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El cáncer de mama, esa metáfora del capitalismo

Gráfico del torso desnudo de una mujer, realizado en blanco y negro con alto contraste. En el seno derecho hay una mancha redonda color roja.

La escritora estadounidense Anne Boyer ganó en 2020 el Premio Pulitzer por su libro ‘Desmorir’, un viaje personal a una de las enfermedades de mayor tabú en el mundo.

Por Bárbara Anderson

“Nadie sale ileso de un buen libro”, me decía una profesora de la secundaria. 

Y eso me pasó con Desmorir, una reflexión sobre la enfermedad en un mundo capitalista.

Anne Boyer a poco de cumplir 41 años fue diagnosticada con cáncer de mama triple negativo de pronóstico grave. Poetisa, madre soltera y acostumbrada a vivir ‘al día’, se enfrenta de un solo golpe a un tratamiento tan brutal como oneroso. Su ojo y su sensibilidad se notan en cada uno de los capítulos de este libro que relata la enorme desigualdad que revela una enfermedad mortal: el costo de las medicinas, la soledad de los pacientes, las diferencias entre la sanidad pública y privada y la manera en la que laboratorios, cadenas de hospitales y charlatanes de turno convierten a una situación extrema en una hipocresía absoluta. 

Sin querer hacer spoiler de este libro que vale la pena desde la primera hasta la última página, sí me pareció importante compartirles pequeñas viñetas que yo fui marcando mientras lo leía. 

“Todos los meses son “Pinktober” cuando tienes cáncer de mama y todo octubre es una temporada en el infierno. El mundo se tiñe de rosa sangre y política de respetabilidad, como si cualquiera que muere de cáncer de mama lo hiciera por tener una mala actitud o no confiar en la palabra de un oncólogo residente”

“El costo de una infusión de quimioterapia era más dinero del que hubiera ganado cualquier año de mi vida. Mi problema era que mis ansias de vivir ascendían a millones de dólares. Mi vida era un producto de lujo pero yo estaba corroída, estaba mutilada y no las tenía todas conmigo”. 

“Por lo general, en el panorama color de rosa de la concienciación, sólo se admire a un tipo de persona que ha tenido cáncer de mama: a las que han sobrevivido. El botín de la narrativa va a parar a la mano de las vencedoras. Se supone que contar la historia de supervivencia desde una autogestión neoliberal: la de las cosas bien hechas, la del individuo autoexaminado y mamografiado, de la de la enfermedad curada con sumisión, carreras de 5 km, verduras orgánicas licuadas y pensamiento positivo.”

“La radiología metamorfosea a una persona hecha de carne y sentimientos en una paciente hecha de luces y sombras”. 

“No hay mueble más trágico que una cama, por lo rápido que puede decaer, de pasar del lugar en el que hacemos el amor al lugar en el podríamos morir”. 

“En el universo médico capitalista, en el que todos los cuerpos deben orbitar alrededor del beneficio todo el tiempo, incluso una mastectomía se considera un procedimiento ambulatorio. No te dan chances ni de ir al baño cuando pasa la anestesia. Te vas sola a tu casa”

“Nos dicen que el cáncer es un intruso contra el que hay que luchar, o una faceta descarriada de nosotros mismos, o un tipo de célula demasiado ambiciosa, o una analogía del capitalismo, o un fenómeno natural con el que hay que convivir, o un determinado agente de la muerte”. 

“Una persona con un cáncer agresivo rara vez está en posición de rechazar oraciones, la magia o el dinero de nadie. Algunos amigos comienzan a recaudar fondos. Algunos otros me regalan cristales.”

“Las imágenes oncológicas contemporáneas son sobre todo rostros, todos ellos radiantes y rebosantes de una felicidad multirracial y multigeneracional. Los rostros que sonríen desde los folletos informativos muestran signos del cáncer como ritual social (una cabeza su pelo, un lazo rosa) pero ni rastro de sufrimiento, ni a causa del cáncer ni de ninguna otra cosa: ni el trabajo, ni el racismo, ni el desamor, ni la pobreza, ni el maltrato, ni la decepción”.

“La medicina contemporánea hiper reacciona a la indisciplina corporal de la enfermedad transmutándola en datos. Los pacientes se convierten en información no solamente a través de la cuantificación de cualquier cosa que emerja o atraviese sus cuerpos discretos: los cuerpos y las sensaciones de poblaciones enteras se convierten en matemática de la probabilidad (de enfermar o estar bien, de vivir o morir, de curarse o sufrir) en la que se basa el tratamiento”. 

“Se supone que las enfermas de cáncer de mama debemos ser nosotras mismas, tal y como éramos antes, pero además mejores y más fuertes y, a la vez, estar conmovedoramente peor. Debemos guardarnos nuestra infelicidad e ir infundiéndole coraje a todo el mundo. Debemos ser mujeres luchadoras, sexis, inteligentes y mordaces.”

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