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“Escribo con luz pedazos de historias”: Ana Gregorio

Fotografía en blanco y negro del rostro de una mujer, de cabello oscuro, largo, peinado de lado y que le cae prácticamente sobre la parte izquierda de la cara y le tapa casi todo el ojo de ese lado. Tiene ojos grandes, oscuros, cejas finas y delineadas, sonríe. Con una mano se toca la oreja derecha, de la que pende un arete que le llega al inicio del mentón.

Una fotógrafa argentina creó el Proyecto Igualarte, una plataforma digital que reúne a 70 fotógrafos de Latinoamérica y España que retratan personas con discapacidad.

Por Bárbara Anderson

Ana Gregorio siempre miró a través del lente de su cámara, de otra manera, a las personas con discapacidad. Comenzó hace cuatro años con una muestra fotográfica llamada “Indistinto: tengo un alma y quiero cargarla”, donde reunió 15 retratos de niños y niñas con alguna discapacidad. 

En ese momento se encendió en ella un flash que comenzó a iluminar a quienes no eran nunca convocados para sesiones de fotos. Comenzó a ofrecer sus servicios de fotografía publicitaria a distintas empresas con la condición de que siempre hubiera modelos con alguna discapacidad. Lo mismo en los talleres de fotografía que daba siempre había modelos y sesiones con personas con alguna condición. “Mi idea era siempre normalizar en este trabajo a la discapacidad, impulsar la inclusión desde la fotografía”, me dice desde su Córdoba natal en Argentina con un tono de entusiasmo que no ha perdido desde que se lanzó en esta cruzada en 2017. 

Hace dos meses, con una colega lanzó en Instagram el Proyecto Igualarte (@proyecto_igualarte), un espacio donde una vez al mes publican una sesión de fotos profesional y cuentan la historia de los protagonistas, de su vida, sus retos y su discapacidad. 

La novedad y la meta de Igualarte (“que es aumentar la autoestima de los modelos e informar y normalizar a nuestra audiencia sobre el valor de la diversidad”) sumó rápidamente no solo followers sino también colegas: en semanas ya son 70 fotógrafos de Argentina, Perú, Chile, Uruguay, Paraguay, Bolivia, México y España. La condición es tener una sesión de fotos profesional y también una entrevista con los protagonistas y su familia para que cuenten sobre cada tipo de discapacidad, sus retos, sus necesidades y sus sueños. 

“Quiero que las marcas de ropa también normalicen la discapacidad a la hora de pedir modelos para sus campañas”, me dice Gregorio. Y en el boom de las redes sociales, esta puede ser una enorme oportunidad. “Cuando hice la muestra de Indistinto me sentí muy frustrada porque no logré cambiar todo lo que yo me imaginaba, no logré crear una comunidad en favor de esta idea”, agrega. 

Combo de tres fotografías del Proyecto Igualarte. En la primera aparece un niño pequeño que tiene síndrome de Down de alrededor de un año de edad; está sentado sobre una superficie de madera rústica; viste pantalón de mezclilla azul, camiseta blanca de manga larga, tiene el cabello claro, muy recortado de los lados y más tupido en el centro. En cada una de sus manos tiene un carrito de juguete; uno de ellos, el más grande, es de color rojo y pega sus llantas en el abdomen. El niño cierra los ojos y abre lo boca. La segunda imagen muestra a una niña y un niño de entre 8 y 10 años, están de perfil, frente a frente, tomados de las manos. El niño, que está a la derecha, es un poco más alto y se acerca a la niña y le da un beso en la frente. La niña usa un vestido color beige sin mangas, el niño lleva pantalón de mezclilla gris y camisa gris claro, de manga larga aunque doblada sobre el antebrazo. En la última imagen está el mismo niño, vestido de igual manera, aunque aquí está de frente. Es un niño con una discapacidad intelectual, tiene cabello negro, corto, peinado de lado que cae sobre la frente, tiene cejas arqueadas, sonríe y su sonrisa deja ver que mudó un diente.
Imágenes del Proyecto Igualarte

Te acercaste a través de la fotografía a la discapacidad, ¿Cuál fue el detonador? 

No sé si fue algo puntual. En realidad la discapacidad fue un tema a desarrollar porque me molestaba mucho, por ejemplo, el bullying en el colegio. Tengo hijos chicos y se discrimina por todo: si tienen más peso, menos peso, si son muy altos o muy bajos. La infancia muchas veces es bastante cruel. Y no le echo la culpa a los niños, sino que obviamente a los adultos que crían esos niños, que escuchan esa discriminación en su casa y por eso lo vuelcan en el colegio. Y no todos sufren el bullying, creo que los que sufren son los más apagados, los más callados, quienes tienen una autoestima baja y ahí pensé en las personas con discapacidad. Yo no tengo ninguna situación personal vinculada a la discapacidad pero sentía que muchos hablan de inclusión, o contra el bullying pero nadie hace nada. Y yo no quería ser una del montón. 

 ¿Tienes familiares o personas de tu círculo cercano con discapacidad?

Sí, tengo una tía, Juana,  hermana de mi mamá que a los seis meses tuvo meningitis y quedó con una discapacidad intelectual. Ahora tiene 82 años. Pero ella siempre estuvo integrada a la familia: si se hacían reuniones estaba ella, si salíamos iba mi tía también. Nunca se la escondió, como acá en Argentina pasaba en muchas familias. Ahora que me metí en todo esto de la discapacidad, veo la importancia de la estimulación temprana, algo que antes no había.
Si mi tía hubiera nacido en estos tiempos, sería otra su realidad de ella, podría haber sido una mujer independiente, porque la sobreprotegen y creo que la sobreprotección anula a las personas.

¿Cómo nace Igualarte?

El proyecto fue creado recién hace dos meses. Pero yo vengo trabajando en el tema de la inclusión desde 2017 con mi primer proyecto que se llamó ‘Indistintos’. En el caso de Igualarte fue diseñado por mí y se completa con un grupo de 70 fotógrafos de distintos países. En estos cuatro años que trabajé en temas de inclusión sentía que no tenía la llegada al público que yo quería. Mi idea era que fuera algo grande y que moviera el corazón de la sociedad. Como sola no iba a poder, hablé a una amiga -Renata Coponni- y con ella organizamos el proyecto y vamos administrando todo esto que nos llega para nuestra página en Instagram. 

¿Cuál fue la primera foto que tomaste, el primer protagonista del Proyecto Igualarte? ¿Cuántas historias ya llevan publicadas?

Mi primer historia fue la de Patricio, un niño de cinco años que tiene síndrome de Beckwith-Wiedemann. Son muchos chicos los que he fotografiado, pero no solamente hago estos retratos sino que también doy clases y talleres de fotografía donde trabajo sobre la inclusión. Por ejemplo, en mis cursos siempre hay una modelo con discapacidad y les enseño a mis alumnos cómo respetarla y como comunicarse con ella. Y sobre todo a respetar su edad. Muchas veces a una persona con síndrome de Down, que son los que más se presentan a mis talleres, les hablan como si fueran niños o bebés y tal vez tiene 30 años. 

Combo de dos fotografías que muestran a dos mujeres en cada una de ellas. En la primera está una mujer joven con un suéter a rayas de color ladrillo, morado, azul rey, azul claro, verde y anaranjado, que pasa sus brazos sobre otra mujer joven de cabello oscuro, lacio, y largo hasta la altura del mentón. La mujer que abraza recarga su rostro sobre la cabeza de la segunda, ella tiene el cabello muy corto, también oscuro. Las dos sonríen. La segunda imagen es en blanco y negro. Es una joven que tiene síndrome de Down que usa un maquillaje tenue y abraza los brazos de la segunda persona que aparece, que es una niña colocada atrás de ella, que recarga su cara sobre la cabeza de la más grande.
Imágenes del Proyecto Igualarte

¿Cuál ha sido la historia que, en lo personal, te ha marcado más y por qué?

Todas me conmueven, soy muy sensible y súper llorona. Me emocionan todas las historias porque el común denominador es el rechazo de la sociedad, o la lucha por sus derechos. Me pongo en el lugar de sus familias y pienso cómo me sentiría yo como mamá al tener que luchar por un derecho que yo tengo y mi hijo no y me entristece realmente. No solo soy fotógrafa, sino que soy mamá y siempre trabajo desde esa parte. Todas las historias son conmovedoras, a mí me encantan estos proyectos cada día me enseñan algo nuevo y hacen crecer mis sentimientos más sensibles y la sensibilidad es la base de la fotografía. 

¿Qué es lo más difícil para un fotógrafo, la imagen o el texto que lo acompaña? 

Soy fotógrafa de retratos y en mis talleres explico que estoy escribiendo con luz un pedacito de historia. Lo que están viviendo ellos o lo que le pedí a mis modelos en ese momento, lo que están viviendo ellos en ese pedacito de época, yo lo capturo. Lo que ha quedado en esa fotografía es un pedacito de ese día, de ese momento, es un documento. Hay fotógrafos que tienen mucha facilidad al escribir y otros que no. Yo no soy muy buena en la redacción pero me preparo mucho en las fotografías para que mis fotos hablen con la mirada, con la pose de mis modelos. 

En este  proyecto en particular es necesario el testimonio, es necesario el texto, aunque las personas que están acostumbradas a ver imágenes y no leen tanto. Pero es necesario la historia, necesitamos llegar a la sensibilidad, al corazón de cada persona, saber lo que ellos pasan atrás de la puerta de su hogar para lograr el respeto. 

¿Cómo seleccionas o cómo llegan las personas a fotografiar?

Trato de seleccionar alguna discapacidad de la que todavía no he hablado, porque el objetivo de Igualarte es informar. De todas formas, cada historia tiene diferentes experiencias y testimonios y eso también educa. Me llegan un montón solicitudes y yo selecciono síndromes o diferentes discapacidades para cumplir con el objetivo de informar.

En el caso de México: ¿cuántos fotógrafos y cuántas historias ya tienen en su plataforma?

Tenemos un solo fotógrafo hasta el momento en México y publica una vez al mes. Pero tenemos la esperanza de qué se vayan sumando más, son todos bienvenidos a este proyecto. 

¿Cuál es tu meta, Ana? ¿Qué quieres que sea Igualarte?

Que se normalice la diversidad y que todos tenemos tenemos el derecho a que vivir con los mismos derechos. 

También el objetivo es trabajar con la autoestima de cada persona. La fotografía también sirve como terapia: uno se encuentra en cada foto y se ve desde el ojo del fotógrafo. También en este proyecto sumamos a una psicóloga porque había muchos miedos de cómo comunicarnos y ella (Selena Coponni) se especializa en personas con discapacidad y nos asesora en cuestiones desde el vocabulario hasta cómo trabajar con cada  familia y cada modelo. Y también a quitarnos  nuestros propios tabúes.

La meta final es la inclusión y la piedra que obstruye ese camino es la falta de información: la gente tiene miedo a lo desconocido. 

¿Cómo se pueden sumar otros fotógrafos a tu proyecto? ¿Qué necesita Igualarte para crecer?

Mucha difusión y más fotógrafos con más historias desde cualquier lugar del mundo. 

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