisión del jugador exiliado de la NFL de arrodillarse durante el himno nacional en protesta por la violencia policial y la injusticia social.

Ahora, con el apoyo a Naomi y su sinceridad con respecto a su depresión, los usuarios felicitaron a la marca en redes sociales. 

El éxito no es felicidad

El caso de Naomi Osaka vuelve a poner en el centro del debate (incluso de cara a los Juegos Olímpicos de Tokio) la presión de la competencia a la que son sujetos los deportistas, lo que acelera sus triunfos físicos pero también afecta su salud mental. 

Hasta hace unos años, anunciar que un deportista sufría de ansiedad o depresión, era un signo de vulnerabilidad que ningún equipo, o incluso gobierno quería que se filtrara. Y menos las marcas que no querían vincular su marketing con fracaso o ‘tristeza’. 

Afortunadamente no son pocas las compañías que ven en la empatía un nuevo engranaje de marketing: las personas quieren marcas que se le parezcan, que los entiendan, que los apoyen en los momentos difíciles. 

Michael Phelps, con 23 medallas de oro en su haber, ha dado muchas conferencias sobre su historial de depresión y ansiedad y cómo trabajó y trabaja para sentirse mejor. 

La gimnasta Aly Raisman ha escrito en muchos medios especializados sobre sus esfuerzos para enfrentar el trastorno de estrés postraumático que tiene al finalizar competencias de alto rendimiento. 

Brandon Marshall, quien pasó 13 temporadas en la NFL, ha hablado sobre su diagnóstico de trastorno límite de la personalidad. 

La nadadora olímpica Amanda Beard, también ha luchado contra la depresión y las autolesiones. Su historia fue una bomba cuando publicó su libro In the Water They Can’t See You Cry (“En el agua no pueden verte llorar”).

Antes, los únicos temas en el mundo del deporte que involucraban a la salud mental tenía que ver con el uso de drogas (y los famosos antidoping). 

Hoy es un tema mucho más profundo y genuino. 

“La salud mental no es una broma, esto es real y serio”, escribió Lewis Hamilton, el piloto de Fórmula 1, en su millonaria cuenta de Twitter, “requiere mucha valentía poder decirlo”.

Y añadió: “Asegurémonos de que Naomi sepa que no está sola”.

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