Fotografía de una señor de edad adulta con cabello cano corto que viste una sudadera de color gris y bermudas de color gris oscuro, de pie frente a él, se alcanza a apreciar la pierna izquierda de un deportista con short negro de la marca Nike y una prótesis en la pierna derecha.
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El sostén integral para los atletas paralímpicos

Cerca de 100 personas en la villa deportiva se convierten en una especie de “ángeles guardianes” en cada edición de los Juegos Paralímpicos; el especialista Thomas Pfleghar, un veterano en estas competencias internacionales, cuenta con emoción su labor como técnico ortopedista.

Por Ivett Rangel 

Psicólogos, fisioterapistas, preparadores técnicos, padres, madres, hijos, hijas y parejas… alrededor de un paratleta olímpico hay muchos sirviendo como sostén en una carrera deportiva, pero hay unas personas que pasan desapercibidas a los ojos de casi todos, sin embargo, son pieza clave en los resultados finales en las pistas y en las canchas.  

Ellos son los técnicos que revisan, ajustan y reparan las prótesis y las sillas de ruedas de todas las y los competidores, así como de quienes acompañan a las delegaciones o los directivos en los Juegos Paralímpicos. Porque de alguien depende que las prótesis tengan la mayor protección en el área del muñón y que las sillas de ruedas garanticen su resistencia al contacto físico. 

Varias de las más de 20 disciplinas adaptadas que participan en los Juegos Paralímpicos requieren aparatos con alta tecnología para permitir la práctica del deporte. 

Una labor titánica 

Los jugadores de básquetbol o rugby adaptado, por ejemplo, necesitan sillas específicas para poder practicar esos deportes.  

“Esas sillas son especiales porque deben estar preparadas para el contacto físico. La rueda trasera grande debe tener más inclinación que en una silla normal con el objetivo de poder girar y hacer las curvas estrechas y de manera rápida”, explica Thomas Pfleghar, director regional de Educación y Atención Médica en Ottobock, empresa patrocinadora de los Juegos Paralímpicos desde Seúl 1988. 

Él ya está listo para viajar desde São Paulo hasta Tokio en agosto próximo junto con otros 100 técnicos provenientes de todo el planeta. Entre todos abarcarán alrededor de 26 idiomas en el taller.  

“Esto es esencial para poder comunicarnos con ellos por si hubiera algún problema. Tenemos técnicos que hablan árabe, mandarín, hindi, japonés, vietnamita, además de español, francés, alemán, inglés o portugués”, añade el especialista de Ottobock en Brasil, quien domina el alemán, el portugués y el español.  

Este año, los Juegos Paralímpicos de Tokio 2020, a realizarse del 24 de agosto al 5 de septiembre de 2021, contarán con tres técnicos de América Latina. Además de Thomas, estarán también Emerson Bovo, de Brasil, y Miguel Espinoza, de Chile. 


Fotografía de una mujer joven, atleta paralímipica en silla de ruedas de cabello rubio y ojos verdes que está sobre una pista de carreras, trae puesto un uniforme deportivo de color negro con blanco, un casco protector color blanco y blande el puño hacia arriba en señal de victoria.

Atención para todos 

El principal objetivo de la empresa alemana es garantizar que todo atleta que llegue a los juegos con su equipamiento -sin importar la marca o procedencia- pueda participar, es decir, si la silla de ruedas o la prótesis presentara un defecto que le impidiera competir, poder corregirlo o asistir técnicamente ante cualquier problema durante el transcurso de los torneos.  

La labor es ardua: el taller opera desde las 7 de la mañana hasta las 11 de la noche, pero la satisfacción es inefable.  

“Es muy difícil poner en palabras cómo es mi vida profesional, sólo sé que es un honor y un placer estar en la vida olímpica porque se trata de estar a disposición de una persona que quiere demostrar que puede y nosotros tenemos que dar a todos la garantía de poder participar.  

“Es un ambiente muy especial: las personas son muy amables, siempre tienen tiempo y paciencia, nadie levanta la voz. El tiempo pasa rápido, ni siquiera notas que estás trabajando. Es una experiencia única”, expresa Thomas, quien tiene cerca de 40 años de experiencia y ha asistido a los Juegos Paralímpicos de Londres 2012 y Brasil 2016, a los Juegos Paralímpicos de Invierno en Sochi 2014, así como a los Juegos Parapanamericanos en Toronto 2015 y Lima 2019.   

Él sabe, como el resto de los técnicos, que pueden hacer la diferencia para muchos paratletas, pues no todos cuentan con el soporte técnico al provenir de países en vías de desarrollo. 

Fotografía de un hombre, atleta de gimnasia que se encuentra en un estadio de fútbol a contraluz, se ve su silueta, se encuentra saltando y trae puesto un uniforme de color gris y tiene una prótesis en su pie izquierdo.

Recuerdos para siempre

Historias hay varias, aunque nos comparte dos que se le quedaron tatuadas en el alma. Se le enchina la piel de solo recordarlas. 

“Hay quienes llegan de Estados Unidos con dos o tres prótesis, pero hay quienes vienen de Angola, Brasil o México, donde no cuentan con tanto apoyo, entonces para ellos nuestro soporte es mucho más importante. 

“Tengo el recuerdo más bonito de un joven que llegó a Londres con una silla de ruedas hecha con piezas de hierro de sillas viejas. Quería que se la reparáramos y era imposible, no había cómo hacerlo, así que decidimos donarle una silla nueva. Él fue diario al taller, durante esas dos semanas, para agradecernos… Aún me da escalofríos”, rememora el experto de origen alemán.

Fotografía de tres atletas corredores sobre una pista de carreras, de izquierda a derecha aparece un hombre de tez blanca, barba de candado de color café, calvo, con ojos grandes de color café que lleva un unifome de color verde con amarillo, al centro aparece un hombre de tes morena, alto, con cabello negro, barba de candado y lleva puesto un uniforme de color negro con blanco, por último un hombre alto, de tes blanca, lentes oscuros que lleva puesto un uniforme de color blanco con azul, los tres utilizan una prótesis en su pierna izquierda y se encuentran en movimiento corriendo hacia la meta.

También narra que lograron perfeccionar la prótesis de otro paratleta de hockey sobre hielo en Sochi, Rusia. 

“Le pusimos un encaje nuevo y quedó súper feliz porque ya podía caminar sin sentir dolor”, cuenta con satisfacción. 

Y así, cada disciplina requiere una atención distinta, como las sillas de rugby que son compactas para facilitar la movilidad y en las que los jugadores tienen las piernas hacia atrás para evitar un riesgo de caída. 

O las sillas de carrera para los 400 y 800 metros, así como de larga distancia, que tienen tres ruedas, dos traseras y una delantera de mayor tamaño con solo un ajuste y una dirección para girar en la pista de tartán. 

Además del taller general, hay que atender los pequeños talleres que se colocan a un costado de las canchas en las disciplinas que exigen atención inmediata, como las antes mencionadas y el tenis. 

“Es una especie de pit stop en el que se tienen que hacer las reparaciones en máximo 15 minutos”,

detalla Thomas.

Sus últimos juegos

Con las paralimpiadas de Tokio, Thomas se retirará, por lo que supone que serán aún más especiales que otras competencias.  

“Todo tiene un principio y un fin, y quiero dar espacio a personas más jóvenes, que tengan esta misma alegría y felicidad que yo he sentido. Y hay que saber salir cuando todo es más bonito”, declara. 

«Soy como Daniel Dias (nadador paralímpico de origen brasileño ganador de 24 medallas entre 2008 y 2016). Yo, como él, estaré en mis últimos juegos y ambos esperamos lo mejor».

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