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Un recuerdo de mi hermano

Arturo Vaillard

Un recuerdo de los sentimientos encontrados que causó en mi infancia el nacimiento de Fabián, mi hermano con discapacidad.

Por Arturo Vaillard*

Mi nombre es Arturo Vaillard y soy el cuarto de cinco hermanos. El menor de todos era Faby, Fabián, que nació nueve años después que yo y 18 años después del mayor de todos mis hermanos.

Fabián nació con autismo y con discapacidad intelectual. No hablaba y le costaba mucho trabajo caminar, pero era un bebé y niño muy bonito.

Cuando Faby tenía cuatro años le diagnosticaron autismo y retraso en el desarrollo. Yo iba a la secundaria y la noticia me impactó mucho. Lo primero que pregunté fue si él se iba a curar. La respuesta fue un contundente no. 

Me sentí muy mal, y no sabía qué hacer. No sabía qué decirles a mis amigos y lo que hice fue dejar de llevarlos a casa porque no quería que se burlaran de él.

Toda la secundaria solo veía a mis amigos en la escuela. Mi convivencia era con mis primos, que, gracias a Dios, vivían en la misma cuadra que nosotros. Ellos aceptaban a Fabián porque sí o porque mis tías los forzaban.

Fue hasta la prepa que decidí volver a invitar a mis amigos a la casa, pero con otra visión: si ellos no lo aceptaban, simplemente no volverían a ser invitados y obviamente no volverían a ser mis amigos. 

Lo mejor de todo fue que nunca tuve que borrarlos de mi lista, al contrario. La respuesta me sorprendió, lo aceptaban y de muy buena manera.

Pero hubo algo que me costó mucho trabajo entender. De un día para otro llegó Fabián y me quitó el título de consentido de la casa, ya que dejé de ser el menor de los cuatro. Además, como él tenía una discapacidad severa, yo no podía ejercer sobre él el poder del hermano mayor. Para redondear mi tragedia, mi madre se enfocó en cuerpo y alma en crear la primera institución que atendía el autismo en México (el Instituto Domus, que sigue vigente) y ella ya no tenía tiempo para mí. Estoy muy orgulloso de ella, aunque nuestra relación fue algo complicada.

Con el tiempo, llegué a entenderla. Lo que hizo fue un gran acto de amor, pero siempre las grandes obras requieren de grandes sacrificios y ella tuvo que sacrificar el tiempo que nos dedicaba a mis hermanos y a mí.

Al ser mucho menor que ellos, creo que yo sentí más su ausencia. Aunque eso también me permitió convivir más con mi papá. 

Fabián falleció en mayo de 2020, a causa de todas sus dolencias,  seis meses después que mi mamá. Hoy lo recuerdo con amor y entiendo todo el sacrificio que hizo mi familia y en especial mi madre. Y doy las gracias por haber sido parte de la vida de Faby, una persona que inspiró a muchas otras.

*Arturo Vaillard es experto en accesibilidad web.

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