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«En la atención de la salud mental hay que atender la inequidad y el cambio climático»: José Calderón Abbo

Fotografía de un hombre de entre 40 y 50 años, con frente amplia, cabello oscuro, corto, rizado, con bigote y barba corte candado, usa camisa de vestir blanca.

El especialista en Psiquiatría, que vive en Louisiana, explica la interconexión de distintos factores que inciden en la salud mental, aun cuando no es frecuente que se les relacione.

Por Katia D’Artigues 

No sólo la pandemia por COVID-19 sino el cambio climático ponen de relieve algo importante: vivimos en un mundo interconectado donde la salud y la salud mental de uno o parte de la población es, al mismo tiempo, la de todos. 

Aunque ya está documentado que la pandemia, el encierro, los muchos duelos (de pérdidas de vidas humanas, empleos, nivel de vida) ha provocado aumento de depresión y ansiedad, también la crisis global por el cambio climático provoca estragos sociales que se traducen en psicológicos. O sociológicos-psicológicos.

¿Sabían que con el aumento en la temperatura del mundo está demostrado que crecen la irritabilidad y la violencia intrapersonal y entre grupos? ¿Que las sequías o inundaciones que fuerzan a migrantes a abandonar sus países provocan -aunado a gobiernos que no responden- crisis sociales que devienen en resurgimientos de nacionalismos, enfrentamientos sociales?

De todo esto y más platicamos hoy con José Calderón Abbo, médico por la UNAM, psiquiatra y especialista en adicciones y en otros temas, como cambio climático, y cómo, en pocas palabras, todo está interconectado en este mundo.

Calderón Abbo actualmente vive en Louisiana, donde ya le tocó atender y estudiar las emergencias de salud mental que se viven tras emergencias como las del huracán Katrina y en los meses recientes de otro más, Ida. También sobre otros momentos durísimos: el 11 de septiembre en Nueva York e incluso los efectos psicológicos de la guerra contra el crimen organizado en México.
Es profesor asociado de Psiquiatría de la Universidad Estatal de Louisiana y parte de la Facultad del Centro de Medicina Cuerpo-Mente en Washington, D.C. 

Fotografía de un hombre joven, de cabello corto, barba y bigote color café claro, está sentado en el suelo, de perfil, recargado en una pared. Viste un traje quirúrgico color azul, guantes del mismo color y cubrebocas detenido solo en una oreja, por lo que cuelga bajo su barba. Tiene las piernas encogidas, los brazos descansan sobre las rodillas y la cabeza agachada.
El personal médico ha sido afectado por la pandemia. (Foto Freepic)

La última vez que hablamos, en mayo de 2020, las consecuencias en salud mental en la pandemia a corto, mediano y largo plazo ya preocupaban pero en ese momento hablamos, sobre todo de los retos de salud mental en los trabajadores de la salud. ¿Cómo ha cambiado el panorama un año y cinco meses después?

Nos encontramos en un mundo completamente diferente al del 2020. Antes de que comenzaran las medidas socioeconómicas de salud, de cerrar asuntos sociales, dejar de trabajar o seguir trabajando a pesar del riesgo. Gran parte de la población o la mitad pensábamos que tomando las medidas iríamos adelante del asunto. No había vacunas. Todavía había mucha incertidumbre de qué podría transmitir el coronavirus: si sólo el aire y la respiración o el contacto con objetos. De allá para acá sabemos mucho más.

Las buenas noticias es que sabemos más. Sabemos cómo tratar pacientes con coronavirus severos, en terapia intensiva. Tenemos dos medicamentos que disminuyen el transcurso de hospitalización, anticuerpos monoclonales, vacunas de RNA, de DNA que disminuyeron la mortalidad y contagio de forma increíble, aunque no todos tenemos ya las vacunas. 

Esas son buenas noticias. 

Hay ciertos sectores de la población que regresaron a trabajar. Sabemos que se puede hacer telemedicina, en el sector salud de Estados Unidos y otros lados hubo mucha innovación, desde las mismas pruebas de Covid: de un hisopo muy largo a hisopos pequeños que permitió no desperdiciar material de protección para personal de salud. 

Pudimos trabajar de manera remota sin mucha pérdida productiva, aunque hay personas que tienen posiciones encontradas.

Hay gente que repensó prioridades: en dónde pongo energía, en qué no. Todo eso ha sido positivo.

En México y en otras partes del mundo hemos visto cosas de afecto, de comunicación, como gente aplaudiendo a trabajadores de salud o tocando música afuera de hospitales. Disminuyó la utilización de petróleo y combustibles fósiles y pudimos por un momento respirar aire menos contaminado.

Por otro lado, estamos en un mundo mucho más polarizado políticamente, donde la inequidad en salud y racial se magnificó por la Covid. No todos tienen acceso a las vacunas maravillosas, sobre todo las minorías raciales: latinas, afroamericanas, nativoamericanas, grupos indígenas. Ellas sufrieron de mucho mayor manera que grupos blancos y más adinerados.

Hay gente que perdió a muchos miembros de su familia, los que vivían en familias multigeneracionales. Y a raíz de la administración Trump, y gente cómo él que politizó el tema de salud, hay muchas personas que no creen en las vacunas, que no se quieren poner una mascarilla, que no creen que existe la Covid. 

En temas de salud mental sí hay un asunto de resiliencia importante, pero hay un gran pesar: el 50% de la población de Estados Unidos reportó sentirse deprimida o con síntomas de ansiedad y estrés. Cuando terminó la primera ola, antes del surgimiento de la variante Delta, la gente comenzó a salir más, tenían fatiga de estar en casa… y luego tuvieron que regresar, como otras economías en el mundo.

Gente con predisposición a depresiones, a problemas de sueño vieron sus síntomas exacerbados. Gente con trastorno bipolar o adicciones también recayeron porque no podían ir a sus estructuras de apoyo en persona, como reuniones presenciales. Y no todo el mundo tenía acceso a, digamos, zoom. Había también una inequidad al acceso a la tecnología.

En Estados Unidos tenemos el mayor repunte de muertes por sobredosis accidental en la historia. Tenemos una epidemia de opioides y estimulantes de metanfetaminas que iba para abajo en 2018 y volvió a subir: 90 mil muertes sólo en 2020. 

Era ya un problema gigante a la trastienda del Covid. Es donde nos encontramos ahora.

De por sí ya sabíamos, se había anunciado desde hacía años, que para el 2020, las personas con depresión serían el mayor número de personas con discapacidad en el mundo. Pero no contábamos con la Covid.

Sí. Han aumentado los suicidios, el aislamiento social, el estrés económico, la falta de acceso a servicios de salud mental, la falta de acceso a apoyos, lo mismo que las adicciones. También hubo, no hay que olvidar, que en 2020, también se vio un recrudecimiento y repunte en tensiones raciales a raíz de la politización de Trump y sus secuaces. Y cuando empezó a cerrarse la economía en Estados Unidos, la gente compró armas, subió la cantidad de venta de armas. En algunos casos las usaron contra ellos mismos. 

Eso es sociología y psicología de la mano

Y política de salud. También que aquí el acceso a armas es un derecho constitucional.

¿Qué hemos aprendido ya de la pandemia como humanidad? ¿y qué te gustaría que aprendiéramos?

Aprendimos que, otra vez, hay posibilidades increíbles de caminar juntos para resolver problemas gigantescos. Como la vacuna y protocolos de salud. Vimos surgir grupos de apoyo, de altruismo voluntario, espontáneo. Esto en el momento en que estamos todos frente a otros problemas gigantes que no sabemos cómo resolverlos, como el cambio climático.

Estas son cosas impresionantes que mucha gente piensa, los más optimistas, que trabajar juntos en políticas e innovación nos permitirá resolver muchas cosas. Que juntos podemos hacerlo.

Hay dos asuntos que nos pueden ayudar a tener éxito, depende de dos cosas: de resolver la inequidad de género, de raza, de discapacidad, socioeconómica. Si no se resuelve, se convierte en un tema de salud que nos rebota a todos, tanto a la gente con recursos como a la gente sin recursos. El Covid lo trajo del trasfondo y ahora está palpable a nuestra vista. 

Aunado a esto tenemos en la mesa una encrucijada con el tema del cambio climático, que se considera un determinante de salud ambiental: ojalá podamos venir todos. Resolver las discrepancias políticas. O jalamos todos parejo o nos vamos a quedar atrás. Las llamadas son de esperanza y cautela.

Juego de fotografías en las que se aprecia el ojo de un huracán, un incendio forestal y parte de un bosque en proceso de desertificación. Las imágenes tienen un gráfico encima formado por las líneas de dos cuadrados azul claro, de tal forma que solo se ven de manera parcial.
Huracanes, incendios, desertificación son fenómenos que impactan la salud mental de las personas. (Foto: Organización Meteorológica Mundial)

¿Y qué tiene qué ver el cambio climático y todo esto con la salud mental?

Estoy en Lousiana, Estados Unidos. Acá estamos regresando a la seminormalidad a un mes y semanas del huracán Ida. Cuando pensábamos que ya estábamos pasando… de pronto no hay escuela dos semanas, no se recoge la basura, la ciudad apesta. Hay zonas de la ciudad que no tienen electricidad. Hay desesperanza. La gente que puede sale de la ciudad pero la que no tiene los medios socioeconómicos no y hay desesperanza.

Hay temas inmediatos (con el cambio climático): huracán en este caso, pero también lluvias torrenciales y gente que muere o grandes domos de calor en diversos puntos. Impacta no poder trabajar, no poder ir a la escuela. Todo esto empieza a sobrecargar, hay mayor posibilidad de estrés en la gente, mayor depresión. 

Hay datos muy interesantes. En ciudades con temperaturas donde ves con un grado celsius o mayor que lo normal aumenta un 4 por ciento el riesgo de violencia interpersonal. 

¡Cuatro por ciento!

Sí y 14 por ciento la violencia entre grupos..

¡Catorce! 

Sí, cuando ha habido estos domos de calor por encima de lo normal. Ahora que este 2021 en el verano reportó las temperaturas más altas desde que se han medido. En el verano, la gente está afuera de las casas, y se piensa que estando afuera, entre alcohol, (que están) irritables, hay mayor cantidad de violencia. 

Tengo pacientes de amigos míos, mucha gente que murió por el huracán Ida por calor porque nos quedamos sin electricidad días y días y la gente quedó expuesta. ¿Qué tiene que ver con la salud mental? ¡Todo! Directa o indirectamente. 

Directamente, por el trauma, porque alguien muera o salvó la vida en un asunto traumático en un huracán; el impacto indirecto es el estrés, depresión, la pérdida de recursos, de gente, etcétera.

Y luego hay un asunto global relacionado al cambio climático.

Hay unas cosas que se llaman los “síndromes mentales ecológicos”: para muchos de nosotros que estamos metidos en el asuntos  del cambio climático día a día hay mucha desesperanza. Que piensa que no se va a poder resolver, que va a seguir estando muy mal, ya no importa lo que hagamos. Ahora tenemos 1.2 grados celsius por encima, que no suena mucho, pero está asociado a muchísimo aumento de tormentas, inundaciones, derrumbes en montañas que se llevan casas…

Fotografía espejo que muestra a contraluz una fila de personas que caminan al lado de un cuerpo de agua,  solo se ven las siluetas que cargan maletas o niños de brazos, e el fondo se ve el cielo azul con nubes.  La imagen se replica en sentido inverso en el cuerpo de agua.
El cambio climático es un factor que incide en el aumento de la migración. (Foto: ACNUR).

Y las migraciones…

Exacto. En el asunto mental, por ejemplo, del 2006 al 2009 en Siria hubo una gran sequía y la falta de una estructura compleja y apoyo de gobierno y la sequía, la gente en el campo no tenía qué hacer, qué comer y cultivar. Se fueron a las ciudades, aumentó la tensión, que acabó disparando la Guerra Civil en Siria y ya son 3 millones de migrantes y gente desplazada sólo en ese país. 

El sur de África, en el Subsahara, con sequías están emigrando a Europa y lo que está causando en Europa son tensiones socioeconómicas y de cuestiones racistas de políticas nacionalistas, todo tiene mucho qué ver. 

Vemos lo que pasó en Haití, entre temblores, desorganización social, huracanes. Las oleadas de gente que están en la frontera con Estados Unidos y México que los están repatriando. En el camino también hay explotación, trata de personas, maltratos, semiesclavitud, abuso de migrantes. Gracias por traerlo a la mente; es complejo y difícil.

Es una manera tremenda y a la vez hermosa de decir que todo está conectado.

Sí, todo está conectado y lo tenemos que resolver. Estaba yo escuchando a una comunidad de megarricos que se creó afuera de una comunidad emprobrecídísima en África. Un poco lo que hicieron en Dubái:  creando islotes, colonias con su propia seguridad. Pueden vivir encerrados en su castillo, pero si todo sucumbe afuera, tarde o temprano les va a pegar. O remamos,  jalamos todos parejos o nos vamos a quedar todos atrás. Es de una gran hermosura y una invitación a colaborar trabajar todos juntos. Se han creado nuevos conceptos. Como “solastalgia”.

¿Dolor de estar solo?

No. Como nostalgia. Significa la pérdida del hogar natural, del ambiente, entorno natural, que está provocando síntomas en gente, desesperanza por la pérdida del hogar ya sea por fuego, inundaciones o sequías e irse de su país natal. 

También términos como “ecoestrés, “ecoansiedad”. El Colegio Real de Psiquiatría en Gran Bretaña tiene ya en su sitio de internet de salud mental toda una sección de ecoestrés para padres, hijos, educadores, trabajadores de la salud. Es algo nuevo que está surgiendo y lo que se puede hacer. 

Es una invitación para actuar local, todos los desastres son locales. Es un gran aprendizaje. La oportunidad es local. De buscar cómo juntarse y apoyar y trabajar juntos.

Actúa local y piensa global, ¿no?

Exactamente, esa es la solución. En los últimos años en México y en el mundo se han visto gran cantidad de organizaciones no de lucro, no gubernamentales, que están trabajando cosas muy importantes. Hay que activarse, estar con gente que está buscando soluciones por pequeñas que sean.

Todos jugamos una pieza importante en la solución global. 

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