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La escuela para indígenas con discapacidad que creó su propio mezcal para subsistir

Indígenas con discapacidad sosteniendo una botella del mezcal Konk Neej.

Con el apoyo de la organización Punto Seis y sin fondos de ningún gobierno, una comunidad mixe de Oaxaca mantiene su centro comunitario y educativo inclusivo gracias a una bebida tradicional.

Dentro de las comunidades indígenas la mayoría de los padres consideran que sus hijos con discapacidad no pueden estudiar. Por eso fundé el primer Centro de Formación Integral Ayuujk en Santa María Tlahuitoltepec, un espacio único e inédito de educación inclusiva, laboral, cultural y social en medio de un bosque con todo lo necesario para que adquieran las herramientas para una vida mucho más amplia”, me dice Juventino Jiménez Martínez. Él es un índigena de la comunidad Ayuujk (en Oaxaca), presidente de la organización civil Punto Seis y profesor del Programa Letras Habladas de la Universidad Autónoma de la CdMX.

A causa de su discapacidad visual, de muy niño se mudó con una tía al DF, y eso le permitió estudiar y convertirse en el primer mixe de la sierra oaxaqueña en obtener un título universitario (es profesor de Psicología Educativa por la UAM).

Botellas del mezcal Konk Neej.

Fundó con un grupo de amigos, también con discapacidad visual, la organización Punto Seis (en alegoría a la base del sistema Braille). 

Pasaron 24 años desde que se mudó de la sierra a la capital para que regresara con una idea revolucionaria: abrir el primer Centro de Formación Integral Ayuujk (CEFIA) que diera educación a indígenas con discapacidad sin tener -como él- que mudarse lejos de su familia. Pero además que fuera un espacio comunitario que brindara talleres con salida laboral y concientización a una comunidad como la suya. “Solo en la comunidad mixe tengo contabilizados a 401 indígenas con alguna discapacidad en una población cercana a las 10 mil personas”, me explica Juventino. 

Hace 13 años pudo inaugurar el CEFIA, “me atreví a soñar en llevar a la sierra lo que yo había aprendido en la ciudad: darle a los indígenas con discapacidad educación y preparación para que fueran incluidos sin problema en las comunidades. Pedirle permiso a la madre tierra para sumar nuevas manos a sus comunidades, manos que antes eran despreciadas.”

Una de las actividades principales es precisamente la concientización y la revalorización de las personas con discapacidad a través de charlas y hasta funciones de cine comunitario.  

Si bien el CEIFA se pensó primero para niños con discapacidad, luego naturalmente se volvió  inclusiva, sumando a niños sin discapacidad porque era la mejor opción de educación completa. 

El dinero de la construcción y equipamiento lo donó la Fundación Oxfam, pero el mantenimiento mensual se logra con los productos que fabrican los alumnos y la propia comunidad en este espacio social. 

Hoy 17 personas indígenas con discapacidad y 16 personas indígenas sin discapacidad participan de forma directa en los talleres de concientización, en la escolarización y hasta la fecha más de  300 niños, jóvenes y adultos sin discapacidad en la comunidad han tomado cursos en el CEIFA. 

Adulta mayor de la comunidad Ayuujk sosteniendo una botella de mezcal.

“La discapacidad visual e intelectual es la que predomina en nuestra comunidad”, me explica Jiménez quien tuvo que buscar una manera propia de mantener el Centro, ya que no han recibido nunca apoyos ni del gobierno federal, ni estatal ni del Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (INPI). 

Un mezcal salvador

Hace dos años, Juventino Jiménez y sus aliados de la comunidad mixe lanzaron su propio mezcal, Konk Neej. Un maestro mezcalero de mucho reconocimiento donó su tiempo y conocimiento para crear esta bebida que se vende en todo el país.

Actualmente trabajan en la planta de producción 11 personas con discapacidad más 9 familiares de las personas con discapacidad. Es un proyecto administrado por el colectivo de indígenas con discapacidad del CEFIA. Ellos reinvierten los recursos obtenidos de sus ventas en más insumos para seguir comercializando dicho producto.

Con una producción muy pequeña aún (unas 200 botellas al mes, esto les permite financiar las actividades educativas (en un aula que es palapa), así como culturales y de capacitación laboral del centro. 

“Las utilidades alcanzan para dar talleres de alfarería, cubrir gastos de transportación de los integrantes que son de las distintas rancherías de la comunidad, además de poder pagar los gastos de alimentación en las reuniones de trabajo”,

explica Juventino.

“Nuestro plan es lograr colocar el mezcal Konk Neej en comercios formales como restaurantes, bares, hoteles y espacios turísticos para aumentar las ventas y con ellos poder recibir a más alumnos”. 

Si quieren apoyar esta causa y probar un mezcal pueden comprarlo en su tienda en línea: www.mezcalkonkneej.com

Por Bárbara Anderson

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