Fotografía de dos personas, un hombre y una mujer que sostienen entre sus manos una cámara fotográfica y preparan un encuadre, señalado con puntos en color verde que parten de lo ojos del hombre, de cabello largo, a los hombros, abundante y rizado. Ambos visten de negro y el rostro de la mujer no se percibe bien, ya que queda detrás de sus manos que manipulan la lente de la cámara.
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Laboratorio de lo invisible: el espacio que transgrede los sentidos

Aquí no hacen falta ojos para mirar ni oídos para escuchar; lo principal es saber sentir la vida, la propia historia y crear tramas que vayan más allá de cualquier narrativa para potenciar los sentidos y, ¿por qué no? convertirlos en piezas cinematográficas.

Por Monserrat Ortiz

En 2017, la fotógrafa Dana Albicker Mendiola y Moisés García Rojas, antropólogo social y realizador audiovisual, arrancaron uno de los proyectos más ambiciosos para personas con discapacidad y sin ella: el Laboratorio de lo Invisible, un espacio pensado en la experimentación enfocada en crear contenidos artísticos y audiovisuales alternativos donde todos pueden participar. 

Todo inició en La Ciudadela de la Biblioteca de México, donde ambos comenzaron los primeros experimentos con personas ciegas y no ciegas.

El resultado fueron productos audiovisuales y piezas de arte que no están centradas en la discapacidad, sino en la experiencia de vivir con ella.  

“Ahí reunimos a personas ciegas, probamos hacer el laboratorio e invitamos también a personas no ciegas para que pudieran pensar y reflexionar todos juntos en colaboración, una mezcla de ciegos y no ciegos”, platica Dana. 

“Fue súper interesante, hicimos cortometrajes, piezas y  exploramos muchas cosas con ayuda de convocatorias. Empezamos en la Ciudad de México, pero después pudimos ir también a Puebla, Oaxaca, Guadalajara y Guanajuato”.

Aunque el proyecto empezó con personas ciegas y con discapacidad visual, a lo largo de los años también consiguieron integrar a colaboradores sordos, con discapacidad intelectual y psicosocial. Todos narrando sus propias historias para crear cortometrajes donde ellos son los propios protagonistas. 

Tras varias sesiones, sus fundadores se dieron cuenta de que el cine no podía seguir siendo como lo conocemos: una industria enfocada en la mirada y en los ojos. “El laboratorio nace de la explotación de transgredir las formas de mirar y lo visual”, platica Dana. 

Hay infinidad de historias 

“Hemos conseguido no darle foco a cosas que no nos interesan, sino más bien enfocar las historias en colectivo», dice Moisés. Hay puntos de coincidencia, pero otros no, como por ejemplo el tema de la inclusión».

«La parte de la inclusión ya no es algo que esté al centro, no es un valor que nos guíe, porque más bien lo que se va generando con eso son recetas excluyentes cuyo nombre tiene la etiqueta de inclusión”. 

Moisés García Rojas

Y es que el asistencialismo, combinado con el enfoque en la discapacidad como tema principal, termina por ser también un tipo de discriminación. Por eso, ellos prefieren desarrollar historias sobre la realidad y el día a día con el que se encuentran a diario las personas con discapacidad.  

“No nos centramos en la ceguera, sino en las personas que tienen ceguera. Las personas con discapacidad no están en el centro, sino su experiencia con las que no tienen discapacidad y las problemáticas que pueden resultar de la convivencia. Nada de esto tiene sentido si no se resuelve a la par con todas las personas con quienes ellos conviven”, señala el antropólogo.

Una vez que los participantes ingresan a un nuevo taller creativo del Laboratorio de lo Invisible, poco a poco comienzan a borrarse los límites que los juntaron en el primer momento. Desde el inicio, el objetivo es desafiar las ideas con las que funciona gran parte del mundo para construir nuevas narrativas, unas que vayan más allá de los sentidos convencionales. 

“Muchas historias son de ellos mismos: hay historias de personas que están en una radiofónica y son ciegos, la de una mujer ciega enamorada de la música, historias de terror con un pozo, casi todas son historias personales y ninguna es sobre discapacidad, sino sobre sus consecuencias”, platica la fotógrafa. 

Los cortometrajes no son realizados con grandes producciones cinematográficas ni cineastas famosos. En cada pieza, intentan crear un tipo de cine guerrilla independiente con lo básico: cámaras, luces, grabadoras e incluso también con las videocámaras de sus celulares. 

“Así se expanden otras cosas y se crean otras nuevas. No les enseñamos a hacer cine, es una experimentación desde las experiencias de cada quien y por eso cada emisión de laboratorio es distinta, porque hay distintas personas”.

DANA Albicker Mendiola

Desde 2017, en cada emisión del Laboratorio han construido hasta cinco piezas culturales: desde cortometrajes, fanzines, hasta una instalación sonora donde las personas podían moverse y generar sonidos. También tienen la oportunidad de desarrollar videos y tutoriales en Youtube. El límite es su imaginación. “Ellos entran al laboratorio y ¡pum!, suceden cosas increíbles”, dice Moisés. 

A la fecha, consiguieron realizar 15 cortometrajes, todos ellos presentes en festivales alternativos, seminarios de antropología visual, foros de estudio de discapacidad, en el festival chileno “Todos somos diferentes” y en el Cervantino de 2018.  

Desafiando la violencia de la industria audiovisual 

Para Moisés, el Laboratorio de lo Invisible es la oportunidad perfecta para construir, de forma colectiva, historias que puedan darle la vuelta a lo dominante, basadas en la dignidad y el respeto. 

“Parte de ello lo hice con la cámara, al estar en el Laboratorio se abre este espacio que no tutela procesos y eso permite que otros puedan construir sus propias historias, que sean contadas en primera persona para tener un trasfondo personal que también termina tocando a su familia, a su contexto. Esto también trasciende a la propia construcción de identidad”. 

Desde el inicio, con la forma en que aprenden sus nuevos lenguajes audiovisuales, los participantes del Laboratorio desafían las violencias de la industria y las lógicas del mercado. El hecho de que no sean actores profesionales, no significa que sus producciones no tengan calidad, y el ser personas con discapacidad no implica ser incapaces de crear cosas maravillosas.  

“Siempre vemos esta historia de que una persona que no es ciega es el héroe, de pronto llega y salva al ciego. Aquí ellos son los propios protagonistas de la historia. No es tanto desde la actuación, sino desde lo documental, donde te presentas tal y como te quieres presentar”.

MOISÉS GARCÍA ROJAS

La información sobre pasados y futuros talleres del Laboratorio, así como las convocatorias para participar, se puede consultar en las redes sociales de la comunidad: @laboratoriodeloinvisible en Instagram y Laboratorio de lo Invisible en Facebook.

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