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El autismo en adultos también existe

Fotografía de un hombre estresado en su trabajo.

Aunque el Trastorno del Espectro Autista suele detectarse desde los tres años de vida, puede ocurrir que una persona que vive con él alcance la madurez sin haber sido diagnosticado.

Por Redacción Yo También

La detección del Trastorno del Espectro Autista (TEA), un conjunto de conductas que afectan la comunicación y el comportamiento, se da en gran medida durante la infancia o adolescencia y es difícil de diagnosticar en la vida adulta. Sucede que en los adultos se tienden a ocultar los síntomas o a confundirse con otros trastornos como ansiedad, hiperactividad o déficit de atención. También puede ocurrir que hasta que no se diagnostique con exactitud la persona sea malinterpretada y acusada de “malas actitudes”.

 “Hasta el momento del diagnóstico, el adulto con TEA puede ser interpretado como alguien egoísta, rígido, introvertido y con problemas de autoestima”, señala la psicóloga Cristina Sanz, coordinadora de la Unidad de TEA del Hospital Universitari Dexeus, en España. Un diagnóstico tardío expone a la persona a dificultades de autonomía, de acceso al mundo laboral, problemas de relación social o incluso de pareja, trastornos de ansiedad y depresión, entre otros.

Si una persona adulta llega a esta etapa de su vida sin que se detecte su TEA, también puede sufrir inconvenientes como el haber crecido en un ambiente hostil por bullying por no haberse relacionado de una manera normativa. 

Si a medida que pasa el tiempo se hace evidente la incapacidad de un individuo de dar respuesta a los problemas cotidianos, la especialista recomienda prestar atención: “Aunque los síntomas no son del todo concretos, debido a la gran diversidad de manifestaciones, entre los más habituales destacan las dificultades para identificar y expresar emociones, problemas de adaptación, déficits de tipo sensorial, hipersensibilidad o hiposensibilidad, dificultades de interacción social y problemas de comunicación asertiva, ya que suelen ser taxativamente directos y puede parecer que tienen poco en cuenta las emociones de los demás”.

En caso de detectar comportamientos como los mencionados se recomienda acudir a un profesional, afirma la doctora Sanz. “Existen tratamientos de tipo cognitivo conductual para mejorar las habilidades sociales, la autonomía, el acompañamiento en la vida diaria o la gestión emocional. También puede utilizarse farmacología para tratar dificultades de tipo atencional, de regulación emocional, problemas de sueño, u otros”.

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