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La danza: motivación y vida para personas con discapacidad

Fotografía tomada a contraluz donde destaca el juego de luz que entra por ventanas al lado izquierdo de la imagen y la figura central, completamente oscura casi negra, de un bailarín que no tiene una pierna y se sostiene en el aire gracias al bastón que utiliza y que se mantiene firme y recto en el escenario de madera mientras él extiene una pierna y un brazo en paralelo, suspendido en el aire a más de 1.50 metros.

Musa Motha perdió una pierna y hoy es protagonista en los mejores escenarios del mundo; mientras Nadine Mckenzie, en silla de ruedas, crea oportunidades para personas en su misma condición en el mundo de las artes escénicas.

Por Redacción Yo También

La magia se crea con lo que se tiene. Musa Motha creció en medio de la zozobra que ofrecían las calles subdesarrolladas de Sebokeng, al sur de Johannesburgo, Sudáfrica; sin embargo, alimentaba su ilusión pateando una pelota en el improvisado y polvoriento campo de fútbol que tenía frente a su casa, hasta que un día este deporte pasó de ser sol a sombra en su vida.

“Estábamos jugando un torneo y me lesioné la rodilla izquierda, alguien me pateó y me caí. Desde ese día, tenía dolor. Los médicos evaluaron mi pierna y no pudieron encontrar nada. No tenía fracturas», cuenta Motha, quien vivió esta situación cuando tenía 10 años.

Ese dolor le causó insomnio durante noches enteras.

Una biopsia de médula ósea reveló que Motha tenía osteosarcoma, un tipo de cáncer de huesos, en la pierna izquierda. Supo lo que era una quimioterapia, la cual no funcionó y el médico informó a sus padres que tendrían que amputarle la pierna, pero se negaron a esta opción.

“Soy un niño pequeño, quiero decir, ¿perder la pierna? No, no va a suceder», dijo, aunque el dolor cada vez fue más fuerte y no soportó más. Así que sin pierna decidió enfrentar la vida con la discapacidad, pero con la mejor actitud.

Actualmente, Motha tiene 26 años, es bailarín y brilla en diferentes escenarios alrededor del mundo. 

Paradójicamente en la danza encontró su mayor motivación y lo que inició como una distracción, después le abrió las puertas en programas y anuncios de televisión sudafricanos. Incluso, apareció en el video musical: «One Dance«, de Drake.

Su siguiente pasó fue expandir su talento a la danza contemporánea; en 2018 audicionó para el Vuyani Dance Theatre, una creación del renombrado coreógrafo Gregory Maqoma, algo que le representó un reto mayor, pues tuvo que ir contra su condición.

«Gregory dijo: ‘los pies primero en paralelo’, y yo dije: ‘no voy a mover la pierna porque solo tengo una. Fue entonces cuando pensé que estaba bien, trabajemos en cómo (voy a) hacerlo», compartió.

“Cuanto más podamos ver a la persona discapacidad en múltiples aspectos de la vida, ya sea como pilotos de helicópteros, ingenieros, chefs, coreógrafos y profesores… más esperanza podremos mantener para una sociedad en la que nadie esté al margen”,

Motha

Bailando con discapacidad

Del otro lado encontramos una historia similar, con la resiliencia como su principal ingrediente. Nadine Mckenzie es bailarina en silla de ruedas, también en Sudáfrica. Para ella. el mayor reto ha sido la falta de oportunidades para personas con discapacidad en el mundo de las artes escénicas.

“No hay muchas empresas o programas de capacitación que se adapten a las personas con discapacidad, especialmente en el campo de la danza. He tenido bastantes experiencias en las que estarías en una clase con diferentes cuerpos y algunos facilitadores no sabrían qué hacer, por esas razones no abren estos espacios a diferentes artistas”,asegura.

“Hay muy pocas personas, especialmente en Sudáfrica, que realmente tienen proyectos en los que involucran a bailarines con discapacidad. Es algo que todavía es muy difícil, pero está comenzando a cambiar lentamente, muy, muy lentamente», concluye.

“Estamos en un lugar donde podemos aprender mucho de las personas que viven con discapacidad. Es el momento de fusionarnos y reconocer y respetar quiénes somos como individuos. Todos tienen derecho a estar donde quieren estar”,

Gladys Agulhas, instructora de baile que trabaja con personas con discapacidad.

La esperanza

En 2013, McKenzie cofundó Unmute, una compañía de danza inclusiva en Ciudad del Cabo que recluta a jóvenes sudafricanos con discapacidad para involucrarse en las artes. 

Con esto busca derribar algunas de estas barreras a través de campañas de concientización, no solo para que las personas con discapacidad se inscriban, sino también para que el resto de personas aprendan a trabajar con ellas.

“Ha sido extremadamente gratificante en el sentido de que hemos podido crear más plataformas para que los artistas se capaciten y actúen, y también exponer a más jóvenes», expresó.

Estas dos historias llenas de vida y arte representan ejemplos de fortaleza y, a su vez, levantan la voz para seguir trabajando por un cambio donde la empatía, accesibilidad, comprensión e inclusión sean los protagonistas.

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