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La razón por la que el boom de las Apps de salud mental puede ser riesgoso

Fotografía de una mano que sostiene un teléfono celular blanco, en el que se hay una serie de aplicaciones representadas con cuatro cuadrados de colores con imágenes: en el cuadrado rojo hay una bicicleta, en el verde una rueda; en el azul claro un durazno y en el azul oscuro una luna. Un dedo de la otra mano oprime un botón en la parte inferior del celular.

No solo es que los «datos emocionales» puedan ser pirateados; debe advertirse que no hay nadie que compruebe si las aplicaciones funcionan.

Por Redacción | Yo También

En tiempos de pandemia con una baja en ingresos en gran número de personas, no fueron pocas las que optaron por cesar las visitas presenciales a los terapeutas y, en su lugar, optaron por una opción que lucía más económica y, posiblemente, era efectiva.

Muchas de las personas, por ejemplo, se unieron a BetterHelp, una popular aplicación de terapia en que la se cubría una cuota de 65 dólares (alrededor de mil 350 pesos) por semana y que, daba el derecho a esperar por tiempo indefinido la respuesta de un consultor asignado.

«Era como enviarle un mensaje de texto a un conocido que no tiene idea de cómo lidiar con una enfermedad mental», dice una de las usuarias consultadas por la revista The Economist que recibió solo dos respuestas en un mes.

BetterHelp explica que su servicio no pretende operar las 24 horas del día, que todos sus terapeutas tienen títulos avanzados y «miles de horas de trabajo clínico práctico», y que las y  los usuarios pueden cambiarlos fácilmente si no se adaptan a lo asignado.

Servicio prioritario

Quizá nunca como ahora ayudar a las personas a lidiar con problemas mentales ha sido más urgente. La incidencia de depresión y ansiedad se ha disparado en la pandemia, en más del 25% a nivel mundial en 2020, según The Lancet, una revista médica.

Eso, combinado al hecho de que cada vez más personas utilizan servicios en línea, ha llevado a un auge de las aplicaciones de salud mental. 

La Asociación Estadounidense de Psicología calcula que hay entre 10 mil y 20 mil disponibles para descargar. 

Pero a la par aumenta la evidencia de que se han ignorando los riesgos de privacidad para las y los usuarios. Tampoco hay alguien  -organismo, asociación o persona-, que compruebe si las aplicaciones funcionan.

Industria en crecimiento

Las empresas de tecnología de salud mental recaudaron casi dos mil millones de dólares en fondos de capital en 2020, según CB Insights, una firma de datos. Sus productos abordan problemas que van desde el estrés general hasta el trastorno bipolar grave. Las aplicaciones de telesalud como Better Help o Talkspace conectan a los usuarios con terapeutas autorizados. 

También son comunes las aplicaciones de meditación basadas en suscripción como Headspace, empresa que en octubre compró Ginger, una aplicación de terapia, por tres mil millones de dólares. 

Ahora que las grandes empresas están dando prioridad a la salud mental de sus empleados, algunas aplicaciones trabajan con ellas para ayudar a toda la fuerza laboral. Una de esas aplicaciones, Lyra, tiene 2.2 millones de usuarios empleados en todo el mundo y está valorada en 4 mil 600 millones de dólares.

Riesgos a la vista

Pero debajo de esa bonanza, un trauma acecha en algunos rincones de la industria. En octubre de 2020, los piratas informáticos que habían vulnerado Vastaamo, una popular startup finlandesa, comenzaron a chantajear a algunos de sus usuarios. 

Vastaamo pidió a los terapeutas que hicieran copias de seguridad de las notas de los pacientes en línea, pero al parecer no las hizo anónimas y, tampoco, las cifró. 

Las amenazas incluían la posibilidad de filtar detalles de asuntos extramatrimoniales y, en algunos casos, pensamientos sobre pedofilia, en la web oscura. Los piratas informáticos exigieron rescates de bitcoins a unos 30 mil pacientes. 

Vastaamo se declaró en quiebra, pero dejó a muchas y muchos finlandeses recelosos de dar datos personales a los médicos, dice Joni Siikavirta, abogada que representa a los pacientes de la empresa.

Ese no es el único caso. De hecho, especialistas advierten que pueden surgir otros debido a que no existen estándares universales para almacenar esos «datos emocionales».

John Torous, de la Escuela de Medicina de Harvard, que ha revisado 650 aplicaciones de salud mental, describe sus políticas de privacidad como pésimas e incluso algunas comparten información con los anunciantes. 

Además, pareciera que la mayoría ha olvidado el fin de esta tecnología. Las aplicaciones de salud mental se diseñaron para usarse como un complemento de la atención clínica, no en lugar de ella. 

Con eso en mente, la Comisión Europea está revisando el tema y se prepara para promover un nuevo estándar que se aplicará a todas las aplicaciones de salud, basado en seguridad, facilidad de uso y protección de datos.

Liz Ashall-Payne, fundadora de Orcha, una startup británica que ha revisado miles de aplicaciones, incluso para el Servicio Nacional de Salud, dice que el 68% no cumplía con los criterios de calidad de la empresa. 

Por esa razón, la pregunta que esperan responder en el corto plazo es si no es hora ya de volver al sofá de terapia.

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