La vida de los mutilados de ‘La Bestia’, el tren de los migrantes del sur

Santiago Álvarez usa una prótesis que hace las veces de la pierna que le mutiló “La Bestia” en 2004, cuando intentó atravesar México para llegar a Estados Unidos; ya en el tren, unos ladrones armados con machetes lo persiguieron y cayó en las vías, por lo que la máquina le pasó encima.

Santiago regresó a Honduras y después emprendió el viaje nuevamente y obtuvo en México una prótesis pagada por una organización de derechos humanos; al llegar al Río Bravo, soltó la bolsa que resguardaba el aparato, pues tuvo que agarrarse a las ramas de un bambú para que la corriente no lo arrastrara.

De lado estadounidense, Santiago se entregó a las autoridades de migración que lo deportaron a Honduras, donde consiguió una nueva prótesis gracias a un programa del Comité Internacional de la Cruz Roja y ahora tiene un trabajo como ayudante de laboratorio con un sueldo de 360 dólares al mes, según el reportaje de El País sobre las personas que han perdido sus extremidades por el paso de “La Bestia”, el tren que usan miles de migrantes para cruzar México en su viaje para llegar a EU.

Migrante con discapacidad se encuentra pensativo en una recamara oscura.

La Fundación para la Rehabilitación Integral Nueva Vida ayudó a Santiago. Se trata de una organización que nació en 2003 para ayudar a víctimas de minas terrestres producto del conflicto armado en Nicaragua y cuando se eliminaron las minas en la frontera entre Honduras y Nicaragua, comenzó a apoyar a las personas con extremidades amputadas durante su viaje a Estados Unidos.

El ortopedista Walter Aguilar y su ayudante Yenser Pineda fabrican las prótesis en un taller.

“Hoy, varios de ellos están a la espera de que Aguilar los revise; es decir, que analice las condiciones de los muñones, compruebe que las heridas han cicatrizado bien, haga las mediciones y ponga fecha para que regresen por sus prótesis. O, por el contrario, para que revise las prótesis ya viejas, que algunos de estos hombres han destrozado porque, empujados por la miseria, se someten a arduas labores en la construcción o el campo”,

contó el reportaje.

“‘Recuerda que no puedes cargar tanto peso. Generas mucha presión a la prótesis’, recrimina con cariño Aguilar a uno de esos hombres, que lleva la suya en mal estado.

‘Tengo que trabajar’, responde. ‘Debo comer’”.

Migrantes con discapacidad motriz en México.

Quien revisa quién puede acceder al programa es Cinthia Gómez, oficial de campo en salud para el CICR en Honduras.

“Depende de la necesidad de la persona. Si es muy grave, puede ingresar de forma automática al programa. Revisamos si hay una necesidad real por mala cicatrización de la herida, por un proceso infeccioso o por necesidad de alguna intervención quirúrgica”, dijo Gómez.

A Francis Espinoza, de 21 años, le amputaron la pierna luego de que el tren le destrozara parte del pie derecho al caer. Dos de las personas que viajaban a su lado lo asaltaron y lo tiraron a las vías, en el hospital al que lo trasladaron recomendaron la cirugía.

“No aceptaba que me amputaran porque nada más me había quebrado la parte de abajo (del pie) y no quería que me cortaran. Cuando lo hicieron, no quería que me trajeran acá (a Honduras), porque me daba pena que la gente me mirara cómo regresaba. Fue lo más difícil de superar”, relató Espinoza, que con una prótesis y el apoyo de su hermano, ahora trabaja un mototaxi.

Los datos disponibles indican que entre 2013 y 2019 en México se detuvo a 820 mil migrantes centroamericanos.

Hay migrantes que no desean regresar a sus países y prefieren quedarse en México.

En Celaya, el pastor Ignacio Martínez Ramírez montó un albergue sin dogmas religiosos, en donde los migrantes pueden tomar clases y escuchar música. Además, quienes han tenido alguna amputación pueden acceder al apoyo de un programa del CICR que financia prótesis realizadas en el Instituto Guanajuatense para las Personas con Discapacidad (Ingudis).

En el albergue vive Evert Rodríguez, hondureño de 24 años que escapó de las maras y que no pretende regresar a su país. En espera de la prótesis, Rodríguez contó que cayó del tren porque su mochila se atoró en las escaleras de los vagones.

“‘Yo soy una persona valiente y me sujeté la herida con cintas de zapato’, afirma el joven. En su estado, no se había percatado de la magnitud de lo ocurrido. Fue rescatado por vecinos de la zona, que lo llevaron a un hospital cercano, pero debido a su condición las autoridades del centro decidieron trasladarlo al Hospital General de Veracruz”, continuó el medio.

De acuerdo con el joven, una mala operación le dejó mal los tendones y no puede mover la pierna, tampoco usar prótesis, por lo que deberá ser operado nuevamente.

“Yo lo que quiero es tener la mía”, mencionó Evert.

“A mí me gusta trabajar. Sé lo que es la agricultura, sembrar café, frijoles. Sí, mi trabajo es la agricultura”.

Por Redacción Yo También | Fotografía de ‘El País’

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