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Los sobrevivientes de la explosión de Tlahuelilpan aún no reciben ayuda

Fotografía de un hombre con el rostro cubierto por una máscara de color beige, lleva puesta una gorra de color negra con el logo de un puma y una sudadera de color rojo, se alcanza a apreciar que sonríe frente a la cámara.

A tres años de la tragedia, las autoridades no han cumplido los acuerdos con las víctimas de la explosión ocurrida en el Municipio de Tlahuelilpan, Hidalgo, el 18 de enero de 2019. Alan y Emanuel son dos de los jóvenes damnificados con discapacidad debido a sus quemaduras. Estos son sus testimonios.

Por Anatol Alvarez Ibarra

La mañana del 18 de enero de 2019 una toma clandestina del ducto de Pemex se rompió y miles de litros de combustible se fugaron y formaron una zanja en el paraje de San Primitivo, en el municipio de Tlahuelilpan, Hidalgo, hecho que fue aprovechado por algunos vecinos para, con cubetas y bidones, obtener un poco del líquido que salía a borbotones como un geiser. Como a las seis de la tarde del mismo día ocurrió la gran explosión que ocasionó 138 muertos y 13 lesionados. Al menos cinco personas quedaron con alguna discapacidad a causa de las quemaduras.

Fotografía del panteón de Tlahuelilpan con enfoque en una tumba en específico, tiene un tiene un crucifijo de yeso color blanco que en un pedazo de cartón tiene escrita la frase: “Tlahuelilpan Enero Alma”, sobre la misma hay una corona de flores blancas cuyo listón dice “Tercer aniversario luctuoso”.

Alan Hernández fue uno de los jóvenes que resultó gravemente herido: “estaba cambiando la llanta de un carro, cuando pasó un vecino y nos dijo “vamos que hay gasolina allá abajo”, y fuimos a ver como estaba” relata.

“Cuando llegamos se veía muy fea la cosa, olía mucho a gasolina y la gente se estaba desmayando y le dije a mi primo vámonos, y cuando estábamos dando la media vuelta para irnos, estalló todo eso, ya no nos dio tiempo de correr”, describe Alan.  

Con el rostro cubierto por una malla de tela para evitar que el sol le afecte la piel, Alan cuenta que se ha querido quitar la vida en por lo menos dos ocasiones. Tiene quemaduras de tercer grado en el 90 por ciento de su cuerpo.

Fotografía de un hombre con el rostro cubierto por una máscara de color beige, lleva puesta una gorra de color negra con el logo de un puma y una sudadera de color rojo, se encuentra de pie recargado en un poste de metal con los brazos cruzados.
Alan Hernández tiene que usar esta máscara de tela para que su rostro no se afecte por los rayos del sol.

Después de tres años, Alan sufre de insomnio y una depresión severa que no le permite hacer su vida de manera normal. Su madre, la señora Rosalinda Reyes, dice que, a pesar de contar con un tratamiento psiquiátrico, sus pesadillas e insomnio lo hacen estar en vela toda la noche sin poder realizar ninguna actividad al día siguiente. 

Alan requirió de atención médica especializada en el Hospital Shriners para niños quemados en Galveston, Texas en Estados Unidos, donde estuvo internado seis meses, auspiciado por la misma institución americana y el apoyo de la fundación mexicana Michou y Mau. Ahora, debido a la pandemia, no lo han podido llevar a terminar su tratamiento y requiere de apoyo económico para sacar una visa, una vez que sea llamado por los médicos del nosocomio en aquel país.  

Emanuel Mendoza es otro joven que al igual que Alan resultó herido aquella tarde. Tiene un 70 por ciento de su cuerpo quemado y a la fecha aún no recibe la ayuda prometida por el gobierno federal para una beca que le permita terminar sus estudios universitarios. No ha podido conseguir un empleo, ya que, manifiesta, es discriminado por sus quemaduras.

Fotografía de un joven con la piel del rostro y de los brazos con cicatrices por quemaduras, se encuentra de pie con los brazos cruzados dentro de un quiosco de metal.
Emanuel Mendoza

“Yo me fui con mi papá a donde fue la explosión, llegamos como a las seis treinta de la tarde y enseguidita fue cuando explotó”, relata Emanuel. 

Su padre murió. Ahora la mamá de Emanuel junto con su hija Fernanda tienen que ganarse la vida por su cuenta. Atienden una pequeña tienda de abarrotes y un local muy modesto de ropa para bebé, sin embargo, los recursos no alcanzan. 

Emanuel estuvo internado en el Hospital para niños quemados en Texas durante siete meses. Fue intervenido en varias ocasiones con injertos de tramos de piel extraídos de su propio cuerpo, piel de cerdo y de cadáver.  Todavía requiere seguir el tratamiento en alguna otra institución ya que, por su edad, ahora 21 años, ya no es candidato para ser tratado en el hospital para niños quemados que lo atendió en EEUU.   

Está cursando la carrera de intervención educativa y cuenta que aún le faltan algunas operaciones que le permitan recobrar movilidad y funcionalidad, la pierna izquierda no la puede mover bien. Aún no sabe a dónde acudir para recibir ayuda.

Fotografía del panteón de Tlahuelilpan, una vista panorámica de un lote de pasto verde al costado del panteón, en primer plano aparece una cruz de metal.

Para ser trasladado a Estados Unidos, el único apoyo que recibió la familia de Emanuel fue de parte del gobernador del estado, Omar Fayad, con el helicóptero y avión oficiales, pero esto no fue suficiente ya que Emanuel requiere de alguna beca o apoyo económico que le permita terminar sus estudios. 

La señora Verónica Escamilla, madre de Emanuel, hace un llamado a las autoridades para que los apoyen como quedaron desde un principio “lo que queremos es que nos ayuden a conseguir trabajo para él, en las empresas que ha ido no lo aceptan, porque si le hacen pruebas de fuerza o psicológicas sale mal y simplemente lo discriminan”.

Verónica relata que el gobernador sí los apoyó con un monto económico para que les dieran cada vez que ingresaron al Hospital Shriners: doscientos dólares, “es lo único que hemos recibido de apoyo, pero becas para ellos nada”.

Fotografía del panteón de Tlahuelilpan, dos cruces de yeso blanco que dicen “Aurelio Nando Vaquero, recuerdo de su esposa e hijos” y fotografía de “José Nando García”, recuerdo de familia e hijos.

La mayoría de los pobladores de esta región subsisten con labores del campo y de pequeños comercios locales, ellos ahora quedaron en el olvido y las autoridades sólo reaparecen cada aniversario y prometen apoyos que aún no se ven.

Sin memorial ni apoyos

A tres años de la tragedia existen, según un censo realizado por el municipio de Tlahuelilpan, trece personas que resultaron heridas con quemaduras en rostro y cuerpo que requieren de una atención especial en el país o en el extranjero. 

De los deudos de las víctimas solamente fueron consideradas por el gobierno federal cerca de 36 personas.

El alcalde de Tlahuelilpan, José Alfredo Díaz Moreno, comenta en entrevista que solo son tres personas las que continúan realizando una actividad económica que les permite generar un ingreso después de que el gobierno federal, “mediante proyectos productivos echaron a andar carpintería, papelerías, funerarias, algún negocio pequeño para subsistir”.

Fotografía del panteón de Tlahuelilpan, una vista panorámica de varias tumbas con un hombre de edad adulta al centro recargado en una pala.

Es por ello que le ha pedido en varias ocasiones al gobierno federal y en especial al delegado de Programas Sociales en el estado de Hidalgo Abraham Mendoza Salgado, que apoye a todas las víctimas y deudos y no los dejen en el abandono.

“No nos hemos cansado de insistir al Gobernador del estado de Hidalgo, al Presidente de la República que voltee a verlos, porque muchos de los compromisos no se han cumplido. Les prometieron la compra del terreno donde fue la explosión para construir un memorial, y nada de eso ha pasado, la gran mayoría de las familias no fueron beneficiadas con algún programa, con algún proyecto, hubo becas pero cambian los requisitos de nivel a nivel, y nadie los asesoró, de tal suerte hay una gran deserción escolar. Por la pandemia las clases fueron en línea y estos chicos no tienen los instrumentos tecnológicos adecuados para seguir con sus estudios”, denuncia Moreno.  

Para el memorial se tenían asignados recursos que ascendían a 6.5 millones el año pasado, que aún no se han otorgado para que comience la obra y según Díaz Moreno, los tlahuelilpenses ya no lo quieren, prefieren que el dinero les sea dado para proyectos productivos que funcionen como sustento necesario para sus familias. 

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