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La mitad de las madres de niños con autismo viven con altos niveles de depresión

Mujer con el rostro cansado abrazando a su hijo.

Un estudio de la Universidad de California indica que la depresión de las mamás no empeora los síntomas ni el comportamiento de sus hijos.

Alrededor de 50 por ciento de las madres de niños que viven con alguna condición dentro del espectro autista (TEA) mantuvieron altos niveles de síntomas de depresión durante 18 meses, mientras que los índices fueron mucho más bajos, entre 6 por ciento y 13 por ciento, en las madres de niños neurotípicos (sin discapacidad) reveló un estudio reciente de la Universidad de California en San Francisco que se publicó el 26 de agosto en su blog llamado Family Process.

Además, aunque investigaciones previas sugerían que tener un padre con depresión aumenta los riesgos de que los niños presenten problemas de salud mental y de comportamiento, este estudio demostró algo diferente.

“Encontramos que los altos niveles de depresión en las madres no sirven para predecir un aumento en los problemas de comportamiento de los niños, ni siquiera entre las familias que tienen un niño con autismo y que viven bajo mucho estrés”, explicó la doctora Danielle Roubinov, profesora adjunta del Departamento de Psiquiatría y Ciencias del Comportamiento, y directora del estudio, y agregó “esto es una sorpresa y también son buenas noticias”.

“Ser padre de un niño con discapacidad lleva consigo enfrentarse a retos todos los días”, afirma la doctora Elissa Epel, profesora de la Universidad de California en San Francisco en el Departamento de Psiquiatría y Ciencias del Comportamiento, y  asesora del estudio. “Se trata de un ejemplo prototípico de estrés crónico, por lo cual nos enfocamos en las madres cuidadoras en los estudios que examinan los efectos del estrés en la salud. Ya sabemos por esta muestra que las madres con mayor depresión tienden a presentar, en promedio, señales de envejecimiento biológico antes de tiempo así como menores niveles de la hormona antienvejecimiento Klotho y células de inmunidad envejecidas”, agregó Eppel, “visto esto, queremos entender el impacto de la depresión en sus hijos, y viceversa”.

Una calle de un solo sentido

Según este estudio de la Universidad de California, los problemas de comportamiento de los niños son un indicador de mayores niveles de depresión materna, independientemente del estatus de TEA. 

Pero, no se encontró un efecto a la inversa, es decir, que la depresión materna preexistente fuera un indicador de problemas de comportamiento posteriores.

“El descubrimiento de que la depresión materna no da lugar a que empeoren los síntomas infantiles es muy importante para las madres de niños con TEA porque ayuda a aliviar el sentimiento de culpa que puedan sentir por el diagnóstico del niño y sus problemas de comportamiento”, explicó la doctora Roubinov. 

“El descubrimiento de que la depresión materna no da lugar a que empeoren los síntomas infantiles es muy importante para las madres de niños con TEA porque ayuda a aliviar el sentimiento de culpa”

“Esperamos que estos descubrimientos ayuden a las madres a entender que es común tener problemas de depresión en una situación de alto estrés que conlleva ser un cuidador crónico y que su depresión no provoca que empeoren los problemas de comportamiento del niño”, concluyó la líder de este documento.

La culpa que sienten los padres de niños con TEA es común y es un indicador de que pueden empeorar los problemas de depresión y disminuir a la larga la satisfacción con la vida propia, indica un estudio previo de este grupo.

En este estudio, los investigadores evaluaron en diversas ocasiones la depresión materna y los problemas de comportamiento de los niños en 86 parejas de madre e hijo durante 18 meses. La mitad de las madres tenían niños con DEA y la otra mitad niños neurotípicos y el rango de edad de los niños en este estudio era de dos a 16 años, aunque la mayoría de los niños, 75 por ciento, eran niños de primaria o más jóvenes.

La depresión materna se midió de acuerdo al inventario de “Síntomas de Depresión”, un cuestionario personal que se aplicó a las madres. 

El comportamiento de los niños se midió de acuerdo al reporte materno en relación a la “Escala de comportamiento desafiante de los niños”, que se enfoca en la externalización de comportamientos como berrinches, agresión y desafío. 

Los investigadores explicaron que estudios posteriores deberán buscar la asociación entre la depresión materna y la internalización de los síntomas de los niños como por ejemplo retraimiento, ansiedad y reactividad.

Pocos estudios de la depresión materna y  TEA

La asociación bidireccional entre depresión materna y problemas de comportamiento de los niños se reportaban antes del estudio. Sin embargo, pocos estudios habían examinado esta relación en familias con algún hijo con autismo. 

Estos hogares tienden a experimentar mayores problemas de pareja, menor satisfacción en las relaciones y muchos otros retos, afirma en su reporte la doctora Danielle Roubinov. “Un ambiente de estrés familiar puede afectar a los miembros de la familia y afectar la forma en que se relacionan las madres con sus hijos”, explica. “Queríamos ver si la relación entre la salud mental de la madre y de los niños era diferente en un contexto familiar de mucho estrés, como cuando se tiene un niño con autismo”.

Aunque el estudio reconoce que la familias con niños con TEA viven con mayores niveles de estrés, las autoras aclararon que el estrés no es la única característica que los define.

“Muchas madres de niños con autismo también reportan altos niveles de cercanía emocional e interacción positiva con sus hijos”, afirma  Roubinov, “estas son experiencias importantes sobre las que los programas de apoyo pueden construir”.

Tras el estudio, se ofrecieron clases de mindfulness (atención plena) a todos los padres para ayudarlos a manejar el estrés parental. 

“Muchos estudios han demostrado que el entrenamiento de mindfulness puede ayudar a manejar el estrés parental y también encontramos que nuestros padres presentaron mejoría en su salud mental”, indica como recomendaciones finales la investigación.

“Es importante experimentar y reconocer emociones positivas y de felicidad a pesar de tener una situación de vida más complicada”, agrega la doctora Epel. “Dados los efectos del estrés crónico en la salud y el estado de ánimo, los padres que cuidan necesitan un apoyo emocional adicional a los cuidados especiales para sus hijos. Resulta vital proporcionar apoyos para la salud mental de los padres como lo es para la salud mental de los hijos”.

Los médicos deben estar pendientes de los malestares de los padres y listos para ofrecer apoyo, especialmente para los padres de los niños con discapacidad. 

Por Jess Berthold para la Universidad de California en San Francisco | Traducción: Graciela González

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