Las rampas no bastan

Por Daniel Robles Haro*

Una persona con discapacidad motriz severa como yo, ¿tiene derecho a ir de vacaciones? ¿A la playa, al parque de diversiones o acuático, al bosque, al lago, o a pueblear? Yo creo que sí. ¿Existen lugares realmente accesibles para nosotros? Pocos.

La semana pasada tuve la oportunidad de viajar con mi familia de Guadalajara a Yucatán y luego a la laguna de Bacalar, en Quintana Roo. Fueron varias horas entre traslados, tiempo de espera en el aeropuerto, asientos poco accesibles en el avión y además en filas lejos de la entrada (a menos que pagues un cargo extra y con mucha anticipación). Me cargaron entre dos personas desde mi silla, afuera del avión, hasta la fila siete. 

No había ni un solo baño con cambiador de pañal accesible en ambos aeropuertos. ¿Dónde recuestas a una persona adulta para cambiarle el pañal o acomodarle la ropa antes y después de usar el baño? ¿En la sala de espera? ¿En el piso? ¿En el mostrador de la aerolínea? En esta ocasión, el vuelo fue corto (aproximadamente dos horas). Pero ¿qué tal si mi destino estuviera a 12 horas o más? ¿Debería permanecer sucio todo el trayecto, o aguantarme las ganas? ¿Hay una opción menos indigna e injusta? Por cierto, conozcan mi propuesta al respecto. 

Al llegar a los destinos vi muchas rampas. Algunas con una inclinación mortal. Creo que se debería supervisar y sancionar una rampa inadecuada. Pero las rampas no lo son todo. En el hotel de Mérida, mi silla no cabía por la puerta de nuestra habitación. Hubo que cargarme hasta la cama y desarmar la silla. 

En Bacalar hicimos un paseo maravilloso en pontón, un tipo de embarcación rectangular más estable que una lancha, al que pude acceder con todo y silla. Disfruté mucho el paseo y los relatos históricos y anecdóticos del señor Tony, nuestro guía. 

El balneario Cocalitos tiene una vista maravillosa, columpios y hamacas dentro de la laguna, sin embargo la rampa de acceso al baño es criminal, y las escaleras de acceso a la laguna, verticales y resbalosas. Propongo extender el muelle y hacerlo más ancho y adecuado para sillas de ruedas. Y una grúa de pesca con un arnés especial para que cualquier persona con movilidad reducida pueda ingresar con seguridad y comodidad. ¿O qué tal un teleférico con un arnés super adecuado? Y cuerdas guía para personas con discapacidad visual o talla baja. ¿Es mucho pedir? ¿Demasiado idealista?

Yo creo que las personas con discapacidad tenemos que hacernos presentes y abogar por una sociedad más empática y espacios accesibles para todas las personas. ¡Hagámonos cada vez más visibles!

*Daniel es activista y vive con parálisis cerebral. Twitter: @DanielRoblesMEX

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