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La contingenta en fotos

Mujeres con discapacidad, vestidas en tonos morados, negros y verde amarillo fosforescente, algunas usuarias de silla de ruedas, otras en andadera, se encuentran levantando un puño en señal de protesta y traen carteles con consignas como: "las mujeres con alguna discapacidad somos mujeres con los mismos derechos, metas y anhelo que tú", "ni una menos", "yo no renuncio ni a mis sueños, ni a mí carrera profesional por ver crecer a mis hijos".

Las mujeres con discapacidad marchamos ayer por nuestros derechos. ¡Voltéame a ver, voltéame a ver, que yo también soy mujer! fue el canto de la tarde.

Por Jen Mulini | Fotografías de Andrea López y Jen Mulini

El día 8 de marzo, en punto de las 14:00 horas poco más de 50 mujeres con y sin discapacidad, nos dimos cita en el monumento a la Revolución para acompañarnos a marchar juntas, por las más de 11 millones de mujeres con discapacidad que hay en el país, por las violencias que enfrentamos, la desigualdad de condiciones, la falta de oportunidades laborales, la educación accesible e inclusiva, por mencionar solo algunas de las consignas. 

Para muchas esta era su primera experiencia marchando el 8 de marzo, así que la preparación para llegar y resistir fue primordial. La clave fue marchar ligeras pero al mismo tiempo ir preparadas para responder de manera efectiva en las posibles situaciones complicadas (si, por ejemplo, el cuerpo policíaco decide rociar gas lacrimógeno).

Lona con imagen de 8M, materiales de curación y primera necesidad para las integrantes de la contingenta.
Foto por Jen Mulini – Kit de resistencia 8M

Las mujeres que participaron comenzaron a llegar al punto de encuentro desde distintas partes de la ciudad de México y el Estado de México, desde antes del mediodía. Debido a los cierres de estaciones de metro y metrobús, llegar fue el primer reto, en caso de las mujeres con discapacidad tuvieron que avanzar hasta 2 km adicionales a la marcha.

Mujeres con discapacidad usuarias de sillas de ruedas o en andadera con ruedas. Al fondo hay baños portátiles no adaptados para personas con discapacidad.
Fotografía por Andrea López

Una de las estrategias de la organización de la contingenta consistió en usar una prenda o paliacate amarillo/verde fosforescente para reconocernos. Es el que usamos en el Movimiento de Personas con Discapacidad, dado que es el color que está científicamente comprobado que el ojo humano detecta más fácilmente, por lo tanto, que las mujeres con baja visión pueden identificar.

Mujeres con y sin discapacidad avanzando frente al monumento a la revolución, en la parte de enfrente avanzan las mujeres que son usuarias de sillas de ruedas y a los costados avanzan las que acordonan la contingenta. 
Fotografía por Andrea López

Otra estrategia fue ir acompañada de al menos una amiga. Sin embargo; hay quienes se aventuraron a ir solas, y en la misma contingenta encontraron mujeres aliadas para acompañarse. Entre las aliadas asistentes contamos con dos intérpretes de Lengua de Señas Mexicana, una médico, además del personal de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, quienes estuvieron atentas ante cualquier situación.

Dos mujeres avanzan de la mano, ambas llevan un paliacate verde atado a la muñeca.
Fotografía por Andrea López

Durante el recorrido la consigna principal fue #SororidadParaTodas, usada por las mujeres con discapacidad en fechas anteriores como el 12 de septiembre, Día Nacional de la Mujer con Discapacidad en México. Otra repetida muchas veces fue:

¡Volteáme a ver, volteáme a ver, que yo también soy mujer! 

Esta consigna fue por primera vez pronunciada por Karen Rodríguez, como respuesta a expresiones que mujeres sin discapacidad realizaron, debido a la falta de perspectiva de discapacidad.

Contingente de mujeres con y sin discapacidad que sostienen una pancarta con la frase "Sororidad para todas".
Foto por Jen Mulini

Karen es una mujer con discapacidad motriz, recientemente madre, usuaria de silla de ruedas, quien durante la marcha de 8M 2020 marchaba junto a mí, intentando abrir paso para alcanzar a nuestra contingenta, y hubo quienes «intentando ayudar» gritaban, ¡Denle paso a las sillas! Expresión que cosifica y reduce a las personas usuarias de silla de ruedas. Por esta razón retomamos esta consigna como parte de la necesidad de visibilizarnos. 

Durante el camino se nos unieron algunas mujeres con hijos en sus carriolas, que nos acompañaron durante la marcha, mujeres jóvenes que iban sin contingente, avanzamos juntas, mujeres con discapacidad y sus amigas, hermanas, mamás, tías y primas, todas juntas esperamos a que llegara la mayoría para movilizarnos del punto de encuentro e integrarnos a la marcha a las 15:30 horas.

Usuaria en silla de ruedas, mujer apoyada en una andadera y otra mujer llevando a su hijo en una carriola.
Foto por Jen Mulini

Los momentos de tensión sucedieron en dos ocasiones, la primera, a la altura del hemiciclo a Juárez, algunas mujeres comenzaron a correr. Mientras tanto las mujeres a cargo y que acordonaron a la contingenta, dieron rápidamente la indicación de «acuerpamiento» es decir nos replegamos en forma de cúpula, en donde las mujeres usuarias de silla de ruedas, andaderas y niñas en carriolas quedaban al centro para resguardarlas y protegerlas.

Contingente de mujeres con discapacidad.
Foto Andrea López

Después de una hora y media del recorrido de 2.5 km, llegamos al Zócalo. Una vez en la explanada, gritamos nuestras consignas, nos tomamos fotografías y nos dispusimos a descansar un poco. De repente, llegó una jovencita de unos 13 o 15 años que había sido rociada con gas lacrimógeno. María de Mendizábal, una mujer con discapacidad múltiple preparada con un botiquín que incluía inhalador y solución inyectable de lidocaína, la apoyó, junto con otras compañeras de la contingenta y le dieron contención.

Imagen con dos fotografías, la primera muestra a una joven lavándose la cara con una solución de Pepto-Bismol y agua, la segunda muestra a María de Mendizábal preparada con un botiquín de primeros auxilios.

El regreso, otro reto más. Después de llegar al Zócalo, permanecimos en conjunto a las orillas de la explanada, sobre la avenida Plaza de la Constitución. En este punto algunas decidieron regresar a casa. La estrategia por parte de la organización fue en todo momento permanecer acompañadas, y así fue, en grupos de al menos tres integrantes.

Diana Fuentes a bordo de un automóvil rojo, mientras un grupo de mujeres ayuda a meter en la cajuela su silla de ruedas con una llanta ponchada.
Foto Jen Mulini

Cuando avanzamos de regreso a las 7 PM sobre la avenida de 5 de Mayo, aún no terminaban de llegar todos los contingentes. Tuvimos que pasar sobre vidrios rotos, lo que provocó que una de las llantas de la silla de ruedas de Diana Fuentes se ponchara. Se resolvió al cambiar de silla de ruedas por otra que prestó Michell Chávez, una mujer que fue amputada después de un intento de feminicidio por parte de su expareja (el culpable sigue libre), Michell avanzó con sus muletas hasta el Eje Central, donde tomaron un bicitaxi que las acercara al metro Garibaldi nuestro punto de regreso a casa.

Al final, logramos llegar juntas, apoyarnos y gritar nuestras consignas, acompañarnos y acuerparnos. 

El 8M es un día para avanzar todas en un ambiente de sororidad. En esta ocasión, mientras la contingenta avanzaba, las mujeres de otras contigentas al vernos, aplaudían, nos sonreían, celebraban nuestra presencia, nos veían. 

Marchamos por todas aquellas que no pueden salir de sus casas, por las que son violentadas sexualmente por sus propios cuidadores, por las que se sienten solas, por las que están institucionalizadas sin su consentimiento, por todas las niñas y mujeres con discapacidad. ¡Avanzamos todas juntas y nos acuerpamos, para que ninguna se quede atrás!

#SororidadParaTodas

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